Calentamiento Global

Los países del G-8 no acordarán reducir las emisiones de gases de efecto invernadero

El comunicado final de la cumbre de los ocho países más industrializados en Alemania no recogerá un objetivo global a largo plazo de reducción de los gases de efecto invernadero, como habría querido el país anfitrión, ha señalado un responsable de la delegación de EE UU. Alemania, no obstante, cuenta con el apoyo de Canadá y Japón que han señalado este lunes la necesidad de reducir a menos de la mitad esas emisiones de aquí a 2050.

"Hasta que no tengamos a todas las partes sentadas a la mesa, no se verá una meta" para reducir esos gases, según ha dicho hoy en Rostock a la prensa Jim Connaughton, el principal asesor medioambiental del presidente de EEUU, George W. Bush.

La cumbre, por otra parte, se ha abierto en medio de la escalada de tensión entre Rusia y Estados Unidos. La Casa Blanca ha recriminado a Moscú sus carencias en la democratización del país y Rusia ha respondido que no va a aceptar el proyecto de Washington de desplegar un escudo antimisiles en Europa del Este.

Bush, agudizó ayer las diferencias desde Praga: "En Rusia, las reformas prometidas para fortalecer a los ciudadanos han descarrilado, con serias implicaciones para el desarrollo de la democracia". Rusia comparte los "valores europeos y mundiales comunes" en su territorio y no puede "estar de acuerdo con las declaraciones [de Bush] sobre el hecho de que las reformas democráticas hayan descarrilado", señaló el portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov.

Almuerzo junto a Merkel, Blair y Sarkozy

Bush se reune esta mañana con la anfitriona de la cumbre, la canciller alemana Angela Merkel. Merkel ha programado un almuerzo informal en un castillo a unos 15 kilómetros de Heiligendamm. Esta cumbre será la última del presidente británico, Tony Blair, y la primera gran cita internacional del flamante nuevo presidente francés, Nicolas Sarkozy.

El ambiente se prevé tenso, tras los agrios intercambios de declaraciones de estos últimos días entre Bush y el presidente ruso, Vladímir Putin. Más allá de la evolución democrática, la crispación proviene del proyecto norteamericano de desplegar un escudo antimisiles en Europa del Este, que ha sido rechazado con violencia por Moscú.