EDITORIAL

El precio del empleo

España tiene uno de los costes laborales relativos más caros de la Unión Europea por el peso de las indemnizaciones por despido. Es parte de la herencia de una legislación franquista celosamente paternalista, que trataba de compensar la falta de libertad política con la seguridad laboral, como si se tratase de mercancías homogéneas. Las sucesivas reformas del Estatuto de los Trabajadores desde 1980 han limado el proteccionismo del trabajador, acompañadas todas ellas de un curioso salto en la creación de empleo. La europeización del mercado laboral no se ha logrado, y la unificación del mercado, con la vertiginosa velocidad a la que se mueven capital y tecnología, convierte a la mano de obras en la parte más débil de la cadena productiva. No debe descartarse, por tanto, que se trata de una ficha a mover en la negociación abierta hace escasos días para ofrecer nuevos atractivos a la inversión. Aunque sin olvidar fiscalidad y formación.