COLUMNA

El marco internacional

El marco internacional en el que se desenvuelve la economía española ha producido recientemente algunas buenas noticias y otras no tan buenas.

Entre las buenas se encuentra el cambio de tendencia en la evolución del precio del petróleo y el hecho de que la tensión internacional ha dejado de crecer. Incluso se ha relajado ligeramente. Para España es importante, también, el mejor tono que está adquiriendo la economía alemana y con ella el conjunto de la zona euro. Entre las menos buenas se encuentran las dudas crecientes sobre la coyuntura económica estadounidense. Bien es verdad que ni a las buenas noticias se les puede otorgar un carácter muy firme ni las malas son muy definitivas. Vayamos por partes.

El petróleo está casi un 30% más barato que en su máximo anual (e histórico). Pero no hay razones suficientes para suponer que estamos ante una tendencia decreciente que va a continuar hasta estabilizar el precio del crudo a niveles menores que los actuales. Parece bastante claro que la demanda de crudo va a seguir expandiéndose a gran ritmo, impulsada por el fuerte crecimiento de las economías asiáticas, tanto las emergentes como los llamados tigres del Pacífico a los que se ha sumado una mejoría de la economía japonesa. Sólo una -todavía- improbable recesión estadounidense restaría fuerza a ese impulso. Pero esto sería un escenario aún peor. Por el lado de la oferta, se mantiene las dudas sobre la capacidad de respuesta a corto plazo.

Por último, las incertidumbres políticas en las principales zonas productoras pueden haberse relajado ligeramente, pero están lejos de disiparse. Este cúmulo de factores hace improbable una reducción permanente del precio del crudo y es más probable un comportamiento bastante volátil oscilando entre los 45 y los 80 dólares.

El mejor tono de la demanda interna alemana, cuya recuperación llevábamos esperando hace más de un lustro, es aún modesto y tiene que confirmarse. El último dato de ventas al por menor, un indicador del gasto de los consumidores, no ha sido bueno, pese a que el consumo sigue mostrando una tendencia ligeramente creciente. También la construcción tiene mejor tono, después de tantos años de caídas casi ininterrumpidas. Pero ambos componentes del gasto tienen que consolidar su recuperación. Y no deja de haber dudas. Es sintomático que el panel de previsiones de The Economist contenga una tasa de crecimiento de la economía alemana en 2007 inferior al que se espera para 2006.

La economía de EE UU se está desacelerando. Junto al mantenimiento de unas exportaciones netas fuertemente negativas, se ha producido en los últimos meses un cambio de tendencia en el mercado inmobiliario y, con él, en el sector de la construcción. Las últimas estimaciones apuntan a que la inversión residencial debe estar cayendo a una tasa -anualizada- superior al 10%, y que la reducción puede ser aún más drástica en los próximos trimestres. La nueva situación en el mercado inmobiliario está produciendo ya caídas en los precios de las viviendas. Por el momento son caídas leves (inferiores al 2%), pero en un mercado de activos sobrevalorado el cambio de tendencia en los precios rara vez se queda en pequeños recortes. Y aquí surgen nuevos temores. Si la corrección del precio de los inmuebles aumenta, ¿en qué medida puede afectar al nivel de gasto de las familias? No hay consenso a la hora de evaluar ese peligro. Los estadounidenses como los españoles, han estado financiado gasto con cargo a un mayor endeudamiento hipotecario. Si los precios de las viviendas caen no podrán seguir haciéndolo y, por el contrario, tratarán de reducir su endeudamiento aumentado su ahorro. Los optimistas apuntan dos datos. Uno, que en los últimos meses se ha reducido la financiación del consumo con cargo a hipotecas y el consumo sólo se ha moderado ligeramente. Y otro, que la confianza de los consumidores se mantiene alta. Al final lo que va a ser crucial es el comportamiento del empleo. Si la caída de actividad en la construcción no llega a afectar seriamente a la tasa de paro, los efectos del recorte de los precios de las viviendas pueden ser moderados. Si llegan a convivir un crecimiento del paro con fuertes recortes en aquellos precios los efectos pueden ser realmente graves.

Pese al abaratamiento del petróleo -y al anecdótico máximo del Dow Jones- y a la ligera aceleración de la economía alemana, la evolución reciente del marco internacional no es definitivamente positiva. Pero a corto plazo sus efectos sobre la economía española sí que lo son.

Carlos Sebastián. Catedrático de Análisis Económico de la Universidad Complutense