A fondo

¿Ha chocado el barco contra el iceberg?

Lejanos parecen los tiempos en que se oía en el Congreso aquello de que 'lo que es bueno para General Motors es bueno para EE UU'. Si alguna vez fue cierta esta frase atribuida al ex presidente de General Motors, Charles E. Wilson, en 1953 desde luego ya no lo es. Si no, no se explicaría la alergia aguda que muestran la Fed y el partido republicano para aplicar a GM la doctrina demasiado grande para dejarlo caer, aplicada en cambio al sistema financiero.

En todo caso, puede que sea demasiado tarde. Muchos analistas no consideran ya si la cuestión es si GM y Chrysler van a recibir fondos o no. La apuesta está en si hay realmente algo que pueda evitar que GM vaya al concurso de acreedores. La compañía 'ya está en bancarrota y debería entrar en concurso', aseguró a Bloomberg un analista de la consultora Mackinac.

Entrar en el Capítulo 11 no tendría por qué afectar a toda la compañía, y menos a la filial europea, dado que el principal problema de la multinacional es la deficitaria división estadounidense, que gasta 67 millones de dólares al día. Y es que los últimos cuatro años de GM han sido duros, pese a sus esfuerzos por reconducir la situación. Porque esfuerzos ha habido, aunque quizás no hayan sido suficientes, o hayan estado bien encaminados.

Desde 2005, GM ha perdido 53.979 millones, ha visto cómo su calificación crediticia pasaba el umbral de bono basura, ha reducido sus ventas en EE UU en casi un millón de unidades y ha perdido el 90% de su valor en Bolsa. Es más, la compañía ha introducido vehículos hambrientos de gasolina justo cuando el petróleo tocaba máximos. Errores, todos ellos, reconocidos por el actual presidente ante el Senado.

Puede que el consejo de GM pensara que, tras 77 años como líderes en ventas en el mundo, esto siempre iba a ser así, pasase lo que pasase. Y lo que ha pasado, según la consultora Intelligence Automotive Asia es que han sido incapaces de adaptarse a los nuevos tiempos, afectados por el alza del crudo y la crisis crediticia. Parece que durante todos estos años de ventas infladas con sustanciosas rebajas que no han evitado la pérdida de siete puntos de cuota entre 2000 y 2007, los directivos han hecho caso omiso de la opinión generalizada de que lo necesario era eliminar marcas y modelos y aplicar los ahorros en desarrollar mejores coches.

En los últimos días, no son pocos los analistas que han calificado de 'parches' los distintos planes de reestructuración que ha llevado a cabo GM en los últimos años, y que ha tardado demasiado en desarrollar plataformas comunes o en evitar solapamientos de gama entre marcas y en competir con los japoneses y europeos en el mercado de modelos de menor tamaño. Como dice James Womack, coautor del libro La máquina que cambió el mundo, 'el tamaño es muy grande y los cambios han llegado muy tarde. La banda estaba afinada, la plata, pulida, pero el barco ya ha chocado contra el iceberg'.