La Bolsa se escuda en los resultados ante la marea de los tipos
Quince años de subidas ininterrumpidas en Wall Street afrontan su prueba más seria con el encarecimiento del bono estadounidense


Como dice el viejo chiste económico, los expertos han pronosticado 15 de las últimas dos crisis bursátiles. Son 15 años de mercado alcista en la Bolsa de referencia en el mundo, la de Estados Unidos, pasando por todo tipo de catástrofes geopolíticas y sanitarias, vaivenes en los tipos de interés, inflación, crisis petrolera y euforia tanto en el sector inmobiliario como, sobre todo, tecnológico. Más allá de que algunos analistas expertos siempre vean la sombra del Apocalipsis a la vuelta de la esquina, lo cierto es que la racha del mercado es, según los parámetros históricos, una excepción estadística. Lo esperable sería que el mercado se agotase, lo que a su vez suele suceder con un susto. Ha habido sustos, pero el mercado se ha recompuesto.
La subida de los tipos de interés a largo plazo, con referencias distintas cotizando en niveles desconocidos desde hace décadas, es el último candidato a terminar con el tirón de las Bolsas. Tiene papeletas para hacerlo, desde luego: el bono de EE UU es el la vara de medir del sistema financiero, y sus perturbaciones tienen efectos de amplísimo espectro. Hay motivos para el desasosiego en el mundo financiero. Pero el sospechoso parece un candidato más plausible a la hora de provocar un reajuste de las valoraciones que un crash en toda regla. En este sentido, algunos rincones del mercado ya han visto correcciones de calado (el índice de semiconductores de Wall Street baja más del 20% desde máximos). Y aunque los gestores siguen volcados en la Bolsa, muchos estrategas están reiterando los consejos de rotar las carteras hacia acciones de perfil más defensivo.
La subida de los precios de los bonos no tiene necesariamente que implicar, de hecho, un desplome de la Bolsa. El alza de los tipos se está produciendo a cámara lenta, algo que aleja la perspectiva de las catástrofes bursátiles que se alimentan a sí mismas. En paralelo, tanto la situación de las economías como, sobre todo, el volumen de los resultados empresariales parecen a día de hoy capaces de capear un repunte de los tipos. Otra cosa es que, por el camino, algo más se rompa: sea la fe en los beneficios de la IA, algún oscuro rincón financiero en el que apenas nadie había reparado o que, simplemente, las dudas sobre la deuda pública deriven en pánico.
El movimiento en los tipos se parece más a una marea que a un tsunami. Aunque al mercado no le salten las cosuturas, sí provoca un escenario más exigente de lo habitual para las empresas que hayan llegado al punto actual con las cuentas más apuradas o las valoraciones más extremas.