Los graves problemas de Volkswagen condenan a Seat
Su única salida pasa por una reordenación integral de la compañía y por que la plantilla no sea la gran perdedora de sus errores


El Grupo Volkswagen, la mayor empresa por facturación de Europa, vive un momento crítico que puede cambiar para siempre su historia y cercenar su liderazgo. El consejo de supervisión de la entidad ―donde están representados la compañía, los trabajadores y hasta las instituciones de Baja Sajonia― ha respaldado el drástico plan de ajustes que viene anunciándose desde hace meses. Como en cualquier recorte de gastos, el coste en empleos siempre es el más dañino y preocupante: alrededor de 50.000 trabajadores abandonarían una plantilla con unos 630.000 contratados a día de hoy. También hay cierre de fábricas, cuatro en Alemania, y ayer saltó la noticia que más concierne a España: la entidad estudia acabar con la marca Seat, la enseña española con 76 años de antigüedad.
La decisión no es solo un golpe sentimental para el país, por mucho que la empresa insista en que la hermana pequeña de Seat, Cupra, sí seguiría adelante. Es cierto que la nueva marca adelantó hace años a la creadora del Ibiza en ventas mundiales y, sobre todo, en rentabilidad, un factor que el gigante alemán necesita lograr en todas sus ramas en estos tiempos de cambio tecnológico frente a una estructura laboral y social en su Alemania natal que todavía bebe y parece vivir de los tiempos de la gran industria del siglo XX.
La crisis futura que dejaría el final de Seat para la economía española se localiza en Martorell, su gran fábrica barcelonesa, y la segunda mayor planta automovilística nacional (solo por detrás de la gallega de Stellantis). Entre operarios y oficinas, alrededor de 15.000 personas trabajan para Seat y, en estos momentos, de la planta catalana siguen saliendo los tres coches más vendidos de su catálogo. Por otro lado, el grupo acaba de invertir 3.000 millones en las instalaciones para construir una plataforma que sea capaz de producir coches eléctricos, que son el evidente futuro del sector. Ya es incluso presente, porque los primeros modelos eléctricos de la gama urbana de Volkswagen, el Cupra Raval y el ID Polo, empezaron a montarse este mismo verano.
Pero quedan pendientes demasiadas respuestas. Más aún en una empresa como la alemana, que no puede sostener su estructura y su trayectoria actual durante mucho más tiempo. La competencia desde China le ha pasado por encima en tiempos y en innovación. Su estrategia ha fallado y Volkswagen acumula ya recortes masivos de beneficios desde hace años. Su única salida pasa ahora por toda una reordenación integral de la compañía. Y por que la plantilla no sea la gran perdedora de sus errores.