Viajes

La cuna de Estados Unidos

Proyectada al mundo a través del cine, la música y el arte, Filadelfia se acaba de convertir en puerta de entrada al país gracias al nuevo aeropuerto

Para los americanos, a quienes encantan los récords, Filadelfia es la cuarta o quinta ciudad de la nación, según se atienda a su extensión o población. Pero es sin duda la primera en el corazón de cada ciudadano. Allí fue firmada en 1776 la Declaración de Independencia y allí se adoptó por el conjunto de la Unión la Constitución de los Estados Unidos. Allí se venera (como se haría en Europa con una imagen milagrosa) el fetiche más sagrado: la campana de la libertad. Una ciudad que recuerda demasiado a las viejas ciudades europeas -a pesar de su manojo de rascacielos-, con museos y orquestas de referencia obligada en el panorama mundial. Es, junto con Nueva York (que está a sólo una hora de tren), la metrópoli más cultural y dinámica del país que marca tendencias.

Lleva lo mejor de la tradición americana, hasta en el nombre: cuando en 1682 el inglés William Penn compró por 12.000 libras una región de bosques (Penn-sylvania) no pensaba sólo en sus cuáqueros (secta protestante perseguida entonces), sino en todos aquellos que sufrían la intolerancia religiosa que reinaba en Nueva Inglaterra. Fundaron así Philadelphia (la ciudad del amor fraterno, eso significa en griego). El corazón de Filadelfia es hoy día el Independence National Historical Park, una extensa campa presidida por el Independence Hall de ladrillo donde se firmó la independencia. Todo está en obras: se acaba de abrir el Centro de Visitantes que sitúa y orienta a través de novísimas tecnologías, y en julio próximo estará listo el nuevo edificio para emplazar la campana de la libertad, un símbolo sagrado, aunque no está demostrado que tuviera un papel determinado, y que hoy día es el monumento más visitado del país.

Al lado se va a inaugurar el National Constitution Center, dedicado a la Constitución americana y abierto tanto a curiosos como a investigadores. En realidad, toda Filadelfia es en estos momentos un hervidero de grúas y proyectos. Ya se ha puesto el césped al futuro (y futurista) estadio de los Eagles, mito del fútbol americano. La ciudad está de moda. A películas tan entrañables como Historias de Filadelfia o la dramática Filadelfia de Tom Hanks se suman otras recientes como El sexto sentido, rodada en uno de los restaurantes más chic, el Striped Bass -también los restaurantes están viviendo una revolución que según el The New York Times sitúa a Filadelfia 'en los primeros puestos de la cocina'-.

El Reading Terminal Market es un buen pulsómetro para sentir esta ciudad nacida bajo el signo de la tolerancia: lo que era estación de tren es ahora un mercado de vituallas donde algún amish del condado de Lancaster, con barba de dos siglos atrás, vende los productos de su granja, la gente come o bebe en chiringuitos informales entre pilas de verdura o de pescado y un espontáneo se marca unos temas de musical en un viejo piano. Filadelfia tiene el calor de las ciudades europeas y compite con ellas en tesoros: sus museos son cosa parte. El neoclásico Museo de Arte de Filadelfia no sólo acoge piezas de primera (de la antigüedad, de India, China o del renacimiento flamenco o italiano), sino que ambienta la exposición recreando, por ejemplo, un claustro románico (auténtico), un salón rococó o un jardín japonés.

Por si fuera poco, la Barnes Foundation acoge una de las mayores colecciones de arte postimpresionista (docenas y docenas de renoirs, cézannes, matisses, picassos, degas, etc.). El Museo Rodin, la mayor concentración de obras de este escultor fuera de París, está presidida por El pensador archifamoso. La Academia de Bellas Artes de Pennsilvania (un bellísimo edificio de 1876, declarado national landmark, algo así como jalón o patrimonio nacional) recoge tres siglos de pintura y escultura americanas. Por no hablar de la Orquesta de Filadelfia (con nueva sede en un conjunto futurista, el Kimmel Center) o del Fringe Festival de arte o del ambiente cálido de sus locales de jazz y coctails bars. Filadelfia, en suma, se ha convertido en una ciudad necesaria.

Localización

Cómo ir. La compañía US Airways (901 117 073 y agencias de viaje) tiene vuelos diarios, sin escala, entre Madrid y Filadelfia, con nuevo avión y sistema exclusivo de audio-vídeo individual en todos los asientos. Precios desde 376 euros, tasas no incluidas (para mayo).

Alojamiento. The Ritz-Carlton (Ten Avenue of the Arts, 19102, 215-523-8000), un fastuoso edificio con aspecto de templo clásico, justo al lado del Ayuntamiento; merece la pena visitar el bar o tomar el té en el precioso hall). Philadelphia Marriott (1201 Market St., 215-625-2900), en pleno centro y conectado con el Pennsylvania Convention Center. Four Seasons Hotel (Logan Square, 18th St. & Ben Franklin Pkwy, 215-963-1500), uno de los más reconocidos y premiados de la ciudad con especiales facilidades para ejecutivos.

Restaurantes. La variedad y calidad de restaurantes de Filadelfia es impresionante. Algunos como Circa (1518 Walnut St, 215-545-6800) o Striped Bass (1500 Walnut St, 215-732-4444) son antiguos bancos; en el segundo, especializado en pescados, se rodó El sexto sentido, y en el primero se puede comer dentro de la antigua caja de seguridad. Los hay nuevos, como La Croix at The Rittenhouse, del chef Jean-Marie Lacroix (210 W.Rittenhouse Square, 215-790-2533), o el nostálgico Jones (700 Chestnut St. 215-223-5663). Le Bec-Fin (1523 Walnut St., 215-567-1000) ostenta la máxima calificación en las guías gastronómicas. Los Byobs (bring your own bottle) están de moda. Un sitio simpático para comer informal es el Reading Market (12th & Arch Streets, 215-922-2317), una estación de tren convertida en mercado de víveres y espacio de convivencia.