COLUMNA

Madrid no ama las renovables

Las energías renovables han dejado de ser un elemento de retórica, o un discurso de ecologistas trasnochados e ilusos para entrar de lleno en la conciencia social, aunque no de forma unánime. Esta nueva forma de relacionarnos con el medio ambiente está permitiendo, no sólo ahorro monetario, sino que está suponiendo el desarrollo de una industria nueva en la que España, por primera vez, lidera el proceso de investigación y desarrollo.

Este proceso, que para algunos es irreversible, está chocando con algunas posiciones frentistas, que parten del negacionismo del cambio climático, y por tanto apuestan por las energías fósiles, o en su defecto por la energía nuclear como única alternativa. Curiosamente este debate se está produciendo en una coyuntura en la que algunos días la producción energética nacional está siendo asumida, en un porcentaje cercano al 60%-70%, con algunas puntas extremas, por las energías renovables, es cierto que en un contexto de debilidad de la demanda interna fruto de la atonía de la actividad.

Lo que por tanto se está demostrando, como puso de manifiesto el magnifico estudio de la Fundación Ideas sobre la energía en España, es que es posible, desde los hogares, cambiar en un porcentaje significativo las fuentes de energía, haciendo de los hogares pequeños centros de producción energética renovable.

Estas técnicas se han desarrollado mucho en Alemania, país con menos horas de sol que España y que, sin embargo, es el país con mayor superficie de paneles solares de toda Europa. España le sigue en inversión y desarrollo en los últimos años, gracias en parte a las primas pagadas por el sector público y por la discriminación positiva hacia este tipo de energías que está acercando nuestra industria hacia el liderazgo mundial.

Sin embargo, esta apuesta no es homogénea y está muy descompensada por la actitud de algunas comunidades autónomas. Una de ellas es Madrid, donde el desarrollo de la energía solar térmica para uso residencial o la biomasa es cuasi nulo, a pesar de las generosas ayudas públicas provenientes del Ministerio de Industria. Por no tener, Madrid no tiene una ordenanza de energía solar que canalice la puesta en marcha de la potencialidad de las energías renovables provenientes del sol, lo cual se deja notar en que ni siquiera las medidas fiscales, exenciones en el impuesto sobre bienes inmuebles (IBI) de hasta el 40%, no hayan recibido ni una sola petición por parte de las viviendas de segunda mano en la ciudad de Madrid.

La legislación estatal ya tuvo su hito con la aprobación del Código Técnico de la Edificación, que obliga a todas las viviendas nuevas a instalar sistemas de energía solar térmica para el agua caliente, reduciendo la emisión de CO2 de forma significativa. El problema estriba en el conjunto de viviendas existentes que podrían servir para hacer cumplir con un sueño que tenemos muchos y es que las fuentes de energía pudiesen cambiar y llegásemos a no depender de la energía fósil y tampoco de la nuclear, algo que está a nuestro alcance.

Un ejemplo para una vivienda tipo en Madrid, un bloque de 80 vecinos, con una instalación de 39 metros cuadrados de energía solar térmica, tendría un coste neto de subvención del Ministerio de Industria de casi un 30%, de 19.380 euros (242 euros por vivienda), sin contar la exención fiscal.

Si no hay conexión a la red, la exención es del 25% durante tres ejercicios, es decir 750 euros en una IBI de 1.000 euros, que habría que restar al coste inicial. Si hay conexión a la red, los ingresos el primer año son de 1.393 euros. Por tanto, el primer año, en una vivienda tipo con IBI de 1.000 euros, el coste de la instalación sería 0. Para una vivienda con IBI de 600 euros, el coste neto de subvenciones e impuestos alcanzaría la cifra de 70 euros. Con todo ello, el ahorro en emisiones durante la vida útil de la instalación es de 315 toneladas de CO2.

La apuesta, por tanto, por este tipo de energía desgraciadamente también se ha politizado, y lejos de anteponer la lógica económica y científica, se antepone la obstrucción a que los hogares madrileños puedan ahorrar, y sobre todo hacerse partícipes de la mejora de la calidad medioambiental.

Si a esto añadimos lo que podrían aportar a elevar la cifra de ocupados, casi un 35% de la cifra de parados en Madrid se ocuparía si extendiese este tipo de instalaciones al conjunto de los edificios residenciales. Con todo, sólo aparecen ventajas en la apuesta por el Gobierno de España por las energías renovables, únicamente falta que algunas Administraciones, como la de Madrid, dejen de negar la evidencia y defiendan la vida y el empleo de verdad.

Alejandro Inurrieta. Economista y concejal del Grupo Municipal Socialista en Madrid