COLUMNA

Los mercados tienen volatilidad y riesgo

Parece que cada vez son más frecuentes episodios de corrección en los mercados bursátiles que, sin embargo, vuelven a dar paso a subidas. Los comentarios en esos momentos aportan explicaciones que tienden a basarse en la economía real. Así, se señala que la demanda de viviendas se está frenando o que las empresas de construcción muestran un endeudamiento superior a la media. No obstante, las explicaciones para los movimientos del mercado hay que encontrarlas principalmente en al ajuste de la prima de riesgo que puede dejar atrás los niveles tan excesivamente reducidos de los últimos años. Por ejemplo, la volatilidad de los principales índices bursátiles mundiales ha estado en niveles mínimos desde principios de 2004, oscilando alrededor de un 10%, cerca de la mitad de la media del periodo desde 1999 hasta 2003. Los episodios recientes pueden dejar atrás los niveles mínimos pero la volatilidad aún es inferior a la de los primeros años de la década de los años 2000.

La recuperación de la prima de riesgo desde los mínimos registrados en los últimos años es algo positivo. Precisamente un factor de riesgo destacado por organismos públicos y analistas privados ha sido la reducción de la aversión al riesgo, que se ha traducido en una demanda importante de productos de renta variable, de renta fija con baja calificación crediticia y de productos financieros complejos. Consecuencias de esta actitud pueden considerarse las elevadas cotizaciones bursátiles y los reducidos niveles de la rentabilidad de la deuda privada a largo plazo. Las correcciones parciales de esta situación implican que se atenúa el peligro de una mayor, y quizá de forma brusca, en el futuro. Hay que señalar, no obstante, que las correcciones que tuvieron lugar en los meses de febrero y de marzo volvieron a dar paso a nuevos movimientos alcistas y nuevos máximos en muchos índices bursátiles y en rentabilidades de bonos.

El análisis de la situación económica de los países desarrollados indica que los riesgos se encuentran más en el ámbito financiero que en el real. El crecimiento económico se mantiene en ritmos no despreciables y parece que los desequilibrios que muestran algunos países en sus balanzas de pagos, déficit fiscales o inflación son manejables o están incluso en vías de corrección. El ámbito financiero está, por otra parte, caracterizado por una amplia holgura de liquidez, tanto monetaria como financiera, según caracterización hecha por el Banco Central Europeo. La profusión de productos financieros estructurados y el apalancamiento explícito e implícito explican que la liquidez financiera supere incluso a la monetaria. La holgura de la liquidez es una característica de la reciente evolución financiera, pero otras características son la participación de nuevos agentes en la arena financiera, como son los inversores institucionales, la diversificación de las carteras, que se han hecho más globales, o la tendencia al cambio del modelo de negocio financiero hacia la originación y distribución.

El panorama, según el director general del Banco de Basilea, Malcom D. Knight, es positivo porque se logra una distribución generalizada de los riesgos. Hay que recordar que el riesgo es una característica intrínseca de los mercados financieros y que su existencia, distribución y aceptación no debe ser motivo de preocupación. Sin embargo, sí lo debe ser su desconocimiento o su mala gestión. Por otra parte, el sector financiero en Europa ha dado muestras de resistencia ante las correcciones de enero y febrero y tiene una buena base de solvencia y rentabilidad.

Es positivo que los mercados muestren una mayor volatilidad, de forma que los inversores aumenten su percepción de que la rentabilidad va unida al riesgo. Hay que aceptar que los periodos de inestabilidad se van a repetir y que, además, es posible que vuelvan a dar lugar a nuevas alzas. Como se ha dicho, las condiciones económicas en general son favorables, sin descartar las peores perspectivas del sector de la construcción.

La orientación de la política monetaria tanto en Estados Unidos como en Europa va a tener un signo restrictivo, aunque con moderación, dado su objetivo de control de las expectativas inflacionistas. Así, las subidas de tipos oficiales podrán ir ajustando las condiciones de liquidez, con la posibilidad de producir impactos en las rentabilidades de largo plazo, o de cambiar la percepción de la evolución económica de los sectores más sensibles a los tipos de interés. Como ha señalado Jean-Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo, nadie sabe con certeza qué puede provocar un ajuste, pero todos deben contribuir a que los ajustes sean suaves y ordenados.

Nieves García-Santos. Economista