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Tribuna
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Independencia y compromiso de buen gobierno

Para dotar de mayor transparencia a la gestión de la compañía, el autor propone el reparto de resultados entre los trabajadores. El objetivo final, agrega, es lograr que empleados, propietarios, consumidores y proveedores participen en el proyecto empresarial

El buen gobierno, lejos de ser moda pasajera o una imposición legal, se ha convertido en una necesidad corporativa que mejora la vida de las compañías y de sus gestores. Las empresas comienzan a asumirlo y adecuan su normativa interna para alcanzar los máximos niveles de transparencia, ética en la gestión, independencia u observancia de sus responsabilidades en la gestión y relaciones con la comunidad. La tarea no es fácil, y no en pocas ocasiones las dificultades son importantes.

Los problemas para un buen gobierno corporativo radican, no sólo en mantener la coherencia entre los intereses de accionistas y directivos, sino también en potenciar sistemas de información que hagan de la transparencia uno de los pilares básicos donde se asiente la gestión. De esta forma, todos los agentes que integran la organización y los grupos de interés relacionados tendrán la posibilidad de conocer su evolución, participar en el proyecto y manifestar sus preferencias.

El Grupo Eroski, tras la presentación de los resultados del ejercicio, anunció recientemente el reparto de resultados entre sus trabajadores propietarios como un exponente más de transparencia en la gestión, prácticas de buen gobierno corporativo y participación en la administración de la empresa.

El grupo nace con un proyecto empresarial fundamentado en el crecimiento mediante la alianza, lo que también se trasladó al aspecto social. Ahora Eroski está constituido por varias sociedades de procedencia y condiciones diferentes, pero iguales en lo esencial, con valores y cultura compartidos, donde la autonomía constituye uno de los aspectos básicos de la gestión y de las relaciones internas.

El buen gobierno es entendido como el conjunto de prácticas que tienden a mejorar la eficiencia en la gestión; dotar de mayor transparencia a todos los procesos decisorios y, por supuesto, a incrementar la seguridad y protección de los propietarios. En definitiva, acercar un poco más la empresa al concepto de organización formada por personas, que participan en ellas y desarrollan un proyecto común.

Grupo Eroski es fiel prueba de ello. Es una organización de personas. Más de 12.000 trabajadores son propietarios, participan en la gestión y en los resultados, para lo bueno y para lo malo, por cierto -lo que supone asumir también las pérdidas si las hubiera, aunque hasta ahora, como anunciaron recientemente, se reparten beneficios-. El porcentaje es también público: 50% a reservas para nuevas inversiones; un 40% a propietarios y un 10% a la Fundación Eroski para que desarrolle actividades sociales y solidarias -que lo devuelva a la sociedad-. El capital, además, se encuentra en manos de los socios trabajadores; trabajadores-propietarios que superan el 40% del total y de los que menos del 50% viven en el País Vasco. El resto están repartidos por toda España.

Una fórmula de estas características debe traducirse en una mayor implicación de los profesionales en la marcha de la empresa, y lo consigue. En este proyecto cada persona es un voto. Es por tanto un modelo social y empresarial integrado por personas de todas las regiones españolas, pero presidido por intereses comunes. También por consumidores. El 50% de los órganos de gobierno son representantes de este colectivo. El otro 50% es de los trabajadores propietarios. Ninguno de los consejeros de Grupo Eroski cobra retribución alguna, lo que contribuye a asegurar la independencia en las decisiones. Una independencia y transparencia que, junto a la voluntad de consenso siempre existente y a una estrategia basada en la alianza, en los acuerdos, en la integración de personas, en el compromiso social y en el crecimiento ético generador de riqueza, constituye su esencia real.

Nuestras normas de buen gobierno se soportan en un código ético que compromete a:

l Asumir y contribuir a la mejora continua de los niveles de responsabilidad social recogidos en la legislación.

l Verificar a través de indicadores la conducta ética de la organización para definir las áreas de actividad necesitadas de mejora.

l Fijar objetivos de mejora en la gestión ética y elaborar y adoptar planes para su consecución.

Grupo Eroski fue la primera empresa de distribución y una de las cuatro organizaciones que cuentan desde 2003 la acreditación SA 8000. Este refrendo asegura la implantación de un sistema de gestión ético, una gestión socialmente responsable y el respeto a los derechos humanos de cuantos intervienen los procesos de compra y contratación.

Nuestra sociedad exige a las empresas un cada vez mayor compromiso en políticas que favorezcan el desarrollo e integración de las personas, porque ambos siguen una espiral que redunda en el progreso social. Entendemos que el desarrollo de la participación requiere en cualquier organización la existencia de un buen clima interno, transparencia, información, una gestión interdisciplinar de los procesos, el trabajo en equipo, formación, etc.

Desarrollar esas prácticas supone dar valor real y facilitar la vida de las empresas, un mayor reconocimiento por parte del mercado y, sobre todo, hacer que todos los que la integran: trabajadores, propietarios, consumidores, proveedores, etcétera, participen de manera global de su proyecto. Debemos conciliar: crecimiento sostenible, mejora de las condiciones de vida del consumidor, progreso económico, solidaridad, etcétera. Todos ellos compromisos que exige la sociedad a las empresas y que nosotros asumimos con la puesta en práctica de una gestión sostenible y unas normas de buen gobierno que forman parte de nuestra identidad.

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