Lealtad, 1

El gobierno de los sabios

Está capacitado el inversor de la calle para tomar sus propias decisiones de ahorro a largo plazo o debería alguien experimentado tomarlas por él? Este planteamiento no tiene una respuesta sencilla y fue, de hecho, motivo de debate entre varios premios Nobel de Economía en el foro que Pioneer Investments organizó en Viena el mes pasado.

El debate parte de una preocupación generalizada sobre el futuro de las pensiones públicas y la necesidad creciente de que los individuos compensen aquéllas con el ahorro privado a lo largo de los años. Joseph Stiglitz, Nobel de 2001, comentaba en aquellas jornadas que el problema del ahorro para la jubilación es que no existen segundas oportunidades. Si se ahorra poco no se puede dar marcha atrás, y si se ahorra demasiado, quizá se hayan perdido oportunidades de disfrute irrecuperables.

Según los expertos, los inversores, como tendencia general, no aplican en sus quehaceres financieros los conceptos más básicos de la planificación financiera, como puede ser reducir la proporción de renta variable en las carteras a medida que pasa el tiempo. Ni siquiera consideran un asunto de importancia relevante el ahorro a largo plazo. Los estudiosos de la psicología financiera, como el profesor de la Universidad de Harvard David Laibson, han concluido que las decisiones de ahorro a largo plazo siempre se dejan para mañana, a no ser que se produzca un estímulo que provoque una participación activa en la planificación financiera.

Así que en este debate de relevancia para los jubilados del futuro hay una corriente que aboga por dejar en manos de profesionales las decisiones de inversión de los individuos, y proponen el fomento de carteras donde son los gestores son los que reequilibran los activos con el paso del tiempo. Es una suerte de despotismo ilustrado financiero encaminado a darlo todo por el inversor pero sin el inversor. Como en la sofocracia de Platón, el gobierno de las finanzas queda en manos de los sabios.