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Cuando el 'matonismo' impone su ley en la escuela

La próxima vez que sienta la tentación de echarse las manos a la cabeza tras escuchar alguna noticia sobre violencia escolar en Estados Unidos o Inglaterra, recuerde estas cifras. En España, 34.000 chicas sufren acoso sexual en los institutos, 14.000 quinceañeros aseguran haber sido forzados a hacer 'cosas inconfesables', 12.000 niños han sido amenazados con arma blanca al salir de la escuela. Los datos, recogidos en un informe escolar elaborado por el Defensor del Pueblo en 1999, han sido publicados recientemente en el Informe España 2005 de la Fundación Encuentro. Hace tan sólo unos días el suicidio de una adolescente en Elda, una tragedia presuntamente relacionada con una situación de acoso escolar, ha vuelto a poner estos datos sobre la mesa.

Aunque hay quien sostiene que los abusos entre compañeros en la escuela es un problema que ha existido siempre, algunas voces alertan de que estamos ante un fenómeno distinto. 'En los colegios siempre ha habido niños y niñas que se pelean y niños que abusan de otros más débiles, pero ésa es una situación muy diferente a la que surge cuando todo un grupo agrede, machaca, a veces con el mero hecho de hacer el vacío, a un adolescente o a un niño', explica Javier Urra, psicólogo de la Fiscalía de Menores de la Comunidad de Madrid y ex defensor del menor de esta región. Un adolescente, sostiene, no es capaz de soportar que todo un colegio o toda una clase le vuelva la espalda. 'En esto es en lo que ha cambiado la situación, en que el fenómeno de grupo se ha hecho intratable', resume.

En la misma línea los expertos de la Fundación Encuentro advierten que no es la edad del pavo, 'es el matonismo escolar lo que tenemos que atajar'. Un matonismo que no sólo se limita a los insultos, los golpes y las vejaciones, sino que adopta a menudo formas insidiosas de las que resulta muy difícil defenderse. Así, según una investigación llevada a cabo en el Reino Unido, el modo más temido de acoso por los menores es la puesta en circulación de falsos rumores.

Los niños cambian de carácter, se retraen, se entristecen, pero no hablan. Tienen miedo a ser tachados de chivatos y a las represalias

Observar y estar muy atento es la clave para detectar estas situaciones. 'La víctima no habla. A los profesores no se lo cuenta porque cree que los demás le tomarán por chivato y el tema se agravará. Tampoco se atreve a decírselo a sus padres porque teme que le consideren un fracasado, el patito feo o que digan que son cosas de niños', apunta Javier Urra. Un diagnóstico en el que coincide Jesús Ramirez, psicólogo infantil en un centro escolar. 'Los niños cambian de carácter, se retraen, se entristecen, pero no hablan. Tienen miedo a ser tachados de chivatos y a las represalias'.

El sufrimiento y el estrés que padecen las víctimas, señalan los especialistas, se ven multiplicados por el hecho de estar viviendo una etapa que es en si misma un conflicto: la adolescencia. 'Los adolescentes viven la angustia de una forma que los adultos ya hemos olvidado. Si un adulto sufre acoso en el trabajo habla con su familia, con el sindicato, con su pareja. Los adolescentes sólo tienen al grupo, si eso les falta les falta todo', advierte Urra.

Mientras Jesús Ramirez sostiene que los profesores detectan muy pronto estas situaciones, el psicólogo de la fiscalía de menores de Madrid asegura que no siempre es así. Urra reivindica un papel más activo por parte del profesorado ante estas cuestiones y un mayor apoyo a este colectivo desde la dirección de los colegios y la inspección escolar. En ese sentido, se muestra partidario de reformar el reglamento escolar de forma que pueda potenciarse la capacidad sancionadora. 'Hay una cuestión que tampoco se puede olvidar. Hay jóvenes que están estudiando obligatoriamente hasta los 16 años cuando son objetores de la enseñanza desde los 13. A estos adolescentes debería ofrecérseles otra salida, como algún tipo de formación profesional', concluye.

Cómo darse cuenta de que un niño sufre

El primer pensamiento de los padres que leen noticias sobre acoso escolar es para sus hijos. '¿Podría pasarle a mi hijo y no darme cuenta?' Jesús Ramírez, psicólogo infantil en un centro escolar, afirma que los padres se dan cuenta muy pronto de que algo va mal. La primera señal, advierten los especialistas, es el cambio de carácter del niño o el adolescente. 'Hay que hablar mucho con los hijos para detectar esos cambios, ese entristecimiento o ese silencio. Al hilo de casos como los que están ocurriendo hay que preguntarles directamente: ¿Está pasando algo así en tu colegio?', explica Javier Urra. También es aconsejable fijarse en si les faltan cosas, si no quieren ir al colegio o si tienen golpes o lesiones. La tercera gran medida: conocer a los amigos de los hijos y hablar también con ellos.