La Atalaya

Renace la esperanza

El mejor servicio que Yasir Arafat ha podido prestar a la causa palestina ha sido su aceptación a última hora del Gobierno propuesto por el primer ministro Abu Mazen. La decisión del veterano líder de la Autoridad Palestina, sometido a una agobiante presión por parte de medio mundo, implica la publicación de la hoja de ruta elaborada por EE UU, Rusia, la UE y la ONU, que debe conducir al establecimiento en 2005 de un Estado palestino viable, junto a un Israel con fronteras seguras. Tras cerca de tres años de una segunda Intifada, que ha causado más de 2.000 muertes palestinas y cerca de 700 israelíes, se ha vuelto a entreabrir una puerta a la esperanza donde hasta ahora sólo reinaba la oscuridad.

Arafat se ha visto obligado a ceder ante la situación creada en Oriente Próximo por la segunda Guerra del Golfo. El proceso de paz iniciado en Madrid en 1991 y consagrado en Oslo dos años después fue consecuencia directa de la primera derrota iraquí hace 12 años. El camino que se quiere iniciar ahora es el resultado de la segunda. La diferencia estriba en que Arafat tendrá que compartir su hasta ahora poder omnímodo con Abu Mazen, único interlocutor válido para EE UU e Israel. La trágica ironía de la situación es que la devastación provocada por la segunda Intifada podría haberse evitado si Arafat hubiera aceptado las propuestas israelíes que le fueron sometidas en Camp David, con el aval de Bill Clinton. Arafat apostó por el enfrentamiento como método de conseguir más concesiones israelíes y se equivocó. El efecto de la ola de atentados civiles de los últimos tres años en Israel fue la práctica destrucción del campo pacifista israelí, el progresivo debilitamiento del laborismo y la llegada al poder de Ariel Sharon.

La resistencia de Arafat a aprobar el Gobierno de Abu Mazen, que aún debe ser ratificado la próxima semana por la Asamblea Legislativa palestina, estaba centrada en la figura del nuevo ministro del Interior, Mohamed Dahlam, de 42 años, hasta ahora jefe de seguridad de Gaza. Resalto la edad de Dahlam y su nada oculta ambición política porque en su juventud radicaba precisamente la oposición de Arafat a su nombramiento. El líder palestino siempre se ha resistido al relevo generacional representado por Dahlam y otros dirigentes. A última hora, y gracias a la mediación del jefe de los servicios de inteligencia egipcios, Omar Suleiman, llegó el compromiso. La cartera de Interior será asumida por el propio Abu Mazen y Dahlam será ministro sin cartera responsable de seguridad. Un puesto clave para el plan de paz, ya que su titular tendrá que unificar a los distintos servicios de seguridad palestinos y desarmar a las diversas milicias, entre ellas las de Al Fatah, hasta ahora dependientes directamente de Arafat.

Las dificultades parecen insuperables. Pero no son mayores que las existentes en 1978 cuando Menachem Beguin y Anuar el Sadat firmaron un tratado de paz entre Egipto e Israel, hasta entonces impensable. George Bush ha prometido dedicar al conflicto palestino-israelí el mismo esfuerzo que dedicó a Irak. Y ha sido el primer presidente de EE UU que se ha comprometido públicamente a bendecir la creación de un Estado palestino. Sharon ha prometido hacer 'dolorosas concesiones' en referencia directa a los asentamientos. Rusia, la UE y la ONU, a las que hay que añadir Egipto, Arabia Saudí y Jordania, se van a volcar en el proceso. Quién sabe. A lo mejor esta vez el camino hacia la paz llega a su meta.