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Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

A Telefónica le sienta bien ser Matilde

Qué lejos queda el día en que Juan Villalonga anunció que Telefónica dejaría de dar dividendo. Fue en 1998. La teleco tuvo a sus accionistas a pan y agua durante tres años. No fue una mala época para el inversor de Telefónica, pues el valor subió el 200% entre 1998 y 1999. Mucho menos lo fue para los directivos que, con Villalonga al frente, se embolsaron una mareante -u obscena, según la opinión de cada cual- cantidad de dinero por aquellas famosas stock options. Qué lejos queda, también, el furor causado por Terra o cuando el espectro radioeléctrico se subastaba por miles de millones de euros. Lejos quedan esos días en el tiempo, son casi 10 años, pero más lejos quedan las percepciones del mercado y los objetivos de las propias compañías.

Si en 1998 se hubiese formulado a un ejecutivo de la industria o a un analista la siguiente pregunta: '¿Qué noticia provocará la mayor subida de Telefónica en Bolsa entre los años 2002 y 2007?', probablemente ninguno hubiera pensado, siquiera por un instante, en algo tan prosaico, plano y aburrido como un dividendo. Se habría optado, seguro, por tecnologías del todo revolucionarias, o por fusiones 'hechas en el cielo', como la de Daimler Benz y Chrysler que acaba de deshacerse hace sólo unos pocos meses.

Pero es lo que hay. A ojos del mercado, el dividendo es lo mejor que puede dar Telefónica. Hace nueve años, lo mejor que se podía hacer con el dinero era dejarlo en manos de Telefónica, ella podría invertirlo de forma que se multiplicase... hasta que un día dejó de hacerlo. Y aunque el inversor tardó un tiempo, acabó por apreciar de nuevo las cosas sencillas, como el dividendo. Y a darse cuenta de que las revoluciones tecnológicas no suelen ir por donde uno espera. Nadie podría pensar, por ejemplo, que internet pasaría de ser el maná de las operadoras de telecomunicaciones a convertirse, a través del desarrollo de la telefonía vía IP y de empresas como Skype, en una de sus principales amenazas. Las telecos son empresas de servicios públicos, para la bueno y para lo malo. Pero gracias a este cambio de modelo los inversores se han refugiado en Telefónica durante la crisis. Y han huido de valores ligados a cosas tan 'seguras' como un ladrillo o una hipoteca. Y algunos fondos de inversión monetarios han sufrido cuantiosas pérdidas. Y es porque el futuro no está escrito de antemano por lo que suceden, como esta semana con Telefónica, los episodios de pánico comprador.

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