La producción ganadera crece un 9% y se estanca la agrícola

La producción final agraria de 2000 registró un incremento de un 3,3%, ya que alcanzó los 4,35 billones de pesetas. La producción vegetal, a pesar de las magníficas condiciones climáticas, cayó un 0,7% por el desplome de los precios. Paradójicamente, el valor de la producción ganadera no claudicó ante las crisis y se disparó un 9,1%, hasta el punto de salvar las cuentas del campo del año 2000.

Los precios del porcino, las aves y los huevos, alimentos refugio contra la encefalopatía espongiforme bovina (EEB), se dispararon en 2000 a pesar de que los únicos dos casos de esta enfermedad que aparecieron en España durante este periodo se registraran ya a finales de año. Los primeros crecieron un 22,4%; los segundos, un 37,1%, y los terceros, un 23,7%.

Como contrapartida, la incidencia de todos los factores en la cabaña de vacuno fue considerable. La ganadería bovina cae un 7,2% en volumen, un 2% en precios y un 9% en valor.

"El reforzamiento, por aumento de la demanda, de los precios percibidos por los criadores de porcino y carne de pollo con el consiguiente aumento de los ingresos, supone que más de dos tercios de la disminución de ingresos del vacuno han sido recuperados por el porcino y las aves", explica el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación en su análisis de las magnitudes agrarias correspondientes a 2000.

Con tanto avatar, sorprende que los precios de las diferentes cabañas hayan crecido un 11% y el valor de las mismas, un 9%. Máxime cuando el volumen descendió un 1,7%.

Como consecuencia, la aportación de la producción final ganadera, que en 2000 obtuvo un valor de 1,86 billones de pesetas, al conjunto de la producción final agraria fue inmensamente superior que la producción final agrícola.

Esta última, a pesar del magnífico año climático que provocó producciones históricas en el cereal, registró una ligera caída arrastrada por el desplome de los precios. Descendió un 0,6% al pasar de 2,54 billones en 1999 a 2,53 en 2000. Los precios de todas las producciones vegetales, a excepción de las hortalizas, experimentaron considerables caídas. Y fueron más considerables las que sufrieron las frutas y el olivar. Este último subsector se ha visto negativamente afectado por la combinación de una cosecha muy corta en la campaña 99/00 y por unos precios de venta sensiblemente inferiores a los de 1999. En definitiva, "gracias al cielo, puesto que si no es por el buen año climático, 2000 hubiera representado un nefasto ejercicio para los agricultores españoles", sostiene Mari Luz Sanz, de la Unión de Pequeños Agricultores.

Los precios han sido derribados por las dos principales sombras de incertidumbre que han cubierto la economía del Viejo Continente durante 2000: la continua caída del tipo de cambio del euro frente al dólar y la progresiva elevación de los precios del petróleo en los mercados internacionales.

Estas dos amenazas se han intensificado a lo largo del año 2000 y han supuesto limitaciones para la actividad económica europea y generado tensiones inflacionistas.

La subida de los precios de la energía supuso efectivamente un efecto perverso para la renta agraria, que sólo ha podido ser salvada por las históricas cosechas registradas, principalmente en vino y cereales. La cosecha de cereales de otoño-invierno terminó por encumbrarse a los 19,9 millones de toneladas. La de vino fue de 45 millones de hectolitros, también inédita en la historia.

El crecimiento del coste de los imputs fue de un 5,2%, lo que originó un gasto total de agricultores y ganaderos de 1,99 billones de pesetas.

 

La superficie asegurada por los agricultores españoles hasta el pasado 21 de mayo ha sido de 687.553 hectáreas, un 41% más que el mismo periodo de 2000. Por su parte, la producción asegurada registró otro espectacular incremento al acercarse a los cinco millones de toneladas, un 45% más.

Hasta dicha fecha, la Entidad Estatal de Seguros Agrarios (Enesa) procesó 73.990 pólizas, cantidad superior en 15.715 a la registrada un año antes, un 27% más. El dinero invertido en seguros también se disparó un 29% durante este periodo. Se gastaron 22.600 millones, de los que Enesa subvencionó 9.634.

Los avisos de siniestros fueron 41.524 y afectaron a una superficie de 230.000 hectáreas. Y las indemnizaciones pagadas fueron de 1.398 millones, de los que un 79% correspondió al ganado vacuno.

Por cultivos, el mayor incremento ha sido el de los cítricos, por delante de los cereales. Con respecto a las leguminosas grano, el incremento de la producción alcanza el 53%. Crecen también por encima del 40% y el 50% los seguros de frutales no cítricos y el viñedo. Los incrementos de los seguros se deben a la excelente climatología, que hace temer a los agricultores pérdidas en las cosechas debido a los efectos de fenómenos climáticos.