Luis de Guindos: “Es lógico normalizar los salarios. Ya no somos una economía al borde del colapso”

El ministro de Economía prevé que crecimiento se mantenga por encima del 3% en 2017

"Las reformas ambiciosas esperan a que el PSOE se clarifique"

Luis de Guindos Jurado (Madrid, 1960) parece vivir el momento más dulce desde que se responsabiliza de la gestión económica. Lejos los días en que se precipitaban las medidas drásticas bajo la amenaza del colapso, el ministro cree estar recogiendo ahora los frutos de aquel esfuerzo, bien es cierto que con viento a favor del contexto europeo y global. Hoy habla desde un optimismo: todo seguirá yendo a mejor... si no cometemos errores, recalca. El ministro de Economía, Industria y Competitividad admite que nada le gustaría más que sacar adelante las reformas económicas pendientes, pero reconoce que con la actual estructura del Parlamento “es muy difícil llevar reformas ambiciosas antes de verano; primero tiene que redefinirse el Partido Socialista”. Recibe a CincoDías con la certeza de tener cerrado un acuerdo con Ciudadanos para el Presupuesto. Y asegura que no se postulará a presidir el Eurogrupo, pero que España ganará peso en las instituciones europeas con un puesto en el BCE.

Todo indica que la actividad económica ha entrado en 2017 con la inercia del año pasado. ¿Por qué?

La economía mundial, europea y española están yendo mejor de lo previsto. Tenemos una situación en la que hay dos fuerzas contrapuestas: una economía mundial que va mejor de lo que lo hacía hace unos trimestres, y mejor incluso de las expectativas, pero los riesgos para la economía mundial también van al alza. Es un buen momento, pero tiene un sabor un poco agridulce: los datos reales son buenos, pero la gente percibe que hay amenazas y riesgos para la economía mundial.

¿A qué ritmo estamos creciendo ahora?

En el primer trimestre, siendo prudentes, estamos creciendo el 0,7%, un ritmo muy parecido al que tuvimos en la segunda parte de 2016. Y eso es una tasa interanual del 3%. Nuestra previsión es del 2,5% para el conjunto del año, y así está recogido en el cuadro macro que acompaña al Presupuesto. Sabemos que el consenso está por encima y los analistas internacionales estiman más del 2,5%, pero siempre somos prudentes y cautos en las predicciones.

En 2016 el crecimiento fue muy superior al estimado por todos los analistas, pese a la prolongada crisis política. ¿Qué coste ha tenido en la actividad la falta de Gobierno?

La incertidumbre política ha tenido un coste en términos de crecimiento y de empleo en 2016. No me extrañaría lo más mínimo que si hubiéramos tenido un Gobierno con plenas funciones en 2016 perfectamente la economía española podría haber crecido incluso por encima del 3,5%. El impacto ha podido ser de entre tres y cinco décimas. Se ha retraído inversión, sin duda; ha afectado a las expectativas, sin duda; y ha afectado a la evolución de la demanda de crédito. En la segunda parte de 2016 hubo una caída en la demanda de crédito de las pymes, que se está recuperando ahora. Quizás han perdido fuerza algunos de los vientos de cola, como el precio del petróleo, tipos de cambio o tipos de interés, a cuyas circunstancias se va acomodando la economía, pero en estos meses primeros del año estamos viendo la recuperación de proyectos y de decisiones de inversión y consumo que se tenían que haber producido en 2016.

La incertidumbre política ha tenido un coste para el crecimiento. Perfectamente podríamos haber crecido al 3,5% en 2016

¿Hay riesgo de perder impulso por el parón en las reformas?

Las reformas que se hicieron en España en 2012 y 2013 van a dejar sentir sus efectos durante bastante tiempo; por eso, a pesar de la parálisis política en 2016, hemos crecido más de lo que esperábamos; siempre tendemos a infravalorar los efectos de las reformas. No es impensable superar en 2017 el crecimiento del año 2016. Lo que puede hacer descarrilar que la economía crezca a un mínimo del 2,5% durante tres o cuatro años más es, primero: que la política fiscal se dé la vuelta por decisiones incorrectas; segundo: un riesgo geopolítico, como un brexit mucho más duro; tercero: una ola de proteccionismo en el mundo; cuarto: que se reviertan las reformas en España, como la laboral, o que vuelvan dudas al sistema financiero, y quinto: inestabilidad política, y que los inversores consideren que España vuelve a las andadas en el terreno político.

¿Qué reformas quedan pendientes y qué pasará con ellas?

El ministro de Economía tiene que ser ambicioso en materia reformista. Pero no tengo mayoría parlamentaria para sacar adelante, por ejemplo, la reforma de los Colegios Profesionales; ¡qué más quisiera yo! Pero creo que es básico ahora no cometer errores, lo que dará un buen margen para los próximos años en el crecimiento. Repito que, si no se cometen errores, no sería impensable que este año sea muy parecido a 2016 o incluso mejor. Ya lo advertí a principios de 2016 para ese año, y no me creyeron mucho. Pero ¿agenda reformista en este momento? Tenemos la realidad política que tenemos, con un partido que sustenta al Gobierno sin mayoría, con un proceso electoral abierto en el principal partido de la oposición… Ciudadanos o PNV ayudan; pero es muy importante tener claridad en el comportamiento del PSOE. Vamos a intentar sacar el Presupuesto; pero hacer planteamientos de reformas ambiciosas es muy difícil antes de verano; se tiene que clarificar la situación del PSOE.

¿Cómo se comportará el empleo?

Estaremos, en términos de Encuesta de Población Activa, ligeramente por encima del medio millón, y en tasa de paro, en el cuarto trimestre de este año en el 16,6%.

El empleo se ha convertido en un motor del propio crecimiento, cebando la demanda. Pero eso se puede agotar…

El crecimiento se sustenta en las exportaciones de bienes y servicios, que crecen a tasas del 5,1%, mientras que el consumo privado está ligeramente por encima del 2,5%, y hay un aumento en el gasto de capital (inversión) y de la construcción. Pero ahora la fuente más dinámica es la exportación de bienes y servicios.

El control de costes laborales ha sido fundamental estos años para la consecución de los objetivos de empleo. ¿Cómo cree que deben comportarse los salarios?

Hay empresas que pueden subir más y otras que no pueden subir tanto. Pero la moderación salarial de los últimos años se producía en unas circunstancias completamente distintas; la evolución salarial no debe ser ya la de una economía al borde del colapso.

¿Pueden subir, entonces, los sueldos como lo ha hecho la inflación?

Ya se ha producido una desaceleración importante de los precios en marzo (al 2,3%). El IPC empieza a ir convergiendo con la tasa subyacente, que está en el entorno del 1%. Sería un error incorporar el repunte de inflación que hemos vivido en estos meses a los salarios. La media de inflación prevista para este año es del 1,5%. Sindicatos y empresas saben lo que pueden pactar; hemos subido un 1% los sueldos de los funcionarios. Yo solo digo tres cosas. Uno: la subida no puede ser uniforme, tiene que haber dispersión; dos: los empresarios saben perfectamente lo que pueden subir en función de sus circunstancias y las de la economía; y tres: las circunstancias ya no son las de una economía al borde del colapso ni con una tasa de paro del 27% como teníamos hace unos años.

La reforma laboral favorece el empleo estable. La calidad del empleo no depende solo de la norma

La OCDE ha alertado del aumento de la pobreza y el Rey acaba de reclamar “empleo digno y decente”. ¿Es hora de combatir la precariedad laboral?

Vamos a cerrar el año con una tasa de paro por debajo del 17%, y como no estamos como hace cinco años, se tiene que notar en los salarios. En el ámbito salarial es lógico que se produzca una normalización, porque han pasado los años en los que estábamos al borde del precipicio. Eso se tiene que notar. Y la calidad del empleo está muy ligada a la oferta de mano de obra; los salarios tienden a ajustarse a la productividad del trabajo. El factor que determinará empleos estables, dignos y bien remunerados será la calidad de la fuerza laboral, y tiene que ver con la educación y las políticas activas de empleo.

¿No tiene nada que ver con la reforma laboral?

Al revés: la reforma laboral favorece el empleo estable. Puede haber circunstancias específicas, como que España tiene actividades laborales que aconsejan trabajo temporal. Una parte de este exceso de temporalidad tiene que ver con un elevado peso del turismo; pero en los últimos años se han establecido muchas ayudas a la transformación de contratos temporales en indefinidos. Y con eso hay que continuar. Pero la calidad no depende solo de la norma laboral, tiene que ver con la educación y con el modelo productivo. Una economía más basada en la exportación dará lugar a una menor volatilidad en el empleo que la que teníamos con la burbuja inmobiliaria.

¿Es tan dinámica la exportación como para considerar que ha concluido el cambio de modelo productivo? ¿Este es el que querían cuando llegaron al Gobierno?

Yo no soy tan dirigista como para pretender influir en el modelo productivo del país. Pero este es un modelo sostenible. Ha caído la construcción diez puntos de PIB y se ha sustituido totalmente por el aumento de la exportación de bienes y servicios. España exporta una media de 30.000 millones de euros al mes, y el peso de nuestra exportación supone un 35% del PIB, que es más elevado que el de Reino Unido, Francia o Italia.

Si la estabilidad política es un requisito para el crecimiento, la prueba de fuego son los Presupuestos. ¿Habrá Presupuestos de 2017? ¿Tendrán el apoyo necesario?

Yo creo que sí. El PSOE está en una situación compleja, pero tenemos un acuerdo con Ciudadanos, basado en las 150 medidas de la investidura; las negociaciones avanzan con el PNV y también con Coalición Canaria y con Nueva Canarias.

En el Gobierno ha habido, o eso ha trascendido, dos líneas de opinión sobre esta materia: una que desdramatiza la posibilidad de agotar el año con la prórroga de las cuentas de 2016 y otra que estima que se precisa un Presupuesto nuevo.

Es lógico que el primer año de legislatura haya Presupuesto; no hay ninguna razón objetiva para no presentar un Presupuesto para este año, aunque se apruebe a mediados de 2017. Es lógico: hubiera sido una mala señal política no tener Presupuesto. Es verdad que con los decretos de ingresos y el techo de gasto, nosotros cumplíamos con nuestras obligaciones presupuestarias y con Bruselas; pero esto no es una cuestión de cumplir solo, sino de dar una señal política; no sería la ideal no tener Presupuestos.

¿Un Presupuesto en el que se ha terminado la austeridad? Da la impresión de que se abre la mano en personal, en salarios, quizás en inversión…

Nosotros tenemos un Presupuesto prudente, con el objetivo de llegar al 3,1% de déficit fiscal, que lo vamos a cumplir; pero hay una cuestión objetiva: la situación de la economía española no tiene nada que ver con la de 2012 o 2013; la situación es distinta desde el punto de vista de credibilidad, de corrección de desequilibrios y, por supuesto, desde el punto de vista de los Presupuestos. Los agentes económicos van ajustándose a esa nueva realidad. Hay una normalización, aunque no podemos olvidar que el ratio de deuda/PIB está próximo al 100%.

La subida de tipos se va a producir antes o después, pero no será muy intensa

El último informe de Standard & Poor’s mejora las perspectivas de España.

Lo que valora la agencia de rating es, en primer lugar, la fortaleza del crecimiento en España junto con la reducción de los desequilibrios, y, sobre todo, que el superávit por cuenta corriente que vamos a registrar en 2017 por quinto año consecutivo es ya estructural. Esto supone reconocer la buena marcha de la economía y es positivo.

¿Está la economía preparada para una subida de tipos de interés?

La subida de los tipos se va a producir antes o después, y en el mercado secundario de deuda ya se está produciendo. Pero no creo que sea una subida de tipos muy intensa; será moderada, y será un elemento de normalización, porque no podemos seguir de por vida con la ayuda asistida de los tipos de interés negativos. Si hay subida de tipos de interés, estará acompañada de una recuperación económica, y ello producirá mayor capacidad para devolver la deuda.

Empiezan a verse alzas generosas en los indicadores del mercado de la vivienda, tanto en hipotecas como en precios. ¿Hay riesgo de otra burbuja inmobiliaria?

No la hay. Por dos razones; primero, porque la economía se sigue desapalancando, aunque ya hay crecimientos en los flujos de crédito nuevo a pymes, consumo e hipotecas, y eso es muy saludable; y segundo, no estamos tirando de ahorro extranjero, sino que estamos devolviendo en el entorno de 20.000 millones de euros al año. Este proceso de financiación es perfectamente sostenible únicamente con el ahorro doméstico.

España acumula cuatro años completos de superávit por cuenta corriente. ¿Eso se va a quebrar algún día?

Yo creo que el superávit corriente es estructural y voy a decir por qué: es la primera vez que hemos ganado competitividad sin devaluar, con ganancia de competitividad doméstica, y, a diferencia de cuando se devaluaba la peseta, no estamos teniendo tensiones inflacionistas que erosionen la ganancia de competitividad; ahora la ganancia es más estable; este año será el quinto en tal situación, y si no hay algún accidente externo, es posible que consigamos una década de superávit corriente.

Nuestra intención es bajar los impuestos siempre, pero no lo haremos hasta que el déficit esté claramente por debajo del 3%

Algunas de las subidas fiscales, como las de las empresas, son interpretadas como exageradas, amén de producirse casi con el ejercicio cumplido, en un acto de dudosa seguridad jurídica. ¿Un liberal como usted cree que hay que revertir la situación?

Nosotros bajamos el tipo de Sociedades al 25% y estamos haciendo lo que recomiendan los organismos internacionales, que es ampliar las bases imponibles, bajar tipos y cerrar agujeros de tributación. Y en recaudación en el impuesto sobre sociedades no estamos a niveles precrisis, mientras que sí lo estamos en otros impuestos. Estamos muy lejos en Sociedades. No habrá modificaciones en este impuesto. Y la subida de fin de año estaba condicionada por la obligación de llevar el déficit hasta el 4,6%, y se ha hecho pactada con Ciudadanos y con el PSOE. Era la única alternativa disponible.

¿En IRPF son posibles nuevas bajadas?

La intención del Gobierno siempre es bajar los impuestos; pero en estos momentos… Mientras no reduzcamos el déficit claramente por debajo del 3%, España no va a bajar sus impuestos.

En planes de pensiones se han reducido las comisiones, pero se ha estrechado el margen de ahorro bonificado. También es un endurecimiento de la fiscalidad...

Se redujo el límite máximo de deducción de 12.000 euros a 8.000, pero eran muy pocos los españoles que estaban en el límite máximo. El nuevo límite no es una restricción para capitalizar fondos de pensiones privados.

En la Seguridad Social, y aunque el empleo crece de forma vigorosa, se necesitan cambios. ¿Qué prefiere: subir cuotas patronales, laborales, ajustar las cuantías…?

El déficit de la Seguridad Social, ese 1,5% del PIB que no cubren las cotizaciones, es consecuencia de la destrucción de empleo que hemos tenido y de la evolución demográfica. Para afrontar la cuestión demográfica se han tomado tres decisiones: retrasar la edad de jubilación, penalizar la jubilación anticipada e implantar el factor de sostenibilidad. Hay que aplicar estas tres decisiones. Y hay un problema ligado a la crisis: nos faltan 1,7 millones de afiliados. Las pensiones no están únicamente garantizadas por las cotizaciones y el fondo de reserva, sino por todos los ingresos del Estado. Y para pagar las pensiones, hacerlo con el fondo de reserva o con emisión de deuda es exactamente lo mismo. El Tesoro prestará una cantidad de dinero a Seguridad Social, que será un mero apunte contable, y las pensiones estarán completamente garantizadas.
¿Se emitirá deuda en vez de echar mano del fondo si su rentabilidad es superior?

El fondo se va a seguir vendiendo hasta que se agote. Pero a las agencias de rating no les importa en absoluto. Si hay déficit, siempre estará cubierto por el Estado. Y no tiene ningún efecto sobre el ratio de deuda.

El factor de sostenibilidad supondrá un recorte de las nuevas pensiones a partir de 2019…

Lo que hace el factor de sostenibilidad es acoplar las pensiones de cada perceptor a la esperanza de vida. Y parece lógico. Pero si al final de 2019 tenemos el nivel de empleo de antes de la crisis, no habrá problema.

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