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Opinión

Una lección para las grandes farmacéuticas

Johnson & Johnson pagará unos 5.500 millones de dólares para cerrar las demandas del talco

El logo de Johnson & Johnson dispuesto en la sede de la compañía en Bruselas (Bélgica).Yves Herman (REUTERS)

Los inversores ansían certidumbre, y los litigios son justo lo contrario. Y sin embargo, el riesgo judicial ofrece oportunidades muy rentables para los valientes, como demuestran los atolladeros legales del gigante sanitario Johnson & Johnson.

La compañía, valorada en 640.000 millones de dólares, anunció el lunes que pagará unos 5.500 millones para cerrar decenas de miles de demandas que atribuyen a sus productos con talco la aparición de cáncer de ovario, un acuerdo que resolvería casi todas las reclamaciones pendientes. Si se adhiere el 95% de los demandantes, toda la saga —que lleva más de una década arrastrándose por los tribunales— debería llegar por fin a su fin.

J&J ya había intentado antes atajos discutibles para salir del atolladero, entre ellos tres tentativas de trasladar sus responsabilidades legales a una filial que se declaró en quiebra. Los últimos acontecimientos, sin embargo, han empezado a jugar a su favor: a principios de este mes, un juez advirtió de que los demandantes deben aportar más pruebas o arriesgarse a que se desestimen sus casos. Si la última jugada del consejero delegado, Joaquín Duato, sale bien, el desenlace será feliz frente a los casi 9.000 millones de dólares que la compañía había presupuestado en su día para zanjar las reclamaciones.

Aunque no fuera esa la intención, el resultado contrasta también con una huida anterior de sus quebraderos judiciales. En 2023, J&J escindió su división de consumo, Kenvue, que vendía el enjuague bucal Listerine, la cosmética Neutrogena y —lo decisivo— el analgésico Tylenol. Al separarse de la unidad y salir después por completo de su capital, Duato esquivó de paso las demandas que sostienen que tomar Tylenol durante el embarazo puede provocar autismo.

Esos problemas se agravaron el año pasado, cuando el presidente Donald Trump afirmó en una rueda de prensa que los niños y las embarazadas no deberían tomar el analgésico, al que vinculó con el autismo. La acción de Kenvue se desplomó a medida que crecía la presión percibida por parte de la Administración.

Ese temor permitió a su rival Kimberly-Clark lanzarse a por la presa. En noviembre cerró un acuerdo de 48.700 millones de dólares por Kenvue, a un precio de 21 dólares por acción, por debajo de los 22 dólares a los que había salido a Bolsa la unidad. Suponiendo que se materialicen los ahorros de costes prometidos, está pagando menos de nueve veces el ebitda de los últimos doce meses, alrededor de un tercio menos que Haleon, una escisión similar de GSK.

Claro que, si los tribunales dan la razón a los demandantes, el comprador puede acabar arrepintiéndose. Pero los estudios amplios y bien diseñados no encuentran vínculo alguno entre el Tylenol y el autismo. Y, si el caso del talco sirve de referencia, el riesgo legal último parece aquí todavía más remoto. Visto en retrospectiva, una farmacéutica parece haberse saltado la virtud cardinal de su propio sector: la paciencia ante lo desconocido.

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