COLUMNA

México, diez años después

El Tratado de Libre Comercio (TLC) de México, EE UU y Canadá acaba de cumplir diez años desde su entrada en vigor el 1 de enero de 1994. Una década desde la apertura de México a las poderosas economías del norte. Una pieza más de un mosaico de mercados regionales que pueblan el nuevo continente -Mercosur, Pacto Andino...- que precede a la constitución del Área de Libre Comercio de las Américas.

Pero si el TLC cumple años, lo que desde luego no ha cumplido son las expectativas que se marcaron sus progenitores mexicanos. Con un modelo económico agotado y un sistema político de nula credibilidad, en pleno proceso de renovación interna, no exento de turbulencias políticas, el presidente Salinas de Gortari afirmó en 1994 que el TLC abría a México las puertas del Primer Mundo.

El PRI de los dinosaurios y la mordida, de la corrupción política generalizada, tenía sus propios mecanismos internos para formar sus liderazgos. El dedazo que, previa consulta con los dinosaurios, imponía el presidente electo se dirigió a Salinas. El tapado era el hombre que podía, y debía, abrir la economía mexicana al libre comercio, emprender ambiciosos programas de privatizaciones y modernizar un Estado, y un partido hegemónico, anquilosado y tributario de una tupida red capilar de intereses clientelares. Lejos quedaba el mandato de un Lázaro Cárdenas al que no le tembló el pulso para emprender la nacionalización de las compañías petrolíferas. Son las contradicciones de un partido que se calificaba a un tiempo de revolucionario y de institucional. Y es que sólo en el México del PRI podían convivir la oligarquía más cerrada con un partido que seguía evocando a Zapata y a Carranza.

Pero la fractura social del país, con una revuelta indígena en Chiapas, y un sistema político esclerótico, acabaron explotando. Zedillo, el presidente tecnócrata, cedió el poder por primera vez a un líder del PAN, Vicente Fox. El viejo partido de Fernández de Cevallos, que desde los años cincuenta fue progresivamente consolidando cuotas de poder local y haciéndose con el control de importantes Estados como Jalisco o la Baja California, acabó dando el sorpaso con la Presidencia de la República.

Hoy los mexicanos, con la fina ironía que les caracteriza, dicen que se ha ganado la presidencia pero el resto del Estado sigue siendo priista. La falta de competitividad, de reformas políticas y estructurales, y la falta de liderazgo para emprenderlas lastran el futuro de la economía azteca. El Banco Mundial, en su informe sobre México, bajo la rúbrica Lecciones sobre el TLC, dice 'el libre comercio por sí solo no es suficiente sin una reforma significativa de las políticas e instituciones'. Para competir en los mercados mundiales no basta que la empresa sea eficiente y moderna, es necesario que el país sea eficiente y moderno, que genere confianza y, lo que es lo mismo, que proporcione un marco jurídico e institucional estable. Y sobre el México del PAN, y de Vicente Fox, sigue pesando el legado del PRI, la gravosa herencia de un partido con sus clientelismos y prácticas corruptas, contra las que siguen estrellándose las reformas del nuevo mandatario. Sólo hay que echar un vistazo al balance de esta década.

Hace diez años había una afluencia de capitales extranjeros y de multinacionales a México ante la perspectiva de entrar, sin trabas, en el mayor mercado del mundo. Hoy los costes suben, la productividad baja y la inversión extranjera se desvanece. El efecto tequila de finales de los noventa ha desaparecido, y la economía ha vuelto a caer. No hay un tejido de pymes, pero sí de changarros (empresas de economía sumergida), que representan el 78% de las empresas del país. Y el paro sube pese a exportar ilegalmente su mano de obra al otro lado del río Grande.

Huntington dijo que México, como Turquía, es un ejemplo de país desgarrado. Es decir, y en su terminología de choque de civilizaciones, un país que siendo culturalmente una cosa -latino-, pretende ser otra -norteamericano-. ¿Cuál es la receta para alcanzar la deseada convergencia con el norte? Según el Banco Mundial, inversión en educación, I+D, infraestructuras y reformas institucionales para acabar con la delincuencia, la burocracia y la inseguridad jurídica.

Abogado del Estado, diputado del PP por Girona y portavoz de Presupuestos del Grupo Popular en el Congreso