COLUMNA

Penurias estadísticas de la eurozona

Más de tres años llevamos ya de unión económica y monetaria y desde el punto de vista de sus estadísticas económicas el balance es desastroso. Bien sea para diseñar la política monetaria o para prever cómo evolucionará la economía, ¿qué se puede hacer si los datos económicos distan mucho de ser adecuados?

El organismo encargado de armonizar y recopilar las estadísticas nacionales para la elaboración de cifras agregadas es Eurostat, aunque el BCE tiene atribuidas algunas funciones estadísticas. Uno de los problemas importantes cuando se trata de calibrar el momento económico es la disponibilidad de datos recientes. Por parte de Eurostat, se depende de la elaboración previa de los datos por parte de las agencias estadísticas nacionales con lo que, a mes de mayo, los indicadores que se publican para el conjunto de la UEM son en su mayoría de febrero. Incluso los indicadores que se incluyen en el Anuario 2001 desfasan su información a la de 1999. No sabemos si los profesionales de la historia económica verán mucha utilidad en la información que proporciona Eurostat, nosotros no. Menos mal que viendo el comportamiento de los países más importantes podemos extrapolar el comportamiento del agregado, porque los que se encargan de agregar no facilitan la labor.

Es posible, además, que en Eurostat haya algún tipo de instrucción para no proporcionar información sobre los cambios metodológicos incluidos en las cifras económicas. La ausencia de información sobre la repercusión de la incorporación de los precios rebajados al IPC español palidece con lo que Eurostat hizo con la incorporación del PIB griego al de la eurozona en 2001. El PIB agregado, al incorporar un nuevo país, experimenta un brusco cambio de nivel. Si no se corrige la serie (por ejemplo, incorporando a los datos históricos del PIB agregado los del nuevo incorporado), al calcular tasas de crecimiento los resultados no son coherentes.

Eurostat no enlazó la serie de PIB. Como es de esperar, el BCE elabora esos cálculos por su cuenta, porque están apañados si hacen uso de la información de Eurostat. De todos modos, se puede comprobar en el último boletín estadístico del BCE que los datos de crecimiento del PIB no coinciden con los de Eurostat. Tras realizar averiguaciones, nos contaron que el BCE publicó los datos sin incluir las revisiones que hizo Eurostat, porque las incorpora en fechas más tardías; de modo que se publican en las mismas fechas dos versiones de crecimiento de dos fuentes oficiales.

Para más desesperación de los usuarios de las estadísticas económicas de la eurozona, Eurostat cobra por ellas. Y cuando remiten la información contiene un número altísimo de errores, de forma que si el análisis de coyuntura ya es un arte, hacerlo en el caso de la UEM roza los límites de la creatividad y los del presupuesto dedicado a información económica. La justificación para establecer tarifas a sus servicios de información radica en que algunas autoridades estadísticas nacionales no están dispuestas a repartir gratuitamente su información. Es incomprensible que después de haber cedido la soberanía monetaria, todavía haya algunos que nos vengan con éstas.

En una presentación del sistema estadístico europeo, un responsable de Eurostat ridiculizaba la masa de información que el US Bureau of Census da sobre la situación del mercado laboral en Estados Unidos. æpermil;l, comentaba, se perdía entre tanta información. No sabía lo bien que algunos nos sentimos cuando hay información en la que perderse, sobre todo cuando uno se encuentra y lo hace con algo relevante que contar. El caso es que cualquiera de nosotros sabemos más sobre el crecimiento de la productividad en EE UU que sobre su evolución en la eurozona. Fundamentalmente como consecuencia de una política de transparencia de la información que aquí parece completamente ajena, pues existe una demanda de información en la sociedad tan fuerte como la que puede existir en EE UU. El propio BCE, en su documento sobre reforma de los mercados laborales europeos, lamenta la escasa fiabilidad de los datos que sirven de base a sus conclusiones.

Es tiempo de hacer algo, pues no hay nada peor que conducir a ciegas. Que hace algunos años no hubiera buenas estadísticas para un proyecto de unión monetaria era grave. Que no lo las haya ahora, tres años después del inicio de la Tercera Fase, es imperdonable. Si Hayek tuviera que citar ahora las amenazas para la sociedad abierta en Europa, no sé si acabaría mencionando a Eurostat, incluso teniendo en cuenta la poca importancia que él siempre asignó a los datos.