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París o el triunfo del amor y del arte

Con más de 1.800 monumentos, 157 museos, 145 teatros y 380 salas de cine, París es la ciudad más visitada del mundo y siempre queda algo por descubrir. Conocida como Ciudad de la Luz, destino favorito de los enamorados por sus múltiples vistas de postal a orillas del Sena o por sus callejuelas alumbradas por antiguas farolas, París es también la ciudad del lujo, de la cultura y de los barrios: desde el famoso quartier latin hasta los más populares.

París o el triunfo del amor y del arte
París o el triunfo del amor y del arte

El visitante que descubre o redescubre París no puede evitar el paseo por la ribera del Sena, que la atraviesa de este a oeste y la vertebra en rive gauche y rive droite. Con el buen tiempo, los diques se llenan de jóvenes con guitarras y de paseantes que disfrutan de vistas propias de un decorado de cine, desde una u otra orilla o, aún mejor, desde alguno de sus decenas de puentes.

Una vista típica, y con razón, es la fantástica postal que se observa desde el Pont des Arts. Con el fondo de los tamtam de músicos instalados junto a los grupos reunidos para hacer un picnic, el pasatiempo favorito de los parisinos cuando el tiempo lo permite, se discierne la punta de la isla de la Cité, con el Palacio de Justicia y la catedral gótica de Notre Dame. Este paseo recorre algunos de los monumentos más importantes a ambas orillas del río, incluidos la Torre Eiffel, el Museo del Louvre y el de Orsay, mientras que los bouquinistes exponen en sus casetas libros antiguos y las míticas postales y pósteres durante todo el año.

En la rive gauche, tras pasar el imponente Musée d'Orsay, parada obligada de los amantes del impresionismo, el barrio de Saint Germain des Près mantiene algunos vestigios de su época de epicentro del jazz y de los cafés filosóficos de Sartre y compañía -el Café Flore, Les Deux Magots o el Lipp-, aunque ahora abundan las firmas de moda caras. Bajando el Boulevard Saint Michel, a medida que se acerca la facultad de La Sorbona, se puede respirar el ambiente estudiantil, con librerías para todos los gustos. También vale la pena pasar por el majestuoso jardín de Luxemburgo y aprovechar para ver alguna exposición de calidad.

La rive droite alberga por su parte la zona más noble de la capital. La Place Vendôme reúne las joyerías más exclusivas al igual que la majestuosa rue de la Paix, la casilla más cara del Monopoly, que une la plaza a la âpera Garnier, mientras que las grandes firmas de lujo se han instalado en la Avenue Montaigne. Justo detrás de la âpera se encuentran las famosas Galerías Lafayette, las cuales vale la pena visitar aunque sólo sea por el edificio, sus escaparates y su cuidada decoración.

En los Campos Elíseos quedan algunas boutiques de lujo, como Louis Vuitton, que se alternan a lo largo de los dos kilómetros que separan el Arco de Triunfo de la plaza de la Concordia con tiendas más populares, establecimientos de comida rápida y cines. La mayoría de los clubes más selectos se encuentran también en sus alrededores. Para palpar el elitismo parisino, se puede tratar de entrar en alguno de los puntos de encuentro de la jet set, como el Barón (cerrado hasta mediados de septiembre por remodelación) o Chez Tania.

Sin embargo, una de las zonas más de moda y con más sabor, se encuentra en El Marais, en el metro Saint-Paul. Históricamente el barrio judío de París, convertido en la última década en el barrio gay con sus múltiples locales de ambiente, es también el de las nuevas firmas de moda alternativas. Entre sus callejuelas con sus balcones con flores, tiendas chics y cafés modernos, se encuentra la plaza tranquila y apacible Sainte Catherine, ideal para tomarse un descanso.

La oferta cultural nunca está lejos, y el Marais cuenta entre sus puntos principales puntos de interés, además del centro de arte moderno Pompidou, la mansión Salé (Hotel Salé), que alberga el Museo Picasso, y la plaza Des Voges, donde se encuentra la casa-museo de Victor Hugo.

Al filo del agua se encuentra otro ambiente, en el canal Saint-Martin, el nuevo barrio popular en boga del este parisino. A lo largo del canal, mucho menos colapsado que los diques del Sena, y lejos del París majestuoso, la vida a orillas del agua tiene aires relajados, con pequeñas terrazas sin grandes pretensiones y zonas verdes. El canal desemboca en el Sena a la altura de la plaza de la Bastilla, desde donde salen varias embarcaciones que recorren los 4,5 kilómetros del canal, dos de ellos bajo un túnel, y nueve esclusas. Puede ser una buena idea recorrerlo en barco y bajar andando dando un paseo, sobre todo los domingos cuando la zona queda cerrada al tráfico.

París en las alturas ofrece también vistas fabulosas. Además de los monumentos como Notre Dame, o la Torre Eiffel, muchos edificios abiertos al público, como el centro de arte moderno Pompidou, el Museo de Orsay o incluso las Galerías Lafayette disponen de azoteas de libre acceso desde donde se aprecian impresionantes vistas aéreas. Pero sin duda una de las panorámicas más completas, tanto de día como de noche, es la que se puede disfrutar desde la explanada del Sagrado Corazón, en la cima de Montmartre, el punto más alto de la ciudad.

La Basílica, en la bulliciosa zona norte de la capital, es el segundo monumento más visitado de la ciudad -por detrás de Notre Dame- por lo que es inevitable hacer cola para deambular por la calle que sube del metro de Anvers al (bulevar) Periférico. Los visitantes acuden también atraídos por el Moulin Rouge, los delicatessen de la calle Lepic y las terrazas y pintores de la Place de Tertre. Pero vale la pena callejear por detrás del Sagrado Corazón, una zona mucho menos concurrida, y dejarse seducir por su arquitectura de cuento, entrecortada por escaleras interminables y farolas. Y con suerte, en verano, podrá disfrutar de un espectáculo al aire libre en el anfiteatro en pleno parque de la Turlure.

Guía práctica

Cómo moverse. Las distancias en el París histórico no son muy grandes y callejear por cualquiera de sus barrios es muy recomendable. De noche, es mejor olvidarse de los taxis: conseguir uno un sábado por la noche es prácticamente misión imposible. Los últimos metros salen entre las 00.40 y las 1.20 de la noche entre semana y una hora más los viernes, sábados y vísperas de días festivos. La mayoría de los autobuses de noche salen de la céntrica Place de Chatelet. El vélib, el servicio de bicicletas del ayuntamiento, tiene muchos adeptos y se puede circular por la mayoría de las grandes avenidas, aunque es recomendable evitar las horas de mucho tráfico. La primera media hora es gratis y con un euro se puede circular durante todo el día.

Museos. Los museos suelen abrir entre las 9 y las 10 y cerrar entre las 17 y las 18, salvo el Centro Pompidou, cuyo horario es de 11 a 22. Algunos prolongan la apertura hasta más tarde una vez por semana. El Museo de Louvre amplía así su horario hasta las 22 las noches de miércoles y de viernes, y el Musée d'Orsay lo hace las noches de los jueves. La mayoría cierran el lunes o el martes.