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Tribuna
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La biomedicina, apuesta del CSIC

El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) es pionero de la investigación biomédica en España, según su presidente, que responde aquí a las opiniones sobre el organismo expresadas por Mariano Barbacid, director del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas

El director del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), Mariano Barbacid, realizaba en una entrevista publicada en Cinco Días el pasado lunes, 22 de marzo, unas declaraciones que necesitan ser puntualizadas. De otro modo podrían interpretarse como una descalificación de las posibilidades del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) para el desarrollo de la biomedicina en España. Nada más lejos de la realidad. El CSIC fue pionero en España en la investigación biomédica y continúa siendo uno de sus principales protagonistas. Baste decir que en el área de biomedicina y ciencias de la salud el Consejo acapara el 22% de las citas que reciben publicaciones de instituciones españolas en las principales revistas científicas internacionales.

Las opiniones expresadas por el director del CNIO son de su exclusiva responsabilidad, pero debo corregir algunos datos erróneos o confusos sobre el CSIC que aporta en la entrevista.

El Consejo Superior de Investigacio-nes Científicas obtiene un elevado porcentaje de sus recursos para proyectos de manera competitiva

En primer lugar, no es cierta la aseveración de que este año el CSIC 'sólo ha sacado una plaza de investigador en el área de biomedicina'. En 2004, el Consejo convocará 16 nuevas plazas de investigador biomédico y otras ocho de técnico en esta área (fueron 9 y 21, respectivamente, en 2003). En los últimos años el CSIC está promocionando a puestos de mayor nivel a una treintena de investigadores de plantilla en el área de biología y biomedicina, en función de sus méritos y productividad científica. Estas cifras corroboran la línea ascendente que sigue hace años la oferta de plazas estables en el CSIC. En 2004 el Consejo ofertará un total de 100 nuevas plazas de científico titular. Pero tan importante o más que estos datos es el hecho de que toda la oferta de plazas se basa en concursos abiertos, muy competitivos. Los candidatos que obtienen una plaza nueva o una promoción interna han de acreditar elevados méritos. El acceso a nuestras plantillas sólo lo logran científicos consagrados, a menudo tras haber trabajado o ejercido responsabilidades en grupos importantes en otros países.

En segundo lugar, Barbacid afirma que 'la media de edad de los científicos que se incorporan al CSIC es de 38 años', edad que, según da a entender, no coincide con 'el momento óptimo de productividad' de un investigador. Considero que es una afirmación parcial que induce a confusión y que podría interpretarse como despectiva, aunque no sea su intención.

Conviene precisar que, si bien es cierto que la edad media de acceso a la condición de investigador estable se sitúa en torno a 36 o 37 años, el Consejo incorpora de forma continua a científicos más jóvenes. En el área de biología y biomedicina, además de 400 investigadores de plantilla, contamos en la actualidad con más de un millar de becarios predoctorales (de 23 a 28 años) y con unos 400 investigadores contratados no permanentes (mayores de 28 años), 130 de éstos con un contrato Ramón y Cajal.

Muchos de estos jóvenes investigadores accederán a una plaza estable a través de un concurso-oposición, que reúne las necesarias características de transparencia, mérito y capacidad. Antes de llegar a ello pasarán por un proceso de evaluación continua, cada vez más exigente debido a la competitividad de nuestros jóvenes investigadores.

El requisito de que en el CSIC no se acceda a la condición de investigador estable sin haber superado varios filtros de calidad no es ajeno a lo que ocurre en otras instituciones prestigiosas del mundo. En todas existe la figura del científico estable en plantilla, a la que una proporción de investigadores accede en una etapa de madurez profesional. Sorprende, en función de otras opiniones expresadas por el director del CNIO en la entrevista, su crítica a que en el CSIC sólo se alcance la condición de científico estable tras haber acreditado una larga y sólida trayectoria investigadora.

En tercer lugar, respecto a la obtención de fondos para proyectos de investigación, quiero hacer notar que el CSIC obtiene un elevado porcentaje de sus recursos para proyectos de manera competitiva, acudiendo tanto a fuentes de financiación pública -españolas, de la Unión Europea e internacionales-, como de empresas privadas. Estos recursos se obtienen en proporciones incluso más favorables que aquellas del CNIO de las que su director da cuenta.

Procede, por último, recordar que el regreso de Barbacid a España en 1998, gracias a la iniciativa del Gobierno y al interés expreso de su presidente, contó con el firme apoyo del organismo que presido. El CSIC albergó al grupo de investigación de Barbacid en uno de sus institutos emblemáticos durante varios años, en condiciones muy favorables. El Consejo ha representado siempre un ámbito fundamental para la promoción de la investigación biomédica en España, siendo el origen de carreras científicas tan brillantes como la del propio Barbacid, entre otros muchos.

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