COLUMNA

Van a pagar la factura

Los planes de los dirigentes políticos chinos van a afectar, y no está claro si favorablemente, al desarrollo futuro de no pocos países occidentales, según el autor, que achaca el auge financiero de China a la política económica practicada por EE UU en los últimos años

No hace muchos días la prensa económica se hacía eco del ascenso de la banca china en el escalafón de los bancos mayores del mundo por capitalización bursátil y destacaba que entre los 10 primeros estaban tres entidades de ese país, ostentando uno de ellos -el ICBC- el puesto puntero. Además, otras dos empresas de esa nacionalidad -PetroChina y China Mobile- figuraban entre las 10 con mayor capitalización bursátil. Hay que irse acostumbrando, resumía un analista español, y así parece que va a ser. Ahora bien, esa actitud no debería impedir el análisis de las razones que han colocado a esas entidades en esa posición, tanto más cuanto que los planes de los dirigentes políticos de ese gran país van a afectar -no está claro si de forma favorable- el desarrollo futuro económico y financiero de no pocos países occidentales.

Pues bien, la explicación básica de ese auge financiero chino se encuentra en la política económica practicada en los últimos años por EE UU. Si echamos una ojeada a los datos oficiales de su balanza comercial veremos que a finales de junio su déficit ascendía a más de 825.000 millones de dólares, equivalente a un 6% de su PIB -¡por cierto, cifras estas mejores que las nuestras ya que en esa misma fecha el déficit español ascendía a la portentosa cifra equivalente al 8,6% de nuestro producto!-; buena parte del cual halla su contrapartida en la venta de productos chinos -aproximadamente un 50% de sus importaciones de bienes y servicios corresponde en un trimestre normal a compras efectuadas a China-. Como es de sobra conocido, en teoría ello debería revaluar la moneda china pero los dirigentes de ese país prefieren invertir sus cuantiosas reservas en activos financieros americanos -sobre todo títulos del Tesoro- a apreciar su moneda y mermar la competitividad de su comercio exterior.

Periódicamente hay protestas formales de los americanos exigiendo la revaluación del yuan pero en el fondo los responsables económicos se siente cómodos con el esquema entre otras razones porque contribuye en buena medida a moderar el crecimiento de la inflación en EE UU.

Nada menos que el actual presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, en su época de profesor universitario, mantenía que no existía una escasez de ahorro americano sino un exceso de ahorro exterior que encontraba una forma natural de invertirse en la compra de activos americanos. Pero hace algún tiempo las cosas empezaron a complicarse cuando las empresas chinas intentaron adquirir empresas americanas y es que, claro, una cosa es comprar bonos del Tesoro a 30 años y otra quedarse con empresas, con todo lo que ello significa.

El caso europeo es algo diferente. Para empezar y según datos de Eurostat durante el primer cuatrimestre del año la UE importó de China el 11% de sus compras en el exterior, bastante más de lo que los chinos nos compraron, generando así un déficit de 50.000 millones de. Pero la alarma ante el apetito chino por las inversiones directas empieza a cundir en Europa -en la primera semana de agosto se supo que Lenovo, una empresa china que es el tercer fabricante mundial de ordenadores personales intenta comprar la europea Packard Bell con el fin, ha dicho su presidente, un gran empresario afiliado al Partido Comunista, de ganar cuota de mercado en nuestro continente- y parece estar más que justificada.

No es nada fácil obtener estadísticas actualizadas de las reservas exteriores chinas, pero las que publica en su página web el Banco central chino son, además de atrasadas, realmente impresionantes, sobre todo si se tiene en cuenta que con ellas podrían comprarse, con datos a 30 de junio, todas las empresas cotizadas en las Bolsas de Madrid, Fráncfort y Londres -y después del varapalo de la última semana quién sabe si igualmente las cotizadas en Euronext-.

Es indudable, pues, que estamos ante un grave problema que exige urgentemente una estrategia común, al menos en el seno de la UE. Países miembros activos de la Organización Mundial de Comercio, como es el caso de los nuestros, tendría dificultades en adoptar medidas abiertamente proteccionistas, pero acaso deberían estudiar la legislación china en esta materia y limitarse a aplicarla en un espíritu de estricta reciprocidad.

Raimundo Ortega. Economista