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Editorial
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Tortura china para el billete verde

La cotización del dólar tocó ayer mínimos históricos contra las dieciséis divisas más importantes del mundo, en una carrera de depreciación paulatina que se inició hace casi cuatro años y que no parece haber culminado. Ayer el billete verde llevó al euro a otro récord, por encima de 1,47 dólares, tensando al máximo la competitividad de los exportadores europeos, pero haciendo más soportable el encarecimiento de las materias primas.

Una crisis del dólar era históricamente mal augurio para todos los activos financieros y materiales. Hoy, pese a que existen competidores nada despreciables, sigue conservando en parte el halo de moneda refugio en tiempos de incertidumbre. Así, los metales preciosos marcan máximos en los últimos treinta años al mismo ritmo que el billete verde pierde valor.

Pero, qué está provocando la depreciación del dólar, y a quién perjudica y beneficia. La pérdida de valor del dólar tiene bastante que ver con el insostenible déficit comercial y corriente de la economía americana, además del papel intervencionista de la más determinante de las economías emergentes, la china. Pese a defender un dólar fuerte, como han hecho siempre los gobiernos de Washington, observan con alivio reparador una pérdida de valor que reactive su capacidad exportadora y su economía, tras observar que durante años de moneda fuerte han logrado alimentar su insaciable demanda de capital, pero no han solventado las deficiencias competitivas de sus manufacturas.

La segunda causa que ha provocado el descenso del dólar es el comentario del Banco Central Chino de diversificar sus reservas, excesivamente sesgadas hacia el dólar (1,4 billones de dólares), para tomar participación en divisas más fuertes, en un giro ya iniciado por países como Arabia Saudí, atesorador tradicional de dólares. Este anuncio aceleró la caída del billete verde, así como la apreciación del euro, que parece haber tomado un lento relevo como refugio alternativo.

En todo caso, quien ha impedido que el dólar relajase su cambio antes han sido precisamente los inversores asiáticos en general, pero los chinos de forma principal, y más aún su banco central, que han comprado todos los billetes verdes que han podido, mientras mantienen maniatado el tipo de cambio de su yuan para tener garantizado un precio competitivo a las manufactures made in China en todo el mundo.

La Reserva Federal puede verse ahora en la obligación, si la crisis subprime provoca una crisis económica, de sumar a la caída del dólar un abaratamiento adicional de la financiación interior, que puede convertirse en un efecto multiplicador depreciatorio, pero que puede ser la única medicina a la situación generada por una economía que pierde posiciones competitivas en el mundo y cuyos ciudadanos viven apreciablemente por encima de sus posibilidades desde hace varios años.

Un dólar barato es parte de la solución. Pero una depreciación muy acelerada puede provocar un realineamiento exagerado y contraproducente en el valor de los activos que no conviene menospreciar. Para Europa, una moneda cara es un mal negocio. Abarata su energía, pero encarece las ventas exteriores y recorta su crecimiento. Sólo ayuda a moderar la inflación y a disuadir al BCE de subir los tipos de interés.

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