COLUMNA

Sobre la política del FMI

La noticia del nuevo ultimátum del Gobierno argentino respecto a la quita de su deuda externa coincide con la celebración de dos conferencias del Fondo Monetario Internacional (FMI). Hoy y mañana se celebra en Madrid una conferencia internacional copatrocinada por el Banco de España y el FMI a raíz del 60 aniversario del acuerdo de Bretton Woods. Hace unos días (4 y 5 de junio) tuvo lugar en Washington otra conferencia celebrando también el 60 cumpleaños de Michael Mussa, asesor económico del Fondo y director de su servicio de estudios entre 1991 y 2001. Recientemente se ha publicado un artículo sobre la historia de dicho organismo: El FMI y la fuerza de la historia: diez acontecimientos y diez ideas que han dado forma a la institución (James Boughton, mayo 2004). Es un momento adecuado para discutir la política del FMI, y los economistas españoles encontramos además el interés de que su nuevo director gerente es el anterior ministro de economía del Gobierno de España.

Un tema que se ha mencionado en diversas ocasiones se refiere al efecto negativo de la financiación del FMI sobre la disciplina de los países prestatarios; es decir sobre el efecto de 'riesgo moral' o 'abuso de confianza' (traducción libre que puede reflejar el concepto que hay detrás de la expresión moral hazard). Los argumentos teóricos en que se apoyan las políticas de financiación del FMI señalan que las mismas provocan incentivos positivos en los países receptores, que se ven impulsados a llevar a cabo reformas estructurales o de política económica que, en última instancia, contribuyen a evitar un mayor deterioro de sus fundamentales.

Si esto es así, la ayuda del FMI no provoca un riesgo moral, sino todo lo contrario. Sin embargo, sí se produciría tal efecto si lo único que hicieran los países receptores fuese anular las medidas que hubiesen establecido para moderar el impacto de una eventual crisis, ante la certeza de que la ayuda del Fondo reduce su probabilidad. En este caso, lo que debería hacerse es incrementar los costes de la crisis, ya que así se forzaría a los países a realizar el esfuerzo adecuado.

Es buen momento para reflexionar sobre el papel del Fondo, sus objetivos y sus medios

El llamado teorema de Mussa señala que si los prestamos del FMI se pagan, el FMI no provoca riesgo moral. Este teorema se basa en dos supuestos esenciales. El primero se refiere a que el país receptor se encuentra gobernado por un político que busca maximizar el bienestar del residente representativo. Que se cumpla este supuesto implica que las crisis no repercuten sobre los sujetos impositivos ni provocan políticas laxas que beneficien a las elites dominantes o perpetúen distribuciones injustas de renta. El segundo supuesto exige que el FMI cargue un tipo de interés actuarialmente correcto; es decir que refleje el riesgo de impago para dicha institución.

Si se cumplen esos supuestos, en teoría no se produciría riesgo moral, ya que los Gobiernos prestatarios ajustarían su comportamiento a la existencia de esos mecanismos de seguridad de forma eficiente, de forma que dirigirían sus esfuerzos a arreglar sus problemas. Los dos supuestos sirven para asegurarse que la ayuda financiera del FMI no se convierte en un subsidio. En general, la evidencia señala que los países cumplen con el FMI devolviéndole los prestamos (otra cosa es al sector privado) y realizando los ajustes impuestos.

Sin embargo, un caso diferente precisamente lo constituyen los préstamos a gran escala realizados a Argentina en 2000 y 2001. Argentina ya tenía obligaciones frente al Fondo que eran consecuencia de problemas fiscales que implicaban un riesgo de crisis por cuenta de la balanza de capital; riesgo que se materializó y afectó a todos, incluso al FMI. Este puede ser un ejemplo de riesgo moral. Sin embargo Argentina sigue atrayendo capitales e imponiendo condiciones que sólo se entienden si se piensa en el populismo de los Gobiernos o en argumentos geopolíticos.

Esto nos lleva a plantearnos dos preguntas. La primera se refiere a si FMI crea los incentivos adecuados, porque es evidente que reduce la percepción de crisis y los Gobiernos no reaccionan positivamente. La segunda trata sobre las medidas de condicionalidad de las políticas del Fondo, ya que parece que no están bien definidas ni tampoco bien exigidas. Por lo tanto, es buen momento para reflexionar sobre su papel en la comunidad internacional, sus objetivos y medios.

Economista