A examen

Cómo crear una web navegable

Existen herramientas y métodos que garantizan la manejabilidad de un sitio virtual: analizan su estructura, detectan fallos y favorecen la satisfacción final del internauta

Hubo un tiempo en que una página web era una sucesión de caracteres con tamaños diversos, estilos que iban de la negrita a la itálica, alguna imagen enmarcada en una fina línea azul y un fondo con aspecto de grisalla. Hoy se han transformado en ríos de imágenes suavemente fundidas, con transiciones cinematográficas y complejas programaciones vanguardistas y pesadas.

Entre aquella pulcritud y simpleza obligada de los orígenes y el despilfarro gráfico y visual de la actualidad hay un término medio. Es un equilibrio muy difícil de encontrar y que todo el mundo busca: el mejor diseño web o, lo que es lo mismo, la más nivelada unión entre los componentes gráficos y la manejabilidad o usabilidad.

Pero qué es la usabilidad. Más que esencia, es una respuesta a la pregunta de si un sistema, página o sitio es lo suficientemente bueno para satisfacer las necesidades y requerimientos de quien lo utiliza. Hace años que se viene sentenciando que este concepto no es una propiedad unidimensional de la interfaz de usuario, sino que tiene múltiples componentes y tradicionalmente está asociada a atributos como la facilidad de aprender, la facilidad de memorización, la minimalización de los errores y la citada satisfacción final del usuario.

Una web debe tener un público objetivo y superar sus limitaciones técnicas

Un analista en manejabilidad mira una web como Neo percibe Matrix: ve sus tripas, sus programas, su esencia. Percibe la estructura del documento, el peso oportuno o no de las imágenes, verifica los hiperenlaces y los navegadores soportados, comprueba los metatags y la estructura de los formularios, analiza la hechura de las tablas... Haciendo todo esto habríamos diseccionado cualquier web y comprobado su manejabilidad, pero necesitaríamos tener cierto conocimiento informático y de programación en el lenguaje html para afrontar con garantía el reto.

Desde un punto de vista más simple y eficaz, es la opción que nos permite asegurar que nuestra web empresarial, profesional o personal es mayoritariamente efectiva y cubre las necesidades de todos y cada uno de nuestros clientes presentes y futuros. Para garantizarla necesitamos evaluar nuestra web con dos simples objetivos: uno informativo, para encontrar aspectos de la interfaz de usuario que causen problemas y sugerir las correcciones apropiadas, y otro social, para convencer a nuestros desarrolladores o informáticos de que existen problemas en el diseño que deben ser solucionados.

Si partimos de cero todo resultará más fácil. Basta con identificar el objetivo específico de la web, identificar el público al que va destinada y las limitaciones técnicas de los usuarios. Una vez conocidos resulta clave no apartarse un ápice de las líneas que marcan esas identificaciones: si nuestros usuarios usan Mac o Linux, navegadores como Opera o Gecko, conexiones lentas o de banda ancha, si su nivel cultural es medio o alto, si su gusto tecnológico se inclina por la innovación rabiosa o la experiencia... En función del resultado del examen habrá que presentarle una oferta u otra.

En caso de que el sitio que es objeto de evaluación ya esté construido, habrá de darse cuatro pasos inevitables. En primer lugar, será necesario recopilar la información contextual del negocio para la audiencia, pasando por los objetivos y logros conseguidos hasta la fecha y por los problemas conocidos. Porque mejorar la satisfacción de nuestros usuarios es básicamente una cuestión de cambio de enfoque.

El siguiente paso nos dirigirá hacia la selección de los factores de manejabilidad de la actual plataforma y las técnicas de análisis que deben ser empleadas. Así, serán fijadas unas medidas de referencia satisfactorias. En función de la naturaleza de estos factores se deberían elegir las técnicas de análisis más convenientes, que irán de la denominada evaluación heurística al paseo cognitivo o los tests de manejabilidad con usuarios reales.

Probablemente bastará con seguir otros dos procesos sencillos. A través de cuestionarios y entrevistas, o considerando las opiniones de un experto, se pueden analizar los factores de usabilidad y, posteriormente, elaborar un documento formal que permita a los responsables del proyecto decidir sobre la oportunidad, o no, de llevar a cabo acciones correctoras.

Tan simple y, sin embargo, tan complejo. Aunque no hay que preocuparse más de lo debido porque siempre quedan a mano herramientas automáticas capaces de abrir la web de par en par e iluminar sobre posibles errores. Páginas como la del Doctor Html (www.doctor-html.com/RxHTML/cgi-bin/single.cgi) pueden diseccionar cualquier tipo de página en unos segundos y dar una visión de los defectos.

Quien quiere saber más sobre este concepto también cuenta con la ayuda de expertos hispanos, como la que aporta Jesús Tramullas (en la página www.tramullas.com/infodesign), que resultan inestimables. A fin de cuentas, la verdad está ahí afuera.

La lista de Nielsen y la obviedad

Jakob Nielsen (Useit.com), incontestable gurú de la usabilidad, publica desde 1996 su lista de los 10 principales errores que se cometen en la Red. La lista ha visto aparecer en diciembre su tercera edición sin que hayan variado mucho los errores detectados en las páginas.

La ausencia de precios en los sitios de comercio electrónico sigue siendo, inexplicablemente, el principal problema, junto con la escasa flexibilidad de los motores de búsqueda. Según Nielsen, la búsqueda tiene que funcionar correctamente con distintas formas gramaticales de palabras y tener algoritmos de filtrado actuales.

Además, las webs empresariales siguen utilizando barras de navegación horizontales, sobre todo en ventanas con dimensiones estándares, y fuentes de tamaño fijo (normalmente demasiado pequeño), que no pueden ser cambiadas con un comando apropiado del navegador.

También son comunes bloques de texto muy grandes que, además, no se dividen en fragmentos para facilitar una lectura más cómoda. Y las webs están repletas de javascript en los links, lo que impide saber adónde lleva el enlace.

Los FAQ (documentos con las preguntas más frecuentes) siguen respondiendo más al interés de los propietarios de las páginas que al de los internautas, como demuestran también los formularios en que se recogen datos que nadie sabe dónde acabarán.

A todo esto hay que sumar direcciones de más de 75 caracteres, tan largas que no sólo es imposible memorizarlas, sino casi introducirlas en la ventana del navegador. Y, por supuesto, la colocación de los enlaces para realizar consultas por correo en lugares inesperados y sin ninguna explicación aclaratoria.

Son errores tan simples de corregir que tal vez por ello sigan repitiéndose en muchas páginas, esas que nunca son revisadas bien por falta de tiempo y, a veces, de sentido común.