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Chan Chan, coloso de barro

Se han escrito libros y teorías algo fantasiosos sobre los misterios de Chan Chan. Los verdaderos arcanos son las incógnitas que aún se resisten a los historiadores. Se sabe que fue la capital del imperio chimú, el cual se extendió por la costa oeste de Perú entre los siglos IX y XIV de nuestra era. En esos seiscientos años, la ciudad fue creciendo hasta albergar a unos 100.000 habitantes, dispersos en un área de unos veinte kilómetros cuadrados. Cada gobernante creaba su propio palacio o ciudadela; se han hallado nueve, y sólo uno, llamado Tschudi (en honor a un erudito suizo que indagó en Perú y publicó los primeros planos del sitio, a mediados del XIX) ha sido parcialmente desenterrada y abierta a las visitas.

Aquello parece un laberinto. Cada palacio sólo tenía una entrada, y el acceso a las diversas plazas y estancias se hacía de forma indirecta, sin puertas. Lo primero que uno se imagina al ver aquello es que está en la Mesopotamia bíblica. Los muros son monumentales, siempre en adobe y tapial, adornados por frisos o bandas de bajorrelieves que repiten ristras de pájaros o peces estilizados. Material tan friable como el barro alcanza una cima de perfección, casi como encaje, en relieves, balaustres y calados o rejillas. En la ciudadela Tschudi, una inmensa plaza ceremonial sirve de eje para el despliegue de corredores, habitáculos y plazas menores, el huachaque o reservorio de agua, el espacio funerario donde al rey sepultado acompañaba un cortejo de casi un centenar de personas sacrificadas, junto al bramido del mar.

No se ven las conducciones subterráneas de agua, que permitían llevarla lejos, sin pérdidas. Los chimú eran expertos en cuestión de riegos y técnicas agrícolas, además de buenos orfebres. Un museo de sitio atestigua el esplendor de esta cultura, sometida por el inca Tupac Yupanqui en 1470. Cuando a su vez cayó el imperio inca a manos de los españoles, Diego de Almagro fundó, en 1534, una ciudad sucesora de Chan Chan, a menos de una legua; la llamó Trujillo, en honor a la patria chica de Pizarro. Trujillo se convirtió pronto en urbe próspera, en cuyo puerto hacía escala el oro incaico que las naves españolas transportaban a Panamá, y de allí a la lejana metrópoli.

La ciudad sucesora de Chan Chan, Trujillo, es una de las urbes coloniales mejor conservadas de Perú por su arquitectura y aficiones

Todavía es Trujillo una de las ciudades coloniales mejor conservadas del Perú. No sólo en su arquitectura, también en el orgullo de sus vecinos, aficionados a las corridas de toros, los caballos de paso fino o las galantes danzas marineras. La plaza de Trujillo es de las más bellas de América. Allí se gritó por vez primera la independencia del Perú (en 1820). La catedral primitiva quedó arrasada por un terremoto y fue sustituida por la actual, en el siglo XVII. En la perfecta cuadrícula del casco viejo se engarzan casas señoriales que mantienen todo su clima colonial; como la casa Urquiaga, donde se alojó el libertador Bolívar, o la Casa de la Emancipación, especie de santuario cívico (allí se fraguó el movimiento separatista que llevaría a la independencia, y se hace memoria, además, del gran poeta César Vallejo, que era de Trujillo).

Muy cerca de esta población quedan otros vestigios sorprendentes: las pirámides del Sol y de la Luna. En realidad, forman parte de una ciudad moche que permanece enterrada entre ambas estructuras. La cultura moche es anterior a la chimú: se desarrolló entre los siglos III y VII de nuestra era. La pirámide del Sol es tan grande como la mayor de Egipto, sólo que amasada con más de cien millones de adobes, erosionados por el tiempo y los buscadores de tesoros. La pirámide de la Luna esconde relieves policromados adornando las paredes que representan al terrible Ai Apaec, el dios degollador y felino. Son de admirable expresividad, lo mismo que los huacos (pequeños recipientes de cerámica) que repiten escenas y tipos cotidianos con notable realismo. No andan lejos otras huacas o yacimientos, como la Huaca Esmeralda, la del Arco Iris o la del Brujo; en esta última, unas cordadas de prisioneros desnudos llenando un friso polícromo hacen de nuevo pensar en la remota y bíblica Mesopotamia.

Guía para el viajero cómo ir dormir comer

Iberia (902 400500) ofrece un vuelo diario de Madrid a Lima; se pueden obtener billetes en internet a través de iberia.com a partir de 749 euros ida y vuelta, o en agencias. Desde Lima hay varias compañías (LanPerú, Aerocontinente) con vuelos domésticos hasta Trujillo. El Corte Inglés (www.viajeselcorteingles.es) ofrece dos paquetes que incluyen esta zona en el recorrido: 'Perú arqueológico', 14 días, a partir de 2.797,50 euros; y 'Aventura peruana en 4x4', 9 días, a partir de 1.880.

l Hotel Libertador (en la plaza mayor de Trujillo, Jirón Independencia, 485, teléfono 44 232741) es uno de los edificios que da encanto a la plaza, con estilo colonial y una decoración muy evocadora, dentro tiene un patio con piscina, 78 habitaciones con todo confort y buen gusto. Los Conquistadores (Diego de Almagro, 586, tel. 44 244505) menos lujoso que el anterior, pero igualmente céntrico; tiene aparcamiento vigilado y un buen restaurante. Más económicos son el hotel Pullman (Jirón Pizarro, 879, tel. 44 203624) o el Americano (Jirón Pizarro, 764, tel. 44 241361). En la zona playera de Huanchaco, a unos 15 kilómetros de Trujillo: hostal Caballito de Totora (Avenida La Rivera, 219, tel. 44 461004), con vistas a la playa, piscina y café-terraza; y Huanchaco Internacional (Jirón Víctor Larco, 287, tel. 44 461272).

l En Trujillo: Restaurante Romano (Jirón Pizarro, 747, tel. 44 252251), pastas italianas. El Mochica (Jirón Bolívar, 462, tel. 44 231944), cocina peruana a precios razonables y música folclórica las noches del fin de semana. Austrias (Jirón Pizarro, 741, tel. 44 258100), elegante.