COLUMNA

Coyuntura de otoño

Al tiempo que sus señorías discuten casi en secreto -tal y como comenté en mi artículo del pasado 27 de octubre- el proyecto de ley de Presupuestos Generales del Estado (PGE), siguen publicándose cifras sobre la evolución de la coyuntura e interesantes trabajos relativos a la situación económica y financiera de nuestros grandes agentes económicos, ya sean éstos empresas o familias; cifras y comentarios que puede ser interesante resumir para intentar saber dónde nos encontramos.

Para ello nada mejor que comenzar echando una ojeada a la situación de nuestros dos grandes clientes: EE UU y la zona euro. Lo más destacable de la coyuntura americana reciente ha sido la disminución en el ritmo de crecimiento del consumo privado y el retroceso de la inversión residencial, acompañados de un menor gasto en equipos informáticos y software. Como el déficit por cuenta corriente sigue creciendo -un 6,5% del PIB al finalizar el segundo trimestre del año-; el resultado es que el PIB revisado a esa misma fecha reflejaba un crecimiento anual del 2,6%, con una inflación cuyo índice general muestra una leve moderación, pero no así el que recoge la tendencia subyacente -que es el que la Reserva Federal observa- pues en agosto se elevó al 2,8%.

En la zona euro, a finales de junio el PIB crecía, curiosamente, a un ritmo idéntico que el americano gracias al vigor de la FBCF (formación bruta de capital fijo), que compensaba la menor pujanza tanto del consumo privado como del público.

Los últimos indicadores disponibles, relativos al tercer trimestre, muestran que la tasa de actividad se mantiene aun cuando apuntan indicios de moderación en el ritmo general de crecimiento, acompañados por descensos en la tasa de inflación por mor de los menores precios de los productos energéticos, lo cual se ha traducido en una tasa anual ligeramente inferior al 2%. Todo ese trasfondo resalta aún más la relevancia de las dos incógnitas de cuya evolución va a depender todo, o casi todo: primero, si los precios del petróleo van a subir y cuánto y, segundo, cuál será la reacción tanto de la Reserva Federal como del BCE.

En España también hacemos nuestras revisiones y como resultado de la efectuada por el INE para el PIB en el periodo 2001-2005, la tasa de crecimiento del producto en el primer trimestre de 2006 se situó una décima por encima de la primera estimación y en el segundo creció también otra décima más, alcanzando el 3,7% anual. Así, con medio año vencido lo más probable es que la media anual se sitúe este año entre el 3,5%-3,6%, con la buena noticia adicional de un mayor equilibrio gracias a la mejora del saldo exterior y la reducción del consumo, privado y público. Para 2007 la cifra prevista es del 3,3%, que se caracterizaría por una suave desaceleración, de tal forma que al iniciarse el ejercicio siguiente -¡ año electoral, no olvidemos!- estaríamos en torno a una tasa del 3%.

La inflación, también aquí, surge como factor esencial dada la cambiante evolución experimentada este año. Con todo, cabe esperar que la media anual esté este año en torno al 3,6%-3,7% y probablemente cercana al 3% el que viene. Por lo tanto, con una inflación en suave descenso parece lógico esperar unos costes laborales moderados tanto este año como en 2007 -entre el 2,4%-2,3%- y un empleo que mantendría su crecimiento.

Ambos factores indican como muy probable un aumento del consumo que provoque una reducción de la tasa de ahorro tanto en 2006 como en el venidero ejercicio -¡por cierto, el lector interesado encontrará entretenida lectura en el estudio que la Fundación de las Cajas de Ahorro (Funcas) acaba de publicar sobre el ahorro en España y sus comunidades!-, si bien es muy posible que este impacto negativo se amortigüe como resultado de la entrada en vigor del nuevo IRPF.

Se ha mencionado antes un par de veces la incertidumbre que rodea el acontecer del precio del crudo en los próximos meses. Curándose en salud el ministro de Economía ya ha advertido respecto a 'un cierto incremento de los precios' en noviembre y diciembre.

El otro factor decisivo, estrechamente relacionado con éste, será la actitud de los bancos centrales respecto a la marcha de la inflación y sus análisis sobre las expectativas inflacionistas, con la consiguiente repercusión en el precio del dinero. Y aquí, salvo a que continúe la moderación en el precio del petróleo, no cabe esperar buenas noticias, aunque, según se mire, a la economía española no le vendría mal un nuevo ajuste contra la excesiva demanda que padece.

Raimundo Ortega Economista