Urbe

Iconos urbanísticos de Madrid buscan inquilinos

La crisis inmobiliaria y el cambio de usos del suelo en los alrededores del 'kilómetro cero' no ayudan a dar salida a algunos de los edificios más emblemáticos de la capital

El edificio de Tío Pepe, en la Puerta del Sol Madrid.
El edificio de Tío Pepe, en la Puerta del Sol Madrid.

Todos los madrileños conocen a alguien que presume de vivir en la plaza Mayor o en la Gran Vía, de la misma forma que los barceloneses tienen que soportar a los que se vanaglorian de residir en la plaza de Catalunya o en el paseo de Gràcia. Hablamos de los núcleos de las dos mayores ciudades del país, cosa que confiere a los inmuebles de dichas zonas unos precios a menudo astronómicos. Sin embargo, también es verdad que cada vez son menos las grandes oficinas instaladas en pleno centro, precisamente por considerar excesivos los costes y porque los hervideros financieros y de negocios se han ido desplazando con el paso de las décadas hacia zonas menos céntricas.

æpermil;sa es una de las razones que explica que en Madrid haya edificios emblemáticos, tanto por su diseño arquitectónico como por su situación en el entorno urbano, a los que no se les dé un uso completo.

En pleno centenario de la Gran Vía, mucho se ha hablado ya de su construcción a principios del siglo pasado y de su rápida consolidación como núcleo de trabajo en la capital. Por eso llama tanto la atención que tres inmuebles situados en las inmediaciones de tan ilustre vía, dos de ellos anteriores a ésta, y conocidos por la mayoría de vecinos de Madrid, estén hoy en día desocupados total o parcialmente.

Dos de ellos pertenecen al mismo dueño: Banco Santander. Su edificio de la plaza de Canalejas, situada a pocos metros de la Puerta del Sol y de la Gran Vía, y del Edificio España, que corona el final de la Gran Vía en la plaza de España. Dos inmuebles, además, que el primer banco de España tiene en venta.

El complejo de Canalejas, formado por varios edificios que han sido sede de Santander, Banesto y Central Hispano, engrosaba las páginas de clasificados desde hace algo más de un mes, cuando la entidad encargó a Luis Arredondo, ex consejero delegado y ex presidente de Urbis, la venta del complejo. Fue inaugurado en 1905 y proyectado por el mismo arquitecto que levantó la sede del Banco de España situada en la plaza de Cibeles -de ahí sus similitudes-. La semana pasada trascendió en la prensa que un grupo de inversores vascos acababa de comprar la llamada Manzana de Oro por un montante no confirmado pero que podría alcanzar los 325 millones de euros. El complejo sería transformado en un hotel de lujo, apartamentos y un centro comercial.

En cuanto al Edificio España, Santander Real Estate, a través de su Fondo de Inversión Inmobiliaria, se hizo en 2005 con el mastodóntico edificio por 277 millones de euros en una operación lanzada por Metrovacesa como parte de un plan de obtención de liquidez para financiar la adquisición de la francesa Gecina. Los expertos consultados valoran ahora mismo el rascacielos por encima de los 300 millones de euros.

El edificio conocido albergar el famoso cartel de Tío Pepe, ubicado entre la carrera de San Jerónimo y Alcalá y construido a finales del siglo XIX, se suma al club de inmuebles en paro más míticos de la capital. En este caso, su desuso se debe, según José Luis Guillermo, socio de Knight Frank, a problemas de titularidad, ya que la comparten varios hermanos.

Cambio de usos

¿Cómo se explica que no se exploten unos inmuebles tan visibles y con tan privilegiada situación? José Miguel Setién, director de Agencia Oficinas de Jones Lang LaSalle, opina que el problema base es que la evolución urbanística de la ciudad les ha relegado a un segundo término como sede de oficinas, uso para el que fueron diseñados. "Las compañías ahora quieren estar en la Castellana", subraya. "El sector terciario ha caído mucho en el centro: los principales usuarios de oficinas en la zona son las Administraciones públicas".

La utilidad de los inmuebles viene determinada por los planes urbanísticos de los municipios, en los que se establecen los usos autorizados, complementarios y autorizables para cada parcela. Y éstos, con el paso de los años, no tienen por qué corresponderse con los usos más rentables para cada zona en cada momento. Los edificios que nos ocupan "están esperando que se redefina su uso de oficina a comercial o residencial". Y eso implica un largo proceso en el que interviene la Administración local.

En el caso específico del edificio de Tío Pepe, indica Guillermo, el problema es más bien de titularidad: pertenece a varios hermanos que no se ponen de acuerdo en cuanto a su salida.

Un problema añadido, con el que no tienen que lidiar otros inmuebles, es que los tres son considerados patrimonio histórico o artístico, por lo que no son derivables y no se les puede alterar la fachada ni la distribución. Las obras de adaptación, pues, se tornan en este caso más costosas y complejas.

Por último, la crisis que afecta al sector inmobiliario ha hecho bajar los precios de los activos, por lo que es normal que los propietarios prefieran esperar hasta que se normalice el mercado.

"El valor de un inmueble viene determinado por su ubicación, su capacidad de colocación en el mercado y los años que tenga", resume Setién. Desde este punto de vista, las zonas más caras de Madrid son la Castellana para las oficinas y el barrio de Salamanca para comercial y residencial. ¿Cuánto vale tener un edificio perfectamente reconocible para los madrileños? æpermil;sa es una guerra que poco tiene que ver con la rentabilidad.

Un coloso en el centro que marcó época

No cabe duda de que, a los ojos del arte, el Edificio España es mucho menos bello que el de Canalejas o el que alberga el cartel de Tío Pepe. Aunque también es de otra época: fue acabado en 1953, medio siglo después que los otros dos.

Sus 25 plantas y 117 metros, que presentan una estructura escalonada, fueron proyectadas por Joaquín y Julián Otamendi por encargo de Francisco Franco, que quería que Madrid contase con el rascacielos más grande de Europa. Y durante casi una década lo fue (aunque ahora es el octavo en tamaño de la capital, por detrás de las cuatro torres CTBA, de la Torre Picasso, Torre de Madrid y Torre de Europa).

Su estructura neobarroca de hormigón, en la que alternan en el exterior ladrillo y piedra caliza, y sus impresionantes 200.000 metros cúbicos de volumen le dan un toque austero pero imponente, valores éstos queridos por el dictador, y la asemeja a construcciones nacionalsocialistas de Berlín o a las moles soviéticas de hormigón, acero y cristal.

Hasta 2006 alojó el hotel Crowne Plaza, un centro comercial, apartamentos, viviendas y oficinas. Ahora mismo lleva casi un lustro en obras. Se ha respetado su fachada y el vestíbulo, pero el resto se ha modificado para que hospede viviendas de lujo. Un uso que se contradice con los valores en los que Franco quiso que se inspirase.