Consejo de Barcelona

El eje Chirac-Jospin impuso sus tesis

El otrora poderoso tándem francoalemán ha sido sustituido por un batiburrillo de alianzas coyunturales en las que cualquier socio vale.

Antes de que empezara el Consejo de Barcelona, se hablaba insistentemente del eje franco-alemán y de sus reticencias ante las consignas liberalizadoras a ultranza del eje integrado por España, Reino Unido e Italia.

Sin embargo, el alto grado de atención que atrajo el asunto de la liberalización del mercado eléctrico hizo que por momentos la reunión pareciese sobre todo un pulso entre Francia (con apoyo 'moral' de Alemania) y España (decidida a anotarse logros liberalizadores 'ambiciosos' y 'concretos' durante su presidencia).

Finalmente, Francia logró imponer casi todas sus tesis. Desde la liberalización 'progresiva y controlada' del mercado eléctrico hasta el respaldo político al proyecto de navegación por satélite Galileo. La presidencia bicéfala de la República europea por antonomasia atribuye el éxito a la fuerza de sus argumentos.

Pero también hubo mucho de trabajo coordinado entre dos líderes que, pese a sus diferencias ideológicas y su dura competición por la presidencia del país, mostraron en todo momento un frente sin fisuras.

El presidente Jacques Chirac (neogaulista) y el primer ministro socialista Lionel Jospin, han demostrado, 'una vez más', según sus propias palabras, que 'la delegación francesa se dedica al completo a defender su posición'.

Ni la presidencia española ni el resto de los socios comunitarios han osado cortar alas al tándem francés, que acudió a Barcelona mano a mano por última vez. En el Consejo Europeo de Sevilla, que se celebrará en junio, el veredicto popular ya habrá dejado fuera de juego al socialista Jospin o al conservador Chirac.

La parálisis del eje franco-alemán, supuesto motor de la integración europea, no ha impedido que a París le haya bastado con 'la comprensión' de Berlín para alzarse con la victoria.

Mucho menos coordinación se vio en la supuesta alianza privatizadora y ultrarreformista de Madrid, Londres y Roma, que se ha mostrado incapaz de aunar sus tesis para contrarrestar a Chirac y Jospin.

'[Tony] Blair se alía con todo aquel que comparta su visión de modernizar el mercado laboral', apuntillaba Silvio Berlusconi su cacareada alianza con el primer ministro británico. 'Italia, injustificadamente, se siente un país minusvalorado y sólo busca el reconocimiento de su poder a través del contacto con los grandes', analiza una fuente del Consejo Europeo.

'Las alianzas son ahora puramente coyunturales', sintetizan fuentes diplomáticas. 'Los apoyos dependen de cada tema'. La balanza se inclina siempre hacia la posición dominante en el directorio de los cinco grandes (Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y España). Y cualquier tándem circunstancial cuenta con muchas probabilidades de arrollar a los demás.

Los llamados países pequeños (los tres nórdicos, el Benelux y Portugal) empiezan a soportar mal esta dictadura virtual.

Suecia, Dinamarca y Finlandia se reunieron por primera vez antes de la cita de Barcelona para coordinar su posición frente al Consejo.

Un frente nórdico que ha empezado a dar resultados desde el primer momento, ya que no sólo lograron dinamitar la iniciativa española para crear un Banco Euromediterráneo de Desarrollo, sino que además desbloquearon, tras años de intentos, 100 millones de euros en fondos para el desarrollo de los países bálticos. Una región que ocupa un lugar predominante en el abanico de prioridades geoestratégicas de los socios del norte.

A la vista del éxito obtenido con esta experiencia, los países nórdicos repetirán su encuentro a partir de ahora antes de que se celebre cada consejo europeo.