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Tribuna
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¿Crisis del multilateralismo?

El reciente fracaso de la Ronda de Doha está contribuyendo a la sensación generalizada de pesimismo que atenaza a la economía mundial. A pesar de ciertos progresos, la incapacidad del 'grupo de los siete' para llegar a acuerdos sobre la reducción de las subvenciones a la agricultura en los países desarrollados, en particular Estados Unidos y la Unión Europea, a cambio de que los países emergentes reluciesen las tarifas aduaneras para los productos industriales ha llevado a este fracaso.

El nudo georgiano ha sido las diferencias sobre la llamada cláusula de salvaguarda (SSM) que protege a los países de las importaciones masivas de productos agrícolas que puedan poner en peligro a los agricultores domésticos. India, que se acerca a unas elecciones generales, proponía la aplicación de la cláusula en caso de un aumento de un 10% de las importaciones agrícolas. Estados Unidos quería aplicar este techo cuando se llegara la 40%. La imposibilidad de sortear esta diferencia llevo a la negociadora de EE UU, Susan Schwab, a anunciar la suspensión de las negociaciones.

El momento de este fracaso no puede ser más desafortunado. La Ronda se inició en 2001 como parte de la ola de solidaridad internacional que surgió tras los atentados del 11-S. Sin embargo, mucho ha cambiado desde entonces. La ola de solidaridad se esfumó en la hoguera de Irak, y el apoyo a la globalización y liberalización del comercio se ha ido erosionando en los últimos años, particularmente en los países desarrollados en los que sus ciudadanos perciben que sus mercados están saturados de productos baratos de países emergentes, y observan la desaparición de sus tejidos industriales y la deslocalización de empresas con gran preocupación, y culpan a la globalización de estos procesos.

Es muy probable que el modelo de negociación multilateral deje paso a otros modelos menos ambiciosos

Este fracaso lleva a algunas observaciones tentativas. Primero, parece cada vez más complicado que sea posible llevar a buen puerto un proceso en el que están involucrados 153 países con intereses contrapuestos y que se tiene que cerrar con el consenso de todos ellos. El modelo tradicional según el cual los países más avanzados dictaban la agenda y marcaban los parámetros de los acuerdos es historia. Si algo se ha demostrado en esta Ronda es que los países emergentes no van a ser meras comparsas en estas negociaciones. Los representantes de Brasil, China, e India han estado muy activos y no han dado su brazo a torcer en temas que han considerado claves para sus países.

Es muy probable que este modelo de negociaciones multilaterales basado en el consenso deje paso a otro modelo menos ambicioso que permita acuerdos parciales entre grupos de países sobre temas en los que hayan llegado a acuerdos. Esto podría llevar a la fragmentación del comercio mundial y a la proliferación de acuerdos bilaterales y de preferencias comerciales, que en muchas ocasiones distorsionan en vez de liberalizar el comercio, y erosionan la credibilidad de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

En segundo lugar hay que destacar que los más grandes perdedores van a ser los países pobres. Son estos países los que tenían más expectativas de reducciones de los subsidios agrícolas de los países ricos, como los aplicados al algodón, que amenazan su supervivencia. En África, por ejemplo, millones de personas dependen de este cultivo. Estos subsidios en ocasiones escandalosos, han ido en aumento: en Estados Unidos, por ejemplo, la nueva ley agrícola contempla el pago de 642 millones de euros en los próximos cinco años a 12.000 agricultores. Sin el acuerdo de Doha es altamente improbable que esta ley se modifique.

La liberalización de mercados de las últimas décadas ha sido un factor de integración que ha contribuido a la estabilidad geopolítica global y al aumento de los estándares de vida de los países pobres, ya que ha fomentado la interdependencia económica con el efecto positivo que esto tiene a la hora de resolver conflictos. El fracaso de Doha no va ayudar a los países menos desarrollados a salir de la pobreza, por el contrario, va a contribuir a la desestabilización de muchos de estas naciones que van a seguir sufriendo económicamente. Se estima que el éxito de la Ronda hubiese contribuido en unos 100.000 millones de dólares a la economía global.

El final de las negociaciones va a tener consecuencias indeseables inmediatas ya que caben esperar más litigios y procedimientos judiciales. Brasil, que había pospuesto la posible aplicación de sanciones a la expectativa de un posible acuerdo en Doha, ya ha anunciado que está preparado para aplicar sanciones por valor de 4.000 de dólares contra Estados Unidos por subsidios al algodón que han sido declarados ilegales por la OMC.

Doha ha sido una historia sin héroes. Todos perdemos. Los países desarrollados no pueden seguir hablando de su compromiso con el desarrollo mientras que sigan bloqueando las importaciones agrícolas de los países pobres. Es hora de que aceptemos que el mundo ha cambiado. La globalización no sólo pertenece a los países ricos, pero los países en desarrollo tienen que admitir que no pueden beneficiarse de la arquitectura global y a la vez negarse a aceptar los compromisos que permiten su supervivencia.

La vía multilateral es la más beneficiosa para afrontar los grandes retos que se nos avecinan, desde el medio ambiente, hasta el terrorismo, pasando por la inmigración o la proliferación nuclear. Desafortunadamente hemos perdido una oportunidad de oro de sentar las bases para un mundo mejor.

Sebastián Royo. Decano en la Universidad de Suffolk en Boston, director de su campus en Madrid, y codirector del seminario de Estudios Ibéricos de Centro de Estudios Europeos de la Universidad de Harvard

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