Crisis subprime

Los cinco brókeres que gestaron el huracán hipotecario

Cinco brókeres, sushi y una idea genial, la raíz de la crisis.

Greg Lippmann, un brillante intermediario de Deutsche Bank en Wall Street y conocido en el gremio como el gurú de los mejores restaurantes de sushi, se lanzó hace tres años a la caza y captura de una idea que convirtiese a los activos hipotecarios en la gallina de los huevos de oro. Pronto creyó haber encontrado un filón: hacer bonos referenciados a préstamos de alto riesgo, los llamados subprime. Pero Lippmann necesitaba aliados para sacar adelante su idea; así nació en febrero de 2005 el llamado Grupo de los Cinco. Se trataba de una sociedad de cinco jóvenes brokers, representantes de Deutsche Bank, Goldman Sachs, Citigroup, JPMorgan y Bear Stearns.

En torno a mesas de comida china y japonesa, el Grupo de los Cinco fue tejiendo el armazón legal de su creación: productos estructurados, referenciados a los activos hipotecarios cuyo mayor riesgo se veía recompensando por una mayor rentabilidad. Los bonos llegaban en buena hora para fondos de pensiones, bancos y hedge funds, angustiados por la rentabilidad bajo mínimos de sus activos de renta fija.

Aunque ahora proliferan informes que indican que la crisis subprime era algo que se veía venir de lejos, en justicia de los Cinco hay que decir que, en un momento dado, todo Wall Street se peleó por estar en las sesiones de trabajo de los bonos subprime, que se celebraban mensualmente tras el cierre de la Bolsa. En el momento en que los cinco brokers desvelaron los detalles del producto, la Asociación Internacional de Swaps y Derivados (ISDA) auspició una serie de conferencias, en las que los grandes aseguradores del mercado hipotecario -Lehman Brothers, Merrill Lynch, Bank of America y Morgan Stanley- exigieron tener presencia. Finalmente, todas las discrepancias quedaron resueltas en junio de ese año y los bancos comenzaron a empaquetar los bonos de las subprime dentro de CDO (Collateralized Debt Obligations), que, incluyendo diversas clases de activos, terminaron recibiendo los parabienes de las agencias de calificación y la máxima valoración crediticia: AAA.

Confiados en la pretendida solvencia crediticia y ávidos de rentabilidad extra en tiempos duros para el mercado de bonos, firmas de inversión de todo el mundo entraron masivamente en el mercado subprime. El resto es historia conocida. Las pérdidas reconocidas hasta ahora rondan los 80.000 millones aunque el mercado teme que cifra final triplique la actual.

Causas y consecuencias del crac inmobiliario

¦bull; Flexibilidad crediticia. Para empezar, buena parte de la crisis viene explicada por las peculiaridades del sistema hipotecario americano, en el que se puede llegar a obtener un préstamo sin necesidad de justificar salario, empleo ni ninguna clase de activos.

¦bull; Endeudamiento masivo. La combinación de manga ancha en la concesión de créditos y los bajos tipos de interés derivó en un endeudamiento masivo, hasta el punto de que el 25% de las nuevas hipotecas son de carácter subprime.

¦bull; Sequía de crédito. La gran repercusión del batacazo de los bonos subprime no es la de las pérdidas ocasionadas por una inversión fallida, sino la sequía de liquidez en el sistema interbancario y el endurecimiento, a toro pasado, de las condiciones para acceder a un crédito. Los bancos exigen primas muy elevadas a la hora de prestar dinero a otras entidades, prolongando así la duración de la crisis.