TRIBUNA

La importancia de llegar a acuerdos

Mientras en España se han hecho cuatro planes coyunturales, el Gobierno alemán aprobó el pasado 13 de enero un segundo paquete, no exento de polémicas, que posiblemente ratificarán el Congreso y el Senado este mes. ¿Significa este retraso que el Gobierno alemán tiene menos interés en superar la recesión que los Gobiernos español, francés, británico, o incluso que el presidente Obama, o es que se parte de situaciones diferentes?

Dos factores han de tenerse en cuenta para entender la gestación de este segundo paquete.

El primer factor es la importancia que tiene en la cultura alemana el modelo macroeconómico que establece un marco delimitador para la actividad económica. Esto explica que la canciller Merkel mostrara cierta reserva a los programas de ayuda estatal, afirmando que el inyectar dinero público no es la mejor solución para superar la crisis. Desde 1967, en que se aplicó el primer programa anticrisis con resultados discutibles, Alemania ha superado hasta 2003 cinco recesiones cíclicas, que no han impedido su prosperidad económica.

El segundo factor, que ha complicado extraordinariamente las decisiones para afrontar la crisis, es que en septiembre del 2009 habrá elecciones federales, en las que intentará conseguir el poder alguno de los partidos que forman la coalición de Gobierno, la democracia cristiana (CDU) o la socialdemocracia (SPD). Aunque el marco establecido por el modelo económico establece los límites que ningún partido constitucional puede traspasar, hay lógicamente diferencias en la valoración de las medidas entre la CDU y el SPD, pero hay también diferencias entre los distintos grupos que forman cada partido.

La canciller cristiano-demócrata coincide con su ministro de Finanzas, el socialdemócrata Steinbrück, en que en la estrategia contra la crisis se ha de tener muy en cuenta el equilibrio presupuestario, preocupación que no comparte el ministro de Economía, que pertenece al partido socialcristiano (CSU) de Baviera, socio de la CDU. Este ministro, Michael Glos, contradice a su colega en el Gobierno Steinbrück proponiendo que se haga una importante reducción de impuestos para estimular la economía, aunque se agraven los desequilibrios financieros. Y dentro de su propio partido, SPD, Steinbrück encuentra oposición a sus planteamientos en el ministro de Asuntos Exteriores, Steinmeier, que es el candidato que presentan para la cancillería los socialdemócratas.

Estos ejemplos pensamos que son suficientes para explicar las dificultades que han tenido que superarse para aprobar los dos paquetes coyunturales que ha aprobado el Gobierno de coalición y muestran la habilidad de Merkel para aunar voluntades discrepantes y, sobre todo, explican la acogida que ha dispensado gran parte de la opinión pública a ese segundo paquete coyuntural.

Este paquete, que viene a completar el que se aprobó en diciembre de 2008, añade 50.000 millones de euros, el 2% del PIB, a los 31.000 millones del primer paquete. Con este gasto se financiarán algunos de los instrumentos preferidos por cada uno de los partidos de la coalición, por ejemplo, estímulos directos para el consumo de las rentas bajas, a lo que se oponían los cristiano-demócratas, y una reducción de cargas impositivas, concretamente de las cotizaciones de los trabajadores al seguro de enfermedad, que no querían los socialdemócratas.

El conjunto de las medidas de este paquete no ofrece muchas novedades respecto a las aprobadas ya en otros países y se refieren más a la crisis económica que a la financiera, que fue afrontada en el primer paquete. Se aprueban nuevas inversiones públicas para mejorar infraestructuras y modernizar las instituciones educativas; se rebaja un punto la tasa impositiva mínima y se incrementa la cantidad exenta de tributación, se reducen algunas cotizaciones sociales; se conceden estímulos para cambiar los coches viejos y se ofrecen avales para las empresas, advirtiendo que no se entrará a formar parte de su capital, y finalmente se crea un fondo de amortización para recuperar el equilibrio presupuestario.

Se puede, pues, concluir que la única novedad digna de ser tenida en cuenta, pero de ninguna manera despreciable observando lo que está ocurriendo en otros países, es la experiencia de la importancia que tiene trabajar con un marco bien definido que permita llegar a acuerdos entre posiciones contrarias, evitando el recurso tan frecuente a medidas para salir del bache a cualquier precio, aunque se hipoteque el futuro, como tantas veces ha ocurrido en Estados Unidos.

Eugenio M. Recio. Profesor honorario de Esade (Universidad Ramon Llull)