Marcos de Castro

"Algún día se dejará de primar a las empresas que despiden gente"

Marcos de Castro lleva casi toda su vida en contacto con las cooperativas, una forma societaria de la que nació el concepto de economía social. El desarrollo de esos valores y el crecimiento del movimiento cooperativista impulsó la creación en 1992 de Cepes (Confederación Empresarial Española de la Economía Social), una organización que representa a 25.000 empresas que emplean a 620.000 trabajadores y que preside Marcos de Castro. En Cepes se incluyen sociedades laborales, mutualidades, fundaciones, compañías de inserción, cooperativas y centros de empleo.

Pregunta. El concepto de economía social abarca muchas organizaciones, pero no existe conciencia de esa dimensión, ¿por qué?

Respuesta. Por varios motivos. En primer lugar, porque hay una gran dispersión de intereses y de tipologías. Y en segundo, porque existe una gran localización debido a que la mayoría tiene un gran compromiso local. Eso hace que se pierda la perspectiva y la dimensión real.

P. ¿Por qué está en auge el concepto de economía social?

R. La sociedad industrial tradicional no lo necesitaba, como tampoco necesitaba la figura del emprendedor, ni al trabajador que pensaba. La economía social nace como solución espontánea y marginal de los problemas de la economía tradicional; por ejemplo, Mondragón.

Además, estamos en un momento de cambio de roles sociales, en todos los sentidos, como consecuencia de la decadencia de la sociedad industrial tradicional. El concepto de familia, de pareja, ha cambiado y el empleo surge como un problema social. Es así como nace la figura del emprendedor y es por ello que la economía social es potenciadora de esta figura. En definitiva, la economía social es la que provoca los instrumentos que el mercado tradicional no es capaz de generar para solucionar sus propios problemas.

P. ¿Y cómo encaja esto con la globalización?

R. La globalización contribuye a crear una mayor exclusión, pero ello provoca a su vez un movimiento que busca la cohesión social. Y la economía social es un instrumento de esa cohesión social.

Pero estamos en un proceso incipiente. Por ejemplo, no entendemos por qué el Ministerio de Trabajo hace, a instancias de Bruselas, un Plan de Empleo y un Plan de Inclusión Social. No se puede hablar de inclusión social sin hablar de empleo.

P. Están naciendo muchos conceptos y distintos. Por ejemplo, ¿qué diferencias hay entre tercer sector, economía social, responsabilidad social corporativa?

R. Es cierto que tanta variedad puede confundir. Hay dos grandes capítulos; el primero, que es el del tercer sector, economía social, sector solidario o economía solidaria. El segundo capítulo es el que engloba la responsabilidad social corporativa y el gobierno corporativo. En el primer caso creo que esta pluralidad de nombres se debe a que es un sector emergente, muy rico en formas y potente, pero también a otro aspecto más preocupante y es que las diferencias de matices y la localización provoca que surjan diferencias. El peligro para el movimiento social es que estas diferencias se sobrepongan a los puntos comunes.

Además no existe una definición jurídica de los conceptos. La idea de tercer sector nace cuando aparece algo que no es ni el sector público ni el mercado. La idea de economía solidaria es más local y actúa en términos de compromiso solidario, mientras que la economía social se integra más en el sistema económico. Yo creo que todo es economía social y la diferencia con la economía tradicional es que ni las decisiones, ni el reparto se hacen en función del capital, sino de las personas; todo ello, acompañado de una optimización de los recursos, ya que se requiere una buena gestión empresarial.

P. ¿Y la responsabilidad social corporativa?

R. Hay comportamientos que ya no son admisibles para el sistema productivo; nace así el concepto de sostenibilidad, de comportamiento ético con el medio ambiente, con el entorno social, de gestión de calidad y de traslación de esos conceptos a los proveedores y clientes. Empieza a haber una falta de tolerancia del mercado hacia determinados comportamientos empresariales.

Como conceptos ya no son discutibles; el siguiente paso es trasladar esos valores sociales al comportamiento económico. Hay una traslación de valores de la economía social a la economía tradicional y de integración de ambos conceptos: hay que ganar dinero, pero con un determinado comportamiento. En este contexto, llegará un momento en que a las empresas no se las primará por despedir gente.

P. Pero en muchos casos los despidos hacen que las empresas suban en Bolsa.

R. Pero eso está cambiando; de hecho, ya hay fondos éticos para invertir. Dentro de poco, una empresa no podrá decir, simplemente, 5.000 a la calle. Tendrá que demostrar que es la última oportunidad de salvar a la compañía, porque no se puede maltratar a quien nos ha tratado bien. Además, si hay despidos, habrá que ayudar antes a esas personas a buscar alternativas. Esto supone un estilo y una cultura diferentes.

El auge 'espontáneo' de las compañías de inserción

El mapa empresarial actual está en plena ebullición con el surgimiento de nuevas formas de sociedades, muchas de ellas ligadas al concepto de economía social. En este marco se encuadran las empresas de inserción que nacieron a partir de 1997 como consecuencia 'de un fenómeno de exclusión social dentro del mercado', según explica Marcos de Castro.

Según el presidente de Cepes, este proceso 'provoca, a su vez, comportamientos económicos para mantener la cohesión social. Entonces empiezan a surgir de forma espontánea empresas de inserción que intentan devolver el entorno laboral a personas excluidas, como los parados de larga duración, algunos colectivos de mujeres, toxicómanos o ex presidiarios. Junto a estas empresas, que nacen con unos planteamientos muy sencillos (por ejemplo, inducir la disciplina horaria en determinados grupos), hay proyectos perfectamente vertebrados como es la ONCE, cuyo grupo empresarial persigue la inserción', añade.