Concentración en telecomunicaciones

Alierta, Erskine y el espíritu del "City Code"

Duras negociaciones con la regulación británica vigilando

Todo el mundo da por hecho que Telefónica ha lanzado una oferta de compra por O2. Pero esta afirmación, sencillamente, no es cierta.

Y es que en el matrimonio que pretenden formar las compañías española y británica hay un tercero en concordia: la autoridad que regula la Bolsa de Londres y el todopoderoso City Code. Nada de lo que han hecho las dos compañías durante los doce días de negociación que duró el proceso previo al lanzamiento de la opa y en los días que lo han seguido se ha hecho sin el conocimiento pormenorizado y minucioso del Takeover Panel, que no es otra cosa que un organismo independiente formado por representantes de las instituciones financieras y las asociaciones profesionales de Reino Unido que vigila todo lo relacionado con las adquisiciones y las fusiones.

Da igual que la empresa en cuestión no sea británica. En cuanto alguien pone la vista en una corporación de Reino Unido debe comportarse como si hubiera nacido allí.

Goldman y Citigroup han lanzado la opa sobre O2, no Telefónica

TELEFÓNICA 3,51 -1,93%

Los ejecutivos de Telefónica no han tenido más remedio que hacer una incursión en profundidad en las normas que rigen estos procesos más allá del Canal de La Mancha. Y una de las cosas que han aprendido es que, al más puro estilo de la contabilidad familiar española, la casa no es propiedad de uno, sino del banco que ha dado la hipoteca. Traducido en términos de los mercados financieros londinenses, la opa sobre O2 no es de Telefónica, sino de las instituciones financieras que han prestado el dinero. Es decir, formalmente y oficialmente, son Goldman Sachs y Citigroup los que pretenden comprar por 26.000 millones la compañía británica que convertirá a Telefónica en una firma de verdadera dimensión europea.

Este formalismo, sin embargo, es más bien una anécdota. No lo es la tensión que ha añadido al proceso la rigidez y dureza del código de conducta que gobierna las transacciones con empresas británicas. Lo más llamativo es que se supone que no es por sí mismo legalmente vinculante, pero ¡ay de aquel que ose violarlo! La comisión que vigila el cumplimiento del código puede apelar sin problemas a las autoridades financieras y la amenaza de multas ilimitadas y hasta responsabilidades civiles o criminales no es baladí.

Más tensión añade, si cabe, el hecho de que al no ser una ley 'es el espíritu más que la letra del código lo que debe ser observado', explica el despacho de abogados Freshfields en sus consideraciones sobre la regulación del mercado británico. Si ya cada renglón del documento supone la reglamentación pormenorizada de una actitud, no se puede ni imaginar a lo que llegaría el espíritu.

Y tampoco vale para hacerse una idea lo que sucedió en el pasado. El mismo despacho de abogados deja claro que 'la aplicación de las reglas y de los principios generales puede variar en cada caso, puesto que los hechos particulares pueden ser diferentes o nuevos'.

Telefónica no necesitó mucho tiempo para darse cuenta de estas peculiaridades. Nada más aterrizar trabó un conocimiento muy directo de la Comisión de Fusiones y Adquisiciones. Cada paso que dieron durante los doce días de negociación fue comunicado al regulador. 'Nos hemos reunido', escribían los responsables de Telefónica. '¿De qué han hablado?', inquiría, también por escrito, la comisión. Por supuesto, nada de lo comunicado tuvo el menor riesgo de filtrarse al público.

Por supuesto, también es indiferente quién protagonice los contactos. Desde el último ayudante hasta las conversaciones del presidente de Telefónica, César Alierta, con el consejero delegado de O2, Peter Erskine, todo ha pasado por la vigilancia de la autoridad.

La principal preocupación de este cuerpo de salvaguarda era el momento en que se pusiera una oferta sobre la mesa. Entonces sí que debía hacerse circular la información. Porque uno de los principales cometidos de esta institución es asegurarse de que todos los accionistas tienen al mismo tiempo los datos relevantes.

También en este caso, la información que debe darse está reglada y depende mucho más de lo que quiere el regulador que de los deseos de los implicados. La creatividad, simplemente, está penada.

Los abogados ganan a los financieros

Con el Código de la City vigilando sobre el hombro, no es extraño que en las negociaciones con O2 hubiera más abogados que financieros. El crédito con los bancos se firmó en horas, pero todo el resto de los detalles, los protocolos de actuación y la manera de comunicar lo sucesos se hicieron eternos para los otros protagonistas que las tenían en sus manos.

Los ideólogos de la operación, sin embargo, no eran netamente ni financieros ni abogados. Ha sido el equipo de fusiones y adquisiciones -desarrollo y planificación en el organigrama de Telefónica- el que detectó la oportunidad. Después de estudiar miles de posibilidades, Ángel Vilá dio con una que casaba con todos los requerimientos. César Alierta tenía claro que quería comprar, pero el proceso hasta llegar ahí ha incluido complejos vericuetos y ramificaciones.