COLUMNA

El peso económico del español

La lengua española, hablada por más de 450 millones de personas en todo el mundo, supone, además de un enorme patrimonio cultural, una verdadera fuente de riqueza. De forma directa o indirecta, el 15% del PIB depende de su uso. La industria cultural, la educación y la formación, los medios de comunicación o la publicidad, entre otros, trabajan con la lengua española como herramienta básica.

Se estima que la población mundial supera los 6.500 millones de habitantes, de los que hablan español unos 450 millones, frente a los 1.125 millones que se expresan en inglés. El chino y el hindi también nos superan en número de hablantes, aunque el español es la segunda lengua de aprendizaje para el comercio mundial.

Pertenecer a una comunidad lingüística tan populosa nos concede algunas ventajas competitivas, aunque no podemos dormirnos en los laureles, ni relajarnos en lo que a aprendizaje de terceras lenguas se refiere. Tampoco podemos dejar todo el potencial de nuestra lengua al simple albur de nuestro crecimiento demográfico.

Una lengua que quiera estar en vanguardia internacional debe ser capaz de crear palabras y términos científicos que exportar

Algunos estudios apuntan que dentro de unas décadas el español será hablado como primera lengua por casi el 10% de la población mundial. Si tenemos en cuenta que, según esos mismos estudios, tristemente desaparecerán casi el 90% de las 6.000 lenguas existentes en la actualidad, comprenderemos con facilidad el peso creciente del español. Pero eso no es suficiente.

En el mundo global, lo verdaderamente determinante no es la cantidad de sus hablantes, sino su valor como herramienta de comunicación internacional a escala global, más que regional. Un idioma pesa lo que pesa su economía, su influencia internacional en el terreno de la política y la alta diplomacia, su infiltración en la comunidad científica, y el poderío de sus industrias culturales. Y tenemos que ser realistas, el peso de nuestra lengua en términos económicos, políticos, científicos y de internet está muy por debajo de su valor y del peso demográfico.

La economía del área hispana crece, al tiempo que la expansión de sus multinacionales por todo el mundo crea redes de español laboral y apoya la necesidad de aprender español. Pero nuestra realidad económica es aún inferior a la demográfica, al igual que ocurre con nuestra influencia política global. Peor aún es lo científico. La pobreza de nuestro léxico científico o nuestra incapacidad para crearlo y proyectarlo va en parejo a nuestro reducido potencial industrial y a lo exiguo de nuestra capacidad en investigación científica. 'El país que investiga crea idioma', suele repetirse en medios universitarios. Y así es. Y una lengua que quiera estar en vanguardia internacional, debe ser capaz de crear palabras y términos científicos que exportar al resto de las lenguas.

Lenguaje y ciencia están estrechamente vinculados. Y no sólo en la faceta de generación de vocabulario, sino también en el medio de expresión de la investigación. Por paradójico que pueda resultarnos, puntúa más en la carrera del investigador la publicación de sus artículos en revistas científicas en inglés que en español. Es un reconocimiento directo al inglés como lengua de referencia. Nuestra comunidad científica, universitaria y educativa tiene mucho que hacer en esta materia. Falta la gran revista científica de referencia para el área hispana, reconocida globalmente, para lo que debería editarse en una primera instancia de forma bilingüe.

Otro gran campo de batalla entre las lenguas se está produciendo en internet. Según datos de Internet World Stats, utilizan la red más de mil millones de personas, de los cuales el 30,6% utilizan el inglés frente al 7,9% que lo hacen en español. Y si la comparación la hacemos en número de páginas, aún salimos peor parados. Un 4,6% frente al abrumador 45% de páginas en inglés. Algo similar ocurre en las bibliotecas digitales, como la del Proyecto Gutenberg. La educación digital y las inversiones en infraestructura de comunicaciones serán imprescindibles si queremos poseer una lengua de futuro, también en internet.

El español está fuerte, pero debemos luchar por incrementar su uso global y conseguir mayor peso económico, científico, político y digital. Nuestras industrias culturales también tienen una alta responsabilidad en la materia. Ya somos globales, que nuestra lengua también lo sea. Ganaremos mucho con ello.

Manuel Pimentel