Jeffrey Pfeffer

'Hay demasiado interés por el corto plazo'

Ha venido a España como profesor visitante del IESE, con el fin de participar en un simposio sobre ética, en el que analizará si las escuelas de negocios generan unos comportamientos escasos de valores

Lleva casi tres décadas impartiendo clases como profesor de Comportamiento organizacional en Stanford University's Graduate School of Business, una de las escuelas de mayor prestigio del mundo. Jeff Pfeffer, nacido en Saint Louis (Misuri) hace 59 años, se considera afortunado porque asegura que su trabajo como docente encaja dentro de sus capacidades e intereses personales y profesionales. Además, asegura que puede disfrutar de uno de los grandes privilegios de hoy día: tener autonomía y control de su propia agenda.

¿Por qué considera que las escuelas de negocios forman a los ejecutivos en comportamientos más bien exentos de ética?

No lo hacen de manera directa, pero muchas veces las escuelas de negocios, en este caso IESE sería una excepción, enseñan una forma de pensar que se aleja de los valores y de la ética. Las enseñanzas que se imparten están más bien orientadas a factores económicos, son mucho más importantes los resultados que no el proceso o los medios por los que se llegan a conseguir esos objetivos. Si lo único que importa es el resultado, es muy fácil resbalar por caminos escabrosos, en los que los fines justifican a los medios.

Es lo que le ocurrió a los ejecutivos de Enron, por ejemplo.

Les ha pasado también a muchos otros, a aquellos que han querido aumentar el valor de sus acciones y para conseguirlo todo era justificable. Desgraciadamente, muchas empresas han caído en esa trampa. El propósito de cómo se hacen las cosas y los valores es lo que diferencia a las organizaciones.

¿La ambición es un mal que se expande por las empresas?

Es uno de los males, de los peligros, pero hay más. Por ejemplo, hay demasiado interés en cuidar los intereses personales, y hay demasiado interés en el corto plazo. Las empresas están poco preocupadas por el largo plazo, y sus estrategias están centradas básicamente en conseguir esos resultados financieros, sin prestar demasiada atención a los clientes, a los proveedores, a los empleados y a la sociedad.

Usted tiene la teoría de que los recursos humanos juegan un papel muy importante en la creación de ventajas competitivas dentro de una empresa.

Por supuesto. Cualquier cosa puede duplicarse, las máquinas, la tecnología, pero las personas son importantísimas, aunque también son imprescindibles. Hay muchos ejemplos que pueden demostrar mi teoría. Por ejemplo, el sector de las aerolíneas lo refleja bastante bien. Todas las compañías aéreas pueden comprar los mismos aviones y servir durante los trayectos la misma comida, pero lo que marca la diferencia es la cultura de servicio que brindan a los pasajeros. Un ejemplo a destacar, en este sentido, puede ser Singapur Airlines.

¿Las empresas son conscientes de la necesidad que tienen de cuidar a sus profesionales?

Son conscientes, pero a nivel superficial. En principio, siempre dicen que el activo más importante es la gente, pero no creo que lo digan en serio. Lo piensan con la cabeza, pero no con el corazón. Y lo único que consiguen, por ejemplo en Estados Unidos o Reino Unido, es tener empleados que no están comprometidos con la organización, que no confían en los gerentes, que lo único que buscan es cambiarse de trabajo y tampoco quieren hacer un esfuerzo para que el rendimiento de la compañía sea el adecuado.

¿Por qué se olvidan de esta tarea tan importante?

Muchas veces lo que sucede es que tienen a líderes muy lejos de la actividad cotidiana, lejos de los empleados, de la línea que está al frente de la compañía. Hay ejecutivos que permanecen encerrados en sus despachos, preocupados sólo por el corto plazo y olvidándose de los factores que crean valor en el futuro. Son líderes que no cuentan con valores sólidos, que carecen de una brújula que les ayude a afrontar y evitar los fallos del trabajo cotidiano. El problema de muchos ejecutivos es que tienen un gran desconocimiento de la realidad, del día a día de su compañía.

¿Podría definir lo que es el liderazgo?

Es algo muy sencillo. Es lograr que las cosas sucedan mediante la cooperación de otras personas. Básicamente consiste en saber trabajar en equipo con otros profesionales.

En España hay en estos momentos un debate abierto sobre la necesidad que existe de conciliar vida laboral y personal.

Creo que es totalmente necesario que las personas tengan autonomía y puedan manejar su agenda. En Estados Unidos las condiciones laborales son peores porque somos, después de Corea, los que trabajamos más número de horas. Y muchos empleados casi no tienen vacaciones, y cuando tienen unos días de descanso no desconectan porque están pendientes del teléfono móvil y de internet.

'Las escuelas de negocios hacen cosas terribles para salir bien posicionadas'

La competencia entre las escuelas de negocios es feroz. La lucha por aparecer en buenas posiciones de las clasificaciones se ha convertido en uno de los objetivos prioritarios de muchos centros. 'Y eso les puede llevar, en ocasiones, a hacer ciertas cosas terribles para salir bien posicionadas Hay una obsesión muy grande por aparecer bien', afirma Jeffrey Pfeffer, cuya escuela de negocios aparece en la tercera posición entre los 40 mejores centros formativos de ejecutivos del mundo, según la última clasificación publicada esta semana por Financiar Times.

En ese mismo estudio aparecen las tres escuelas de negocios españolas de mayor prestigio, IESE, Instituto de Empresa y Esade. 'Creo que estas tres escuelas están bien posicionadas, pero todavía se encuentran en la primera fase de su evolución. Una de las que más conozco es IESE y puedo decir que comienza a estimular la investigación y el conocimiento académico profundo', opina Pfeffer.

En cualquier caso, añade, las tres han tratado en los últimos años de superarse tanto en el mercado local como global. 'Van todas por la misma senda, pero se encuentran en distintas etapas de ese camino'.

Y agrega que IESE es la más 'avanzada', debido a su componente internacional y a sus programas globales para altos ejecutivos.

De todas formas, concluye que en España la competencia entre las escuelas de negocios, debido a que no hay un exceso de la oferta, no es tan encarnizada como en Estados Unidos. 'Todavía no han hecho cosas terribles para competir'.