CincoSentidos

España discute el futuro de sus residuos nucleares más activos

El Gobierno estudiará en otoño diferentes ubicaciones para un almacén de desechos de alta peligrosidad

Se crean pero no hay manera de destruirlos. Sólo el tiempo es capaz de disminuir el poder contaminante de los residuos nucleares. Por eso, la mesa sobre la energía nuclear que el Gobierno proyecta convocar el próximo mes de septiembre abordará la construcción de un único almacén temporal centralizado. Se busca albergar los desechos de alta actividad, los más peligrosos, mientras el tiempo trabaja para neutralizar su efecto nocivo o la ciencia obra el milagro y descubre un método para hacerlos inocuos sin tener que esperar.

Hasta ahora, estas sustancias letales, que pueden permanecen activas hasta 250.000 años, se han almacenado en las piscinas frigoríficas de las siete centrales nucleares. Pero su capacidad tiene un límite. La de Trillo, por ejemplo, ya está llena. Además, el desmantelamiento de la de Zorita, previsto para 2006, generará muchos desechos. Y lo más importante: antes de 2011, España tiene que hacerse cargo de las 400 toneladas de combustible nuclear gastado que envió a Francia tras el incendio de Vandellós I, en 1989. Si no lo hace, deberá pagar una multa diaria de 57.000 euros. Enresa, la empresa estatal encargada de la gestión de residuos radiactivos, ya ha abonado a la francesa Cogema 513 millones por el tratamiento de los lodos. Aún le debe 51 y no está dispuesta a seguir rascando de los 120 millones de su presupuesto anual.

Precisamente, algunas de las razones que esgrime Enresa para defender el almacén temporal centralizado son económicas. Mantener un centro sería menos costoso que gestionar siete. También sería más fácil y barato defender sus instalaciones de la amenaza terrorista. Baraja algunas cifras: el almacén tendría una vida de 60 ó 70 años y su construcción costaría unos 400 millones de euros, a los que habría que sumar las subvenciones al municipio que prestara su terreno al cementerio nuclear.

Y éste es otro de los asuntos espinosos: la elección del emplazamiento. Nadie quiere un basurero cerca de su casa y, mucho menos, uno radiactivo. Las protestas serían multitudinarias.

Para evitar el malestar social, una posibilidad es emplazarlo dentro del recinto de alguna de las siete centrales españolas, alojadas en poblaciones acostumbradas a convivir con el miedo a un accidente y acomodadas gracias a las subvenciones y los puestos de trabajo que genera la actividad nuclear.

Las asociaciones ecologistas Greenpeace y Agró sospechan que uno de los lugares con 'más papeletas' para albergar el almacén es la central nuclear de Cofrentes (Valencia) que, según ellas, es la que más cantidad de residuos acumula. Pero el alcalde, Raúl Ángel Domínguez, no quiere ni oír hablar de el tema. 'Usted quiere acabar conmigo', brama, al ser preguntado por tal posibilidad.

Hornachuelos, en Córdoba, es el hermano pequeño de lo que será el almacén temporal de residuos de alta actividad, aunque la peligrosidad de las basuras que aloja no es comparable a las que recogerá el futuro centro (las de baja intensidad tienen una vida máxima de sólo 300 años). En su término municipal, Enresa habilitó la mina de El Cabril para recibir 2.000 metros cúbicos de residuos de baja y media actividad al año y, por ello, su presupuesto anual recibe una inyección de un millón de euros.

Paco Castro, de Ecologistas en acción, es escéptico con lo que considera 'poner parches' al problema de la energía nuclear: 'Estamos aplazando unos 80 años la decisión final de qué hacer con estos residuos, pero mientras no fijemos un calendario de desmantelamiento de las centrales se seguirán produciendo residuos altamente peligrosos'.

Las asociaciones ecologistas también están en la lista de los que intervendrán en la mesa de debate que el Gobierno abrirá en otoño sobre el tema. Enresa, las autonomías, partidos políticos y las empresas eléctricas están invitados.

Las eléctricas pagan la gestión

Quizá muchos consumidores lo desconocían pero, hasta el pasado 1 de abril eran ellos, mediante la factura de la luz, los que pagaban la totalidad de la gestión de los residuos nucleares con el argumento de que, en España, el 25% de la energía que se gasta es de origen nuclear.

La financiación de la gestión de residuos cambió el 12 de marzo de este año cuando el Consejo de Ministros, a propuesta del Ministerio de Industria, decidió darle una pequeña satisfacción a las asociaciones ecologistas.

Aprobó que, a partir del 1 de abril, el 75% de los 120 millones de presupuesto de la Empresa Nacional de Residuos Nucleares (Enresa) corriera a cargo de quienes producen la energía nuclear: las eléctricas.

Aun así, los consumidores contribuyen en el 25% restante que proviene del 0,173% de la factura de la luz que abonan los españoles.

El Gobierno decidió facturar mensualmente a las empresas una cantidad según su producción hasta que se desarrolle la tasa en la ley de Presupuestos Generales de 2006. Por nueve meses, Endesa deberá contribuir a la gestión de residuos con 42 millones de euros, Iberdrola con 38 millones, Unión Fenosa, con ocho millones y Cantábrico con dos.

Según el Ministerio de Industria, España es el único país donde las eléctricas no se hacían cargo del efecto económico de la gestión de los residuos. Pero no contribuirán a pagar las compensaciones que reciben los ayuntamientos donde están ubicadas las instalaciones nucleares.

Baja, alta y media

¿De dónde vienen los residuos nucleares de alta radiactividad?

Los residuos de alta actividad nuclear provienen de las centrales nucleares. Allí, la fisión del núcleo de átomos de uranio produce energía, pero el combustible, una vez utilizado, es altamente contaminante. Además es letal: si una persona se expusiera sin protección a un metro de distancia de los lodos, moriría a los pocos minutos. En España hay siete centrales y nueve reactores nucleares.

La medicina produce desechos de baja o media intensidad

Algo menos del 10% de los residuos de baja y media actividad nuclear proviene de usos distintos a la energía nuclear, entre ellos, la medicina. Una bata de un enfermo que haya recibido radiación va a parar al centro de residuos de media y baja intensidad de El Cabril. 600 hospitales españoles están autorizados.