Resultados

El beneficio neto de las empresas no financieras cayó un 3,7% en 2001

El instituto emisor ha indicado que esta desaceleración en los resultados empresariales refleja "el efecto neto de impulsos de signo contrario en concepto de amortizaciones y provisiones de explotación, minusvalías, plusvalías e ingresos y gastos de explotación".

Por su parte, el resultado ordinario neto de estas empresas creció un 7,4% en 2001, frente al incremento del 12,5% contabilizado en 2000, mientras que el resultado bruto de explotación aumentó un 3,7%, lo que confirma la desaceleración en relación con el ejercicio precedente, en el que la subida fue del 9,9%.

Estos datos confirman que la actividad de las empresas no financieras fue perdiendo dinamismo a lo largo de 2001. Así, el valor añadido bruto (VAB) aumentó un 4,1% el pasado año, lo que contrasta con el crecimiento del 7,9% en 2000 y pone de manifiesto "una desaceleración de la actividad productiva afectada principalmente por las caídas registradas en las empresas energéticas e industriales".

En este contexto de ralentización, según el Banco de España, los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos, la recesión de la economía norteamericana y la crisis argentina, aunque no afectaron a la actividad de la economía salvo en sectores muy concretos, "han tenido reflejo en la cuenta de resultados de algunos grandes grupos empresariales y, al aumentar la incertidumbre, han contribuido a retrasar las expectativas de recuperación".

Sin embargo, para el instituto emisor las empresas solventaron la situación recesiva conyuntural con mayor fortaleza que en ocasiones precedentes, como lo demuestra que se mantuviera el apalancamiento (ratio de deuda sobre recursos propios). Así, estas compañías se mantienen en condiciones favorables para que, en la medida en que desaparezca la incertidumbre y se recuperen las economías internacionales, reconduzcan su actividad productiva a anteriores niveles de crecimiento.

En este sentido, la autoridad monetaria reconoce la influencia de factores externos, y recomienda que los factores controlables por actores nacionales (moderación salarial, inversión en capital humano o fomento de las nuevas tecnologías) se utilicen para mejorar la competitividad de las empresas, al objeto de crear nuevos puestos de trabajo y de consolidar los existentes.