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La luminosa noche de las Perseidas

El verano es propicio para la vida contemplativa, y es probable que más de un fenómeno celeste haya sido descubierto en una relajada observación vacacional. Quizás uno de ellos fuera la lluvia de estrellas conocidas por Lágrimas de San Lorenzo, más científicamente llamadas Perseidas por la constelación de la que proceden -Perseo-, y cuya luz surcará el cielo este fin de semana compitiendo duramente con la que proyecta la Luna. Es sólo uno de los múltiples fenómenos celestes que se producen cada año, aunque no hace falta que ocurra nada para que montones de aficionados a la astronomía, cada vez más, saquen sus telescopios al campo.

Las estrellas Perseidas son en realidad pequeñas partículas de polvo cósmico procedentes de un cometa, el Swift-Tuttle. Aunque se les llama Lágrimas de San Lorenzo, suelen llegar algo más tarde del 10 de agosto, festividad del santo, y podrán verse durante el resto del mes. El máximo está previsto para la noche del sábado al domingo, a las 2.12 en la Península, a razón de 60 estrellas por hora, aunque 'esta vez no hay mucha animación', reconoce José Ripero, presidente del Centro Astronómico de Ávila, puesto que la Luna acaba de entrar en fase menguante, por lo que se dificultará su visión.

Para verlas, además de alejarse de las zonas urbanas, lo recomendable es contemplar el cielo desde una posición cómoda (preferiblemente medio acostado) y sin ningún utensilio. Hay que dirigir la mirada hacia el norte del radiante, que a la hora del máximo estará sobre el horizonte nordeste a una altura de unos 20 grados.

Alojamientos rurales con telescopio para observar el cielo y viajes organizados son un mercado creciente

Pero hay hasta 30 lluvias de estrellas anuales: por ejemplo, las Leónidas en noviembre, que aunque son menos conocidas que las Perseidas, han tenido más relevancia científica. Sólo tienen una actividad realmente noticiable cada 30 o 32 años, cuando pasa el cometa Temple-Tuttle, aunque entonces baten récords: son tormentas que descargan 50.000 meteoros en 30 minutos. David Martínez, del Instituto de Astrofísica de Canarias, recuerda que en 1999 'por primera vez se pudo predecir una tormenta' así 'con 5 minutos de precisión'. En aquella ocasión su centro sacó a 1.500 escolares a observar el fenómeno.

Los acontecimientos recorren todo el año. Las Gemínidas en diciembre -100 o 150 por hora-; a finales de enero la exposición de Saturno; el 3 de marzo un eclipse total de Luna que se verá en España; y en julio, la exposición de Júpiter. 'El cielo se ve mejor en invierno, porque las noches son más largas y más claras, ya que no hay tormentas de polvo como en verano', explica Ripero.

Observaciones organizadas

En España hay unos 20.000 aficionados, calcula Ángel Gómez, de la revista Astronomía, de los cuales la mayoría pertenece al 'centenar largo' de agrupaciones amateur.

Muchas de ellas colaboran con los planetarios y otras instituciones divulgativas en organizar observaciones o cursos de iniciación. El Centro de Ávila está asociado con Cosmocaixa Madrid. 'Hace tres años, para ver Marte, tuvimos a 3.000 personas', recuerda Ripero, 'aunque el otro día, para ver Júpiter, fueron unos 800'. Normalmente llevan unos seis telescopios, todos pertenecientes a miembros de su asociación. 'El problema es que cuando organizas algo para el público, tienes que jugártela a una fecha'.

El interés por la astronomía ha generado también una oferta creciente de alojamientos rurales que ofrecen observaciones astronómicas. 'Aprovechan la lejanía a las ciudades y su contaminación lumínica; es algo muy habitual en Chile', señala Ángel Gómez.

En alguna casa rural también se dan cursos, en los que se compagina la parte práctica con la teoría: 'La gente lo disfruta más si entiende por qué unas estrellas son rojas y otras azules, y que eso refleja su evolución; o a qué se deben los cráteres lunares', explica José Ripero. En la Agrupación de Sabadell, una de las más grandes y veteranas, los cursos están divididos hasta en 16 niveles.

Otro mercado aún poco desarrollado en España, 'aunque no en el Reino Unido y EE UU', señala Ángel Gómez, es el de los viajes de astronomía, centrados en un determinado fenómeno que sólo se puede ver en una determinada zona del mundo. Ripero y 30 personas más se han ido a Turquía este año a ver un eclipse total. 'En 2009 iremos a China y en 2010, a la Isla de Pascua, en Chile', adelanta.

En diciembre Santander acogerá el congreso bianual de aficionados españoles a la astronomía.

El interés por esta rama del saber es milenario y no se espera que decaiga, mientras el cielo no se abata sobre nuestras cabezas.

Ciencia al alcance de todos

El límite entre aficionados y profesionales en el mundo científico es difuso. En la Agrupación Astronómica Sabadell, por ejemplo, sus miembros participan en investigaciones científicas, en colaboración con centros oficiales, gracias a que cuentan con dos astrofísicos en la plantilla. Uno de ellos es Ricard Casas, que además es director del observatorio de la agrupación, la tercera más veterana de España y la más numerosa, con 1.000 socios.

'Tenemos un equipo mirando los quásares, y otro observando las supernovas, que nos ayudan a saber de dónde venimos'. Incluso han llegado a publicar en las revistas Solar Physics y Astronomy & Astrophysics.

Estos conocimientos los pondrán en común en el congreso de astrofísicos españoles que se celebrará entre el 12 y el 15 de septiembre en Barcelona. 'Somos unos 300, y también vendrá algún extranjero', subraya Casas.

Allí coincidirán con representantes del Instituto de Astrofísica de Canarias, que como cuenta su miembro David Martínez, procura popularizar algunos descubrimientos y conocimientos astronómicos. 'A la gente le gusta saber si hay planetas fuera del sistema solar, o siente curiosidad por el canibalismo galáctico, practicado por la Vía Láctea, que devora galaxias más pequeñas', enumera el físico. Todo eso al margen de las tecnologías ópticas desarrolladas en los instrumentos de observación, que luego se aplican a las cámaras fotográficas, por ejemplo.