Inteligencia Artificial

Un científico español crea una silla de ruedas que se mueve con la mente

Hoy por hoy, que un ciego pueda ver gracias al implante de electrodos en su cerebro o que un tetrapléjico mueva el ratón del ordenador, o una silla de ruedas, con la fuerza del pensamiento suena todavía a ciencia ficción, pero no lo es. En todo el mundo hay equipos de científicos trabajando en mecanismos que permitan que el pensamiento pueda manejar a las máquinas, cuya aplicación fundamental es la de mejorar la vida de los discapacitados.

El español José del Rocío Millán (La Palma del Condado, Huelva, 1962) es uno de esos científicos. Trabaja en el instituto Dalle Molle de Inteligencia Artificial (Idiap) en Martigny (Suiza). El más famoso de sus proyectos es precisamente el desarrollo de una silla de ruedas que pueda ser dirigida con el pensamiento. De momento (y por ello ha sido premiado por la revista estadounidense Scientific American), ha conseguido mover un robot por una maqueta con la imaginación.

¿Cómo es exactamente el proceso? Millán advierte que es difícil de simplificar, pero que se trata básicamente de medir la actividad eléctrica de un cerebro con una técnica no invasiva, un electroencefalograma, a través de un gorro similar a los que se utilizan para nadar y que lleva incorporado varios electrodos.

El proyecto de Millán ha sido premiado por la revista 'Scientific American'

El segundo paso es analizar el patrón de actividad eléctrica cerebral que corresponde a cada pensamiento. Por ejemplo, la idea 'imagino que muevo el brazo izquierdo', generará un patrón que se asociará con que el robot gire a la izquierda. Y aquí, cuenta Millán, aparece la mayor dificultad, 'el patrón de actividad electrónica que produce el pensamiento de mover el brazo izquierdo es muy similar al de mover el brazo derecho'. El científico español y su equipo han conseguido identificar tres pensamientos, que en cada persona pueden ser diferentes. Se requiere un cierto entrenamiento para que el ordenador pueda reconocer cada patrón de actividad eléctrica.

Otro de los proyectos que lidera Millán es aquel que pretende poder mover un brazo artificial como base para desarrollar prótesis, aunque especifica que todavía no ha conseguido ningún resultado. Cuenta también que lleva desde 1996 investigando este tipo de tecnologías y que los éxitos no han llegado desde el primer día. 'La idea de controlar las máquinas con el pensamiento ha fascinado a la humanidad desde siempre'. Los investigadores que trabajan entre las neurociencias, la informática y la ingeniería biomédica empezaron a desarrollar los primeros prototipos de interfaces cerebro-máquina a mediados de los noventa.

'Hemos tenido resultados sorprendentes, es cierto, pero hay que ser muy cauto antes de hablar de aplicaciones prácticas'. Asegura que antes de poner un invento en el mercado habría que asegurarse de que funciona 'de manera robusta, para todos y siempre'; 'en diez años deberíamos tener algo'.

Una de las primeras experiencias desarrolladas en este campo data de 1993, cuando la compañía japonesa Fujitsu empezó a trabajar también en un dispositivo que permitía a un usuario mover el cursor en una pantalla de ordenador únicamente con el pensamiento. Al igual que en el proyecto de Millán, la clave está en detectar el tipo de ondas cerebrales que genera un determinado pensamiento y que es diferente al que genera cualquier otro.

Fujitsu desarrollaba un dispositivo basado en material superconductor similar a un casco, pero que contaba con la ventaja de que evitaba conectar los electrodos al sujeto. El problema con que se encontró es conseguir que los superconductores, que funcionan a temperaturas bajísimas, trabajaran también a temperatura ambiente.

Millán resume así la situación de la relación pensamiento-máquina: 'Todavía en la infancia, pero no en el reino de la ciencia ficción'.

La convergencia tecnológica y el camino a la comercialización

La semana pasada se celebró en Barcelona el primer Fórum de Tecnologías Convergentes. La tesis que se defendió es que la biotecnología, la nanotecnología, las tecnologías de la información y las ciencias cognitivas tienen que trabajar juntas para conseguir dispositivos que mejoren la calidad de vida de los discapacitados.

Jesús Rodríguez-Cortezo, de la Fundación Opti, explica que el siglo XX fue el del hombre tecnólogo, 'que sabía mucho pero sólo de una cosa muy concreta; este siglo es interdisciplinar, si esto no se entiende se ha acabado el progreso' .

La experiencia del científico español José del Rocío Millán al respecto es que 'ningún instituto del mundo puede permitirse trabajar así. Económicamente no se podría mantener un equipo con los primeros de cada disciplina. Pero es cierto que el espíritu debe ser ese, hay que tender hacia una red virtual de expertos a la que poder acudir cuando lo necesites'.

Uno de los puntos clave del avance de estas tecnologías es la financiación. Por ahora, a juicio de Rodríguez-Cortezo, 'la industria tiende a ser conservadora'. 'Hay que cambiar la mentalidad', explica, 'todo esto suena todavía muy lejano, pero si la sociedad es consciente de que se puede mejorar muchísimo la calidad de vida de los discapacitados, al final habrá financiación, porque la industria es en el fondo sociedad civil. Se darán pronto cuenta de que será un sector con una actividad económica muy importante, pero por ahora se necesita inversión pública'.

Ordenadores que perciben el sentir del hombre

Los trabajos de investigación máquina-hombre no se limitan a la búsqueda de ingenios que mejoren la vida de las personas discapacitadas. Microsoft, sin ir más lejos, lleva a cabo trabajos de investigación dentro del área de la inteligencia artificial. El grupo Visual Computing, dentro de Microsoft Research, está inmerso en proyectos de detección y reconocimiento de rostros en tiempo real o análisis de rasgos faciales, entre otras cosas. Aunque en la actualidad este tipo de avances nos parecen aún muy lejanos, podrían ofrecer grandes posibilidades para el usuario doméstico, como por ejemplo aumentar la seguridad de sus equipos personales al poder acceder a ellos solamente a través del reconocimiento facial.

'El futuro traerá ordenadores capaces de reconocer lo que están percibiendo, y preparados para actuar en consecuencia', explica Nuria Oliver, investigadora española miembro de Microsoft Research en Redmond. 'Dentro de algunos años veremos máquinas que interactuarán con el hombre como si de un hombre se tratase, sintiendo alegría, tristeza, confusión o miedo', añade.

En los laboratorios de IBM también se ha creado un ratón emocional que funciona con el simple contacto con la mano. Mide el pulso, la temperatura del cuerpo, el sudor y la actividad somática general, es decir, las señales del estado emocional de la persona, y podría utilizarse, por ejemplo, en programas de formación con ordenadores para detectar el nivel de estrés de los estudiantes, o para incrementar la emoción de los videojuegos dependiendo de las reacciones del usuario. Esta tecnología también podría aplicarse a los volantes de los automóviles para determinar el grado de tensión y nerviosismo de los conductores. Este desarrollo forma parte de la iniciativa BlueEyes de la compañía, encaminada a crear dispositivos informáticos dotados con las habilidades perceptivas que consideramos naturales en un ser humano.