Socioeconomía

De la autarquía a la globalización

Los precios de consumo han estado subiendo siempre en España? ¿En qué cuantía lo han hecho en los últimos doscientos años y por qué? ¿De cuántas horas era la jornada laboral media de los trabajadores en 1900? ¿Cuanto han crecido los beneficios de las empresas? ¿Es eterna la deuda pública? La respuesta a éstas preguntas está en la obra Estadísticas históricas de España en los siglos XIX y XX, que contiene todos los cambios que se han producido en la sociedad y la economía en la España contemporánea, y que revela cómo eran los agentes económicos en la Primera República, al terminar el franquismo y ahora. El libro ha sido coordinado por Albert Carreras y Xavier Tafunell, catedrático y profesor titular de la Universidad Pompeu Fabra, y editado por la Fundación BBVA.

El informe revela los logros socioeconómicos de un país en el que el 72% de los gobiernos ha durado menos de un año, pero que ha logrado la plena escolarización, un altísimo grado de bancarización y notables niveles de internacionalización económica y desarrollo humano. Estos son algunos de los logros.

Demografía: de la familia numerosa al hijo único. España ha dejado de ser un país con altas cotas de natalidad y mortalidad; ahora tiene la fecundidad más baja del mundo (1,2 hijos por mujer, 4,7 de hace un siglo) y ha experimentado un espectacular avance de la esperanza de vida. La transición demográfica comenzó con retraso, fue lenta y acabó abruptamente con la democracia actual, que ha lastrado el crecimiento vegetativo.

Conocimiento: de las cuatro reglas a la Universidad. La España del XIX se caracterizó por un bajísimo nivel de formación, que lastró su desarrollo económico y tuvo mucho que ver con el atraso en que se mantuvo el país hasta la segunda mitad del XX. De hecho, a mediados del XIX la población analfabeta llegaba al 75%. La Guerra Civil y el franquismo significaron una regresión, y a partir de 1980 la escolarización es absoluta.

Desarrollo: alto grado de bancarización. Uno de los mejores indicadores del desarrollo a lo largo de la historia para los investigadores es el grado de bancarización, o participación de los depósitos de particulares sobre PIB. En España ese nivel pasó del 12% en 1914 al 25% en 1923, y a cerca del 90% en 1975. Ha crecido también de forma vertiginosa el número de patentes registradas.

Internacionalización: de la autarquía a la globalización. Además de un fuerte impulso del índice de desarrollo humano, que llega a los valores de los norteamericanos hoy, España ha impulsado la internacionalización de bienes comercializables, que han pasado del 51% en torno a 1974, al 150% ahora. La entrada de turistas llegó a absorber el 16% del movimiento mundial en 1973.

Producción: menos tierras, pero más eficientes. A diferencia de la industria y los servicios, el empleo en la actividad primaria ha crecido poco, fruto de la tecnificación. Ahora este sector tiene cinco veces menos ocupados que hace un siglo, aunque produce cinco veces más. De 1800 a 2000 las tierras de cultivo han pasado de 11,45 a 18,30 millones de hectáreas, con un pico máximo de 21,96 millones en 1931. En paralelo, la aportación de la industria manufacturera al PIB ha explotado: si en 1850 contribuía en tan sólo un 13,61%, en 2000 alcanzó el 21,67%.

Riqueza: los resultados de las empresas siempre crecen. Los beneficios han crecido de forma paralela a la actividad económica. Entre 1880 y 2000 el agregado de los excedentes se ha multiplicado por un factor 62, lo que supone una tasa media interanual de avance del 3,5%, bastante superior a la del PIB (2,6%).

Coste de la vida: hubo tiempos con el IPC bajo control. La historia de los precios en la España contemporánea se divide en dos partes divididas por la Guerra Civil. Podría resumirse en un siglo de estabilidad completa (1830-1936), a excepción del periodo 1914-1920, y dos tercios de siglo de inflación. No obstante España ha podido controlar las espirales de precios sin tocar la hiperinflación.

Finanzas públicas: de la bancarrota al equilibrio. El déficit y la deuda pública no son inventos de fin de siglo XX. En 1876 la deuda del Estado llegaba al 180% del PIB. El 43% actual parece una anécdota.

La democracia redistribuye mejor

La estadística revela cómo el PIB se ha multiplicado por 40 en los 150 años transcurridos entre 1850 y 2000; ha pasado, en precios constantes, de dos a 80 billones de pesetas. El PIB per cápita se ha multiplicado por 15, pasando de 137.000 a 2.027.000 pesetas. Pero además del crecimiento global, la transformación de la economía ha posibilitado la redistribución de la riqueza. Entre 1970 y 1996 la renta recibida por el 10% de los hogares más ricos cayó del 40,7% al 28,2%; los demás estratos mejoraron, sobre todo los más pobres, que doblaron ingresos.