Ronald Reagan, presidente de EE UU entre 1981 y 1988, en 1986 en la Casa Blanca.
Ronald Reagan, presidente de EE UU entre 1981 y 1988, en 1986 en la Casa Blanca.

Lecciones de la reforma fiscal de Reagan

La última revisión tributaria exitosa en EE UU tuvo lugar en 1986

Legislar es ahora aún más difícil, incluso con los republicanos dominando ambas cámaras

El presidente de EE UU, Donald Trump, se va a embarcar en un objetivo que ha evitado a muchos de sus predecesores: la reforma fiscal. La última revisión exitosa tuvo lugar hace 31 años con Ronald Reagan. El libro Showdown at Gucci Gulch, publicado en 1987, ofrece consejos útiles sobre trampas legislativas, maniobras políticas y maquinaciones de los lobbies.

Los autores, Jeffrey Birnbaum y Alan Murray, periodistas del Wall Street Journal, cuentan que los ciudadanos estaban cada vez más enojados con el trato especial a los ricos y las corporaciones. Al igual que Trump, Reagan no era conocido por su destreza política y es un personaje menor del libro. Sus adjuntos y los líderes de las cámaras son las estrellas.

Muchos de los retos a los que se enfrentaron los legisladores en 1986 son aún peores hoy. Entonces el déficit público, de más de 200.000 millones de dólares, se consideraba el problema principal. Los legisladores se esforzaron por elaborar un plan que no lo aumentara. Este año, se prevé que el déficit alcance los 560.000 millones.

El Tesoro estableció las bases para la reforma en 1984, pero parecían políticamente inviables: su plan aumentaba en un 36% los ingresos por impuesto de sociedades. Acabó resultando una bendición, sin la cual la reforma no habría salido adelante. “Solo un gobierno republicano podía salirse con la suya con una propuesta tan drástica”, dicen los autores.

Los políticos tuvieron que esforzarse por mantenerse ajenos a la influencia de los lobbies y las donaciones. El secretario del Tesoro, James Baker, luego secretario de Estado, hubo de encontrar el difícil equilibrio entre las exenciones fiscales, para evitar una oposición demasiado grande a la reforma, y que esta fuera suficientemente significativa. El plan definitivo eliminó lagunas fiscales por valor de unos 300.000 millones de dólares en cinco años y elevó los ingresos por impuestos corporativos en 120.000 millones. Tanto demócratas como republicanos pudieron presumir de la reforma.

Legislar en EE UU se ha vuelto aún más complicado, incluso con los republicanos dominando ambas cámaras. El fracasado esfuerzo por revocar Obamacare es un mal presagio para una reforma fiscal. Los vericuetos de 1986 deberían servir de lección.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de Cinco Días.

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