5d. Viajes

La escuela de Harry Potter

La ciudad medieval de Durham, que sirvió de decorado a la adaptación cinematográfica del libro, es uno de los conjuntos más granados y pintorescos de la Inglaterra profunda

La pottermanía es un fenómeno de magia financiera. Cuando se puso a la venta la última entrega de la saga, Harry Potter y el príncipe mestizo, simultáneamente en quince países, a la medianoche, aquello fue el delirio: una cadena británica llegó a vender trece ejemplares por segundo. La revista estadounidense Forbes calcula que el pequeño mago ha hecho aparecer en el bolsillo de J. K. Rowling, su creadora, unos 1.000 millones de dólares. De los cinco primeros libros se han vendido 265 millones de ejemplares, y el sexto puede superar la marca.

La escuela del aprendiz de brujo que sale en las películas es la catedral de Durham, o más exactamente, su claustro y sala capitular. Tuvieron buen ojo los responsables del decorado. La catedral de Durham es una de las más gigantescas y a la vez más refinadas muestras del arte románico. Los pilares de sus naves, tallados con motivos geométricos, le dan una elegancia única y una extraña modernidad. Tanto la catedral como el castillo que tiene enfrente fueron declarados por la Unesco Patrimonio de la Humanidad, en 1986.

La catedral, del siglo XII, es uno de los mejores edificios de Europa, según Nicolás Pevsner, y ha arrancado los elogios de gente como el novelista Walter Scott que apreció su porte épico ('mitad templo de Dios, mitad fortaleza contra el escocés'). Aunque originalmente se levantó para ofrecer a los peregrinos los despojos de San Cuthbert, luego se trajeron también los huesos de Beda el Venerable, un monje del siglo VIII que fue uno de los grandes transmisores del saber clásico a la Europa medieval. El claustro servía de eslabón entre la catedral y el monasterio de monjes benedictinos que allí residió hasta la Reforma.

El castillo aloja desde 1837 la universidad, la tercera de Inglaterra después de Oxford y Cambridge

En ese claustro y en la sala capitular que a él se abre se rodaron las escenas lectivas de Harry Potter. Aunque todo parece muy vetusto, lo cierto es que fue rehecho en el siglo XIX. Ahora se aloja allí un museo, y se honra la memoria de George Washington, cuya familia procedía de una aldea cercana llamada así, precisamente. En edificios anexos tiene su sede un célebre coro de voces blancas en el cual cantaron, de pequeñitos, Toni Blair y Rowan Atkinson, el actor conocido por dar vida a Mr. Bean. El castillo, frente a la catedral, fue erigido por Guillermo el Conquistador en 1072. Primero sirvió de baluarte fronterizo contra los escoceses, luego fue residencia de los príncipes-obispos que regían la ciudad, y en 1837 se destinó a alojar la recién creada Universidad de Durham. Ahora es museo, aunque sigue acogiendo a algunos profesores y estudiantes.

La Universidad de Durham es la tercera de Inglaterra, después de las de Oxford y Cambridge. Unos 15.000 estudiantes colman de bullicio una ciudad de apenas 90.000 vecinos. Un casco medieval recogido en torno al castillo y la catedral, ocupando el espolón que el río Wear convierte en península. La universidad y el turismo dan nervio a esta comunidad, desde que en 1968 empezaron a cerrar las minas de carbón. La ex primer ministro Margareth Thatcher remató la faena en los años ochenta. Ahora Durham es una de las estampas más apacibles y hermosas de la Inglaterra profunda. Un regalo para los ojos y los sentidos, como si un mago travieso acabara de sacársela de la manga.