Análisis de productos

Un híbrido entre bonos y acciones

Los bonos convertibles permiten apuntarse a las subidas de las Bolsas con parte de la seguridad que ofrece la renta fija

Los bonos convertibles son títulos de deuda que tienen todas las características propias de los títulos de renta fija con el añadido de su posible conversión -a elección del comprador del bono- en un número determinado de acciones de la misma compañía sin tener que comprarlas directamente en el mercado. Son, por tanto, activos de renta fija que podrían considerarse como un producto híbrido a mitad de camino entre un bono y una acción.

La estructura es bastante sencilla: bono corporativo más una opción de compra que permite canjear el bono por acciones de la compañía. Lógicamente, la opción que incorpora el bono cuesta dinero, por lo que el interés o cupón que pague el propio bono será menor al que sería exigible de no existir dicha opción.

Los bonos convertibles permiten apuntarse a parte del recorrido alcista de las acciones combinado con una relativa seguridad en la inversión. Si el precio de la acción subyacente cae, el precio del bono convertible puede también retroceder, pero sólo hasta un punto en el que ofrezca una rentabilidad satisfactoria como bono propiamente dicho. Es decir, hay un precio hasta el cual el convertible puede ir cayendo; este precio de equilibrio reflejará el punto en el que la compañía pueda seguir pagando los intereses y el capital del bono hasta su vencimiento. Por tanto, se accede al potencial de crecimiento de la acción con la estabilidad de un bono.

Los fondos de inversión son el vehículo idóneo para acceder a este tipo de activos, porque su gestión es bastante compleja

Una de las características más interesantes de los bonos convertibles es su reducida correlación con las acciones y, sobre todo, con los bonos corporativos, lo que los hace especialmente interesantes.

Podríamos clasificar los bonos convertibles dentro de tres categorías: los asimilables a acciones, los asimilables a bonos y los mixtos. En los primeros y segundos, las características y evolución del producto no varían demasiado en relación a los de la acción o el bono en sí, por lo que pierden en cierto modo las características propias del activo híbrido.

Puntos fuertes de los bonos convertibles:

Su rentabilidad puede ser casi tan alta como la de las acciones pero con una volatilidad más cercana a la de los bonos corporativos.

Su excelente combinación de rentabilidad y riesgo.

Los bonos convertibles son muy interesantes para optimizar la rentabilidad de carteras mixtas (también para carteras de renta fija agresivas o carteras de renta variable conservadoras).

Una clase de activo atractiva y defensiva para momentos de incertidumbre bursátil.

Fuerte crecimiento en Europa

A diferencia de lo que ocurre en otro tipo de activos, tanto de renta fija como de renta variable, en los que Estados Unidos acapara una parte muy importante del patrimonio total, el mercado europeo de bonos convertibles no tiene nada que envidiarle a su homólogo americano, con unas emisiones y volúmenes bastante similares.

La emisión de bonos convertibles europeos pasó de 10.900 millones de euros en 1997 a 18.400 millones en 2002, con un máximo alcanzado en 2001 con una cifra cercana a los 50.000 millones, muy influenciada por el boom de la nueva economía. Más del 30% de las emisiones de ese año fueron realizadas por empresas de telecomunicaciones.

En la actualidad, la capitalización del mercado europeo de bonos convertibles asciende a 150.000 millones de euros, de los cuales las empresas francesas, el gran emisor en este mercado, acaparan una tercera parte.

Sin duda, los fondos de inversión son el vehículo idóneo para acceder a este tipo de activos. Ya no sólo por motivos de una mayor diversificación o de una mejor fiscalidad, sino también por la relativa complejidad de su gestión.

Al final el gestor decide comprar bonos con mayor o menor exposición a las acciones en que podrían convertirse. Gestiona la delta de la opción de compra de los bonos -la delta mide la sensibilidad del bono convertible a la variación en el precio de la acción subyacente- en función de las perspectivas de los títulos y del mercado. Buscará deltas altos en entornos positivos para el mercado de renta variable y deltas bajos en caso de entornos negativos.

Comentábamos antes que la baja correlación de los convertibles con otro tipo de activos los hace un producto muy interesante a la hora de optimizar carteras. La inversión en este tipo de productos tiene mucho sentido a partir de un horizonte temporal medio, entre tres y cinco años. No tiene tanto riesgo como la renta variable, aunque dependerá del producto y del tipo de convertibles a los que se dirija, pero sí más que la renta fija.

Una aproximación que pudiera servirnos a la hora de encuadrar estos productos consiste en asimilarlos a una inversión 50% en renta fija y 50% en renta variable.

Observando la evolución de los fondos de bonos convertibles europeos durante los últimos años podemos apreciar su comportamiento en periodos de subidas y de caídas de las Bolsas, y compararlo con un índice compuesto a partes iguales por renta fija y renta variable.

Como podemos apreciar, de ningún modo podemos considerar la inversión en bonos convertibles, a tenor de las fluctuaciones experimentadas por este tipo de activos, como alternativa a la inversión sin riesgo, algo, por otra parte, frecuente en el entorno actual de tipos de interés históricamente bajos. Del mismo modo, su buen comportamiento a la hora de atemperar las bajadas en renta variable y sus rentabilidades superiores a la renta fija en un contexto como el actual no deben llevarnos a la elección de alguno de estos fondos de inversión como eje central de una cartera diversificada o como producto único a través del cual canalizar nuestro ahorro.

La disparidad de resultados en años de Bolsas a la baja refleja que no todos los bonos convertibles son iguales y que habrá que estudiar detenidamente la dispersión o volatilidad histórica de la cartera del fondo a la hora de tomar una decisión de inversión coherente con nuestro grado de tolerancia al riesgo.