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Perfil
Opinión

Tatyana Kim, la mujer más rica de Rusia con un imperio en llamas

Ucrania lleva un mes atacando las instalaciones de Wildberries, el mayor minorista en línea ruso, que acumula pérdidas de miles de millones

José Manuel Esteban

Es la mujer más rica de Rusia, la reina de diamantes del comercio electrónico del país, la carta en la que Ucrania ha puesto sus ojos para hacer tambalear el castillo de naipes del Kremlin. Tatyana Kim (Grozni, Rusia, 50 años) lleva un mes viendo cómo los drones del país vecino reducen almacenes de Wildberries, la plataforma al estilo Amazon que fundó hace más de 20 años, a columnas de humo negro y espeso.

La ofensiva comenzó a mediados de julio y, desde entonces, Ucrania ha atacado más de una veintena de instalaciones y ha dejado fuera de combate siete de sus diez principales almacenes. La empresa ha perdido un tercio de su capacidad logística, según una consultora citada por The New York Times, y alrededor de 8.500 millones de euros, de acuerdo con estimaciones de analistas rusos recogidas por el Financial Times.

La compañía está en el punto de mira por la venta en su plataforma de material militar y de doble uso, pero el objetivo de los ataques va más allá de romper este suministro. Kiev intenta acercar la guerra a la población rusa, extender el descontento y aumentar la presión sobre el Kremlin. Los ataques a Wildberries, responsable de la mitad de las ventas en línea y del 10% de todas las ventas minoristas, afectan a compradores y vendedores cuyo sustento depende de la plataforma, además de ponerla en una situación delicada frente a sus bancos acreedores estatales.

El destino del imperio electrónico de Kim parece más ligado que nunca a Moscú, pero sus orígenes están alejados del estereotipo de las grandes fortunas del este, ostentosas, extravagantes y vinculadas a la vieja oligarquía. Kim, más conocida por el apellido de casada, Bakalchuk, es la mayor de tres hermanos. Nació en Grozni, en Chechenia, pero sus padres, ingeniero de telecomunicaciones y profesora de infantil, se trasladaron al oblast (provincia) de Moscú cuando ella tenía menos de un año. Creció en un pueblo propiedad de Mostransgaz, una filial de la actual Gazprom que empleaba a su padre, entre huertos, bancales y paseos por el río. “De niña sufrí acoso escolar. Soy, como se dice ahora, una minoría”, dijo al diario ruso Komsomolskaya Pravda en referencia a su ascendencia coreana. Aunque ya era la segunda generación nacida en el país, aún veían a su familia como extraños, extranjeros. “De niña me daba mucha ansiedad y me afectaba mucho este tipo de prejuicios”, aseguró a la agencia Tass. A pesar de todo, tuvo una infancia feliz.

Quería estudiar periodismo en la capital, pero acabó matriculándose en el Instituto Estatal Regional Social y Humanitario de Kolomna, donde se especializó en lenguas extranjeras. Tras graduarse ejerció como profesora de inglés y, después sí, se trasladó a Moscú. Con 25 años, atravesó una profunda crisis existencial enmarcada en el colapso de la Unión Soviética. “No sabía qué hacer ni adónde ir”, dijo. Paró, cortó el contacto con su familia y se sumergió en un viaje de autoconocimiento que le permitió forjar sus propios valores. Entonces conoció a su ya exmarido, Vladislav Bakalchuk, y se casaron seis semanas después.

Emprender no estaba entre sus planes, pero fue el camino que encontró para contribuir al presupuesto familiar tras haber dado a luz a la primera de sus siete hijos en 2004. Intentó volver a dar clases de refuerzo en casa, pero el plan no salió bien. “Solo necesitaba algo para reemplazar mi sueldo [de maestra]”, recordó en el Financial Times. A Kim no le entusiasmaba todo el ritual de compras en tiendas de ropa, y sabía que no era la única. Por aquel entonces la venta por internet no estaba tan extendida y vio una oportunidad.

Desoyó a quienes le dijeron que no era una buena idea y pagó unos 600 euros por el desarrollo de una web en la que vender prendas de catálogos alemanes y algunos anuncios online. “Decidí arriesgarme. No tenía una idea clara ni un plan de negocios. Me guiaba por mi intuición”, comentó a Tass. No le falló. El apartamento que alquilaron para gestionar los pedidos se les fue quedando pequeño y los familiares que acudieron a echar una mano dejaron de ser suficientes. En 2016 Wildberries ya era la plataforma de comercio online más grande del país, con diferentes categorías de productos y con venta directa de proveedores. Tres años más tarde, Kim, con una fortuna que Forbes estima en unos 7.000 millones de dólares, se convirtió en la mujer más rica de Rusia.

En 2024, la empresa se vio envuelta en un culebrón shakespeariano cuando Kim anunció ese verano la fusión de la compañía con Russ Outdoor, dedicada a la publicidad exterior, considerablemente más pequeña y respaldada por el senador y oligarca Suleiman Kerimov. La idea era crear un mercado digital más amplio y desarrollar una red de pagos transfronteriza alternativa al sistema global SWIFT, del que se excluyó a una buena parte de las entidades financieras rusas tras la invasión de Ucrania.

El matrimonio había hecho agua unos meses antes, pero la decisión de Kim convirtió la ruptura en un conflicto por la propiedad y el destino de la empresa. Para Bakalchuk —que tenía el 1% de la compañía, pero pretendía reclamar la mitad en el divorcio—, aquella operación era una adquisición hostil. Defendió, según publicó Forbes hace dos años, que los hermanos Robert y Levan Mirzoyan, impulsores de la operación, asustaron a Kim con la posibilidad de que el Estado se hiciera con la compañía.

Recurrió a un líder militar checheno, cercano al presidente ruso, y acabó involucrado en un tiroteo, en el que murieron dos guardias de seguridad, al intentar irrumpir en la sede de Wildberries escoltado por hombres armados. Le sirvió de poco. El acuerdo, que contaba con la bendición de Putin y la supervisión de uno de sus hombres de confianza, siguió su curso. Tras la fusión, Russ obtuvo el 35% de las acciones de la nueva sociedad.

Esta misma semana, Putin no ha podido obviar más los ataques, a los que no ha atribuido consecuencias críticas. Sin mencionar a la empresa, según Reuters, el presidente ruso dijo que el Estado participará en las reconstrucciones necesarias, lo que hace pensar que, al menos por ahora, no dejará caer la ficha con la que Ucrania busca su efecto dominó.

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