Cumbres

El G-20 vuelve a EE UU tras superar lo peor de la crisis

Los mensajes sobre la retirada de estímulos dominarán la agenda

A mediados de noviembre pasado, el G-20 se reunió por primera vez en Washington para concretar cómo las economías más relevantes del planeta podían coordinar los pasos a dar para frenar la crisis financiera. Ese era el punto más urgente de una agenda elaborada a toda prisa, con el Gobierno de EE UU en transición y apenas dos meses después de que el sistema financiero quedase a milímetros del abismo mandando una monumental onda expansiva a la economía real. Los días 24 y 25, este grupo de países que suma en sus cumbres a España, vuelve a EE UU, Pittsburgh, tras dejar a sus espaldas el momento más difícil de la crisis.

Tras una intervención política, fiscal y monetaria sin precedentes, EE UU cuenta con haber salido ya de la recesión. El presidente de la Fed auguró hace unos días que "probablemente" y "técnicamente" ésta podría haber acabado. Japón salió en el segundo trimestre y se vuelve a hablar de "desparejamiento" (decoupling) de algunas de economías como Brasil, India y China e Indonesia. En la UE se espera un ligero crecimiento en el actual trimestre, pero no se cuenta con volver un ciclo estable al alza hasta 2010.

La evolución de la UE es desigual. Países como Francia y Alemania ya registraron crecimiento en el segundo trimestre y otros como España no esperan salir de los números rojos hasta el año que viene. El presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, admitió "que hay señales de estabilización".

No obstante, Michael Froman, asesor de Barack Obama, ha señalado estos días previos a la cumbre que no va a haber ninguna euforia."No habrá vuelta al ruedo".

El motivo es que los mercados financieros se han estabilizado, pero hay críticas de economistas relevantes que apuntan a que se ha perdido la oportunidad de regular el sistema financiero. Además, a nivel macro, la crisis ha desencadenado una fuerte subida del desempleo y de los déficits públicos. Se espera que la recuperación de esta Gran Recesión sea lenta y volátil. La agenda del G-20 se centrará en este momento delicado política y económicamente.

Coordinación de mensajes

No se hablará de política monetaria, ni de la evolución del dólar o su posición como divisa de reserva mundial, ni de nuevas medidas de estímulos. "No va a ser la cumbre de los billones", dijo Froman. En la agenda figura, sin embargo, la necesidad de un acuerdo para coordinar los mensajes relativos a la progresiva retirada de los estímulos que han apuntalado las economías. Es algo delicado porque mantenerlos durante mucho tiempo generará inflación y retirarlos deprisa desatará una recaída.

Aunque se cree que es demasiado pronto para eliminar las ayudas a la economía, no lo es tanto para hablar de ello cada vez con más frecuencia. Se trataría de un primer paso. El cómo y el cuándo se deja para la próxima cumbre a celebrar seis meses más tarde.

La otra gran cuestión, en la que ya hubo acercamientos a nivel ministerial, es la de la regulación de las compensaciones en la banca. Francia y Alemania favorecerían algún tipo de tope en los salarios que no son del gusto de EE UU, un país que prefiere que al hablar de banca sea para acordar un aumento del capital mínimo en sus balences.

Obama, que quiere hablar de un modelo de economía mundial más equilibrado, dedicó su discurso de los sábados al G20, enfatizando la necesidad de tener una regulación financiera global que cierre los agujeros que han generado esta crisis.

Nuevo reparto de cuotas en un FMI que gana relevancia

Los líderes del G-20 y otros países convocados a la cumbre de Pittsburgh van a tratar de cerrar un acuerdo para ampliar el poder de los países emergentes en el seno del FMI, un foro en el que, a pesar de la relevancia cada vez mayor de sus economías, están infrarrepresentados.

En los días previos a la cumbre las negociaciones han apuntado a que se podría trasladar un 5% de cuota, o derechos de voto, en poder de países desarrollados a los emergentes. Brasil, Rusia, India y China (los BRIC, o países más pujantes entre los emergentes) han abogado por un 7% y han aumentado las aportaciones al FMI para reafirmar su petición.

En 2008 se propuso una fórmula para repartir mejor estos votos, pero no ha sido aún ratificada y sólo fue un paso pequeño en las demandas de los emergentes.