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Opinión

El mercado de crédito para automóviles de EE UU va camino de estrellarse

El encarecimiento de los vehículos empuja a los compradores hacia modelos viejos y créditos más largos

Autopista Interstatal 405 en Los Ángeles (California, EE UU).Kevin Carter (Getty Images)

Los desplazamientos diarios en Estados Unidos se están convirtiendo en una feria de antigüedades. Presionados por los altos precios de los vehículos y el coste de la financiación, los conductores compran coches cada vez más viejos con préstamos que duran hasta ocho años. La táctica reduce las cuotas mensuales, pero deja a los hogares atrapados en deudas por automóviles que cuestan más de mantener y son más difíciles de revender. El mercado parece encaminarse hacia una avería que podría afectar a uno de los mayores mercados de titulización de Wall Street.

Como ocurrió con muchas otras tendencias económicas, estos síntomas se aceleraron en la pandemia. La escasez de suministros y 5 billones de dólares en estímulos económicos dispararon los precios de los automóviles, que alcanzaron los 50.089 dólares (44.100 euros) en septiembre, frente a los 38.550 (35.300) de febrero de 2020, según datos de Kelley Blue Book. Los gigantes de Detroit General Motors y Ford engordaron sus resultados en miles de millones al cobrar más por vehículos nuevos como los Cadillac y las camionetas F-150. Los precios de los coches usados han bajado desde sus máximos, pero todavía superan en casi un 30% los de diciembre de 2019, según la Oficina de Estadísticas Laborales de EE UU.

Para afrontarlo, los compradores de automóviles se han limitado a asumir más deuda y cuotas más elevadas. A mediados de este año, el pago medio mensual de los préstamos para coches nuevos en EE UU había subido a 765 dólares (660 euros), desde los 550 (490) de mediados de 2019, según Experian.

Puede parecer misterioso que las entidades financieras no se hayan retirado de una concesión de crédito tan arriesgada. Las puntuaciones crediticias tienen parte de la culpa. Las ayudas públicas de la pandemia, junto con las moratorias sobre la deuda estudiantil y las ejecuciones hipotecarias, mejoraron brevemente las cuentas de muchos hogares. Como consecuencia, la puntuación crediticia del consumidor mediano aumentó un 2%, hasta 676 puntos, entre el primer trimestre de 2020 y el primero de 2022, según TransUnion. Sin embargo, cuando terminó el gasto de la era de la covid, esta mejora resultó ser un espejismo. Los préstamos para automóviles concedidos en 2021 y 2022 incurrieron en impagos con mucha mayor frecuencia que la media histórica, según TransUnion.

En términos más generales, la tensión se aprecia en el aumento de la relación entre las cuotas y los ingresos, que durante mucho tiempo rondó el 10%, pero que a comienzos de 2022 se acercó al 12% entre los prestatarios con calificaciones crediticias más débiles, los denominados clientes de alto riesgo, según la plataforma de datos LoanTape.

En EE UU, los compradores suelen contratar el préstamo en el concesionario. Los bancos fijan los tipos de interés; los fabricantes, los precios. Un vendedor que quiera reducir la cuota mensual de un posible cliente solo puede hacer unas pocas cosas: principalmente, orientarlo hacia un modelo más viejo y barato o hacia un préstamo con un plazo de devolución más largo. Al fin y al cabo, un crédito puede parecer asequible si la devolución del principal se extiende durante suficientes años. Pero el coche que sirve de garantía no hace más que envejecer —y cabe suponer que perder valor— durante la vigencia del préstamo.

Entre abril y junio, el coche medio adquirido por un precio de entre 15.000 y 20.000 dólares (entre 13.000 y 17.400 euros) tenía seis años, frente a algo más de tres a mediados de 2019, calcula Edmunds. En el mismo periodo, la duración media de los préstamos para vehículos usados aumentó de 64,7 a 67,9 meses, según Experian. Esto repercute en las entregas de vehículos usados como parte del pago y en las renovaciones, que siguen siendo esenciales para el modelo de negocio de los concesionarios. Los vendedores quieren colocar más extras y una parte considerable de los compradores usa el valor de su antiguo vehículo para financiar la adquisición de uno nuevo. Sumar al saldo del préstamo el coste de los extras cuando el automóvil es viejo y se ha depreciado puede generar patrimonio negativo, es decir, hacer que el propietario deba más de lo que vale el vehículo. Incluso en ese caso, los prestatarios a menudo pueden trasladar ese saldo excesivo a un nuevo crédito cuando cambian de coche.

Como consecuencia, los compradores de coches usados con patrimonio negativo en 2026 habían pedido prestados, de media, 5.114 dólares (4.600 euros) más de lo que valía su vehículo, frente a los 3.774 (3.400) de comienzos de 2020, según Edmunds. En el caso de los compradores de coches nuevos, la cifra aumentó durante el mismo periodo de 5.483 (4.900) a 7.023 (6.300). Los prestatarios de alto riesgo salen del concesionario arrastrando una carga financiera aún mayor. Está previsto que más del 30% de los préstamos concedidos a estos clientes en el primer semestre no termine de pagarse hasta que los coches tengan más de 12 años. A finales de 2019, la proporción era de apenas el 7%.

Esto resulta enormemente preo­cu­pan­te no solo para los consumidores estadounidenses de a pie. Los préstamos para automóviles son su segunda mayor categoría de endeudamiento, tras las hipotecas, y ascienden a 1,7 billones de dólares, según la Reserva Federal. También supone un problema para las gestoras de activos, aseguradoras y fondos de pensiones que invierten en esa deuda después de que se divida y empaquete en valores respaldados por activos. El indicador de Fitch sobre la proporción de préstamos de alto riesgo incluidos en estas titulizaciones que acumulan al menos 60 días de retraso ha alcanzado máximos históricos y ronda ya el 6%. Se trata de un mercado colosal, con emisiones titulizadas por valor de 127.000 millones en 2025, según S&P Global Intelligence.

Esto vincula ahora a las grandes gestoras de inversión con una apuesta del sector que presupone que los automóviles pueden seguir respaldando más deuda durante más tiempo. Y, cuando se trata de vehículos antiguos, los parámetros que usan los prestamistas para aprobar a los clientes no reflejan realmente sus gastos mensuales en el automóvil, debido al aumento de los costes de mantenimiento. Los prestatarios que tienen dificultades para pagar las reparaciones cuentan con pocos incentivos para seguir abonando las cuotas de coches que ya no funcionan de manera fiable. El peligro para los prestamistas, las gestoras de activos y las aseguradoras —y para los jubilados y asegurados a los que representan— no es simplemente que los consumidores no puedan pagar las cuotas. Es que las garantías que respaldan esos préstamos pueden desgastarse antes de que venza la deuda. Ninguna ampliación de los plazos puede resolver ese problema.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías.

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