Seamos optimistas: incorporar la IA costará tres revoluciones
Se calcula que unos 300 millones de empleos se verán afectados, total o parcialmente, por la IA y los robots y unas 40 profesiones pueden desaparecer

Miles de trabajadores han protestado recientemente en Corea del Sur porque temen ser sustituidos por robots humanoides tras la compra, por parte de Hyundai, del especialista mundial en robótica, Boston Dynamics. Temen que el robot Atlas, preparado con IA para disponer de habilidades humanas que le hacen útil para usos industriales más complejos que la simple fuerza mecánica, vaya de forma masiva a una de sus fábricas de coches, permitiéndole recuperar autonomía y agilidad frente a la competencia de China. Todo ello tendrá un pequeño efecto colateral: le sobrarán todos los trabajadores cuyo desempeño sea sustituido por esta nueva generación de robots.
Japón, impulsado por empresas como Honda y Sony, busca en la robótica una solución para sus problemas de mano de obra: acaba de aprobar una estrategia nacional de inteligencia artificial física para introducir diez millones de robots para finales de la próxima década en 18 sectores diferentes. China, por su parte, modifica sus leyes laborales para proteger el empleo humano, sus derechos, los salarios y una formación profesional permanente, frente a los impactos disruptivos de la IA cuya aplicación masiva está comprometida, por el Plan Quinquenal (2026-2030), a una integración masiva en todas sus actividades económicas tanto industriales como logística, infraestructuras, movilidad y servicios, incluyendo cuidado a personas mayores.
Los robots actuales llegan acompañados de IA, datos y automatización por lo que su impacto sobre el mercado laboral no va a ir solo sobre tareas repetitivas: un algoritmo clasifica documentos, pero la IA contesta consultas, detecta fraudes, organiza inventarios o genera informes. Dos investigadores de la Universidad Politécnica de Valencia acaban de construir un robot asistido por IA, capaz de algo imposible hasta ahora: distinguir el color y grado de maduración de cada fruto y cosecharlo en el momento adecuado. A otro nivel, Ucrania lanza un concurso para desarrollar robots humanoides armados para operar en primera línea de la guerra.
¿Qué futuro podemos esperar en el mercado laboral? Se calcula que unos 300 millones de empleos a nivel mundial se verán afectados, total o parcialmente, por la IA y los robots y unas 40 profesiones pueden desaparecer. Aun aceptando como hipótesis que se va a cumplir la regla que ha acompañado a todas las revoluciones tecnológicas hasta ahora y que, al final, se generará más empleo del que se destruya, ese proceso llevará tiempo marcado por la desaparición de puestos de trabajo unida a serios cambios en la manera de ejecutar otros, cuando se vean acompañados del recurso a la IA. Y ello, sin tener en cuenta que, a diferencia de otras revoluciones tecnológicas, la presente no sustituye solo fuerza humana, sino también talento humano pudiendo, incluso, superar a este en muchos casos.
Si la generalización del teletrabajo ya está cambiando el panorama laboral con gran impacto en las ciudades, la incorporación masiva de IA y de robots va a cambiar las reglas de juego. En España, según un estudio de Funcas, la IA impactará, total o parcialmente, sobre unos tres millones de empleos. Cifra que irá creciendo a medida que sus destrezas y habilidades vayan mejorando gracias al aprendizaje por uso. ¿Cómo vamos a afrontarlo? ¿Será suficiente con los actuales instrumentos del seguro del desempleo y el Servicio Público de Empleo, aun olvidando su impacto sobre la financiación de las pensiones vía cotizaciones sociales? Parece evidente que no y que este debería centrar los actuales debates, a la vista de lo que está pasando ya en el mundo con la IA robotizada y el reto laboral que plantea y que el mercado no resolverá por su cuenta.
Constatado que la incorporación de la IA es un hecho que está revolucionando nuestro mercado laboral, todavía podemos decidir si queremos resignarnos a una sociedad del paro generalizado y la desigualdad o empezamos a construir esa sociedad del ocio donde la tecnología, como anunció Keynes, “habrá resuelto el problema económico fundamental: la escasez y la lucha por la supervivencia”.
La infraestructura que hace posible la introducción masiva de la IA son los centros de datos, de los que en España tenemos ya un centenar, cuyas necesidades son distintas a las de los servidores web tradicionales, especialmente en cuanto a consumo de energía y de agua para refrigeración. La demanda de energía es de tal magnitud (se calcula que, a nivel mundial, representan ya el 2% de toda la electricidad generada) que necesitan estar cerca de una gran subestación eléctrica o, alternativamente, conseguir una fuente de energía eléctrica propia en forma de instalación de renovables con baterías o, cada vez con mayor frecuencia, minicentrales nucleares (SMR) como está haciendo Amazon en EE UU. En cualquier caso, el despliegue de centros de datos que den soporte a una sociedad de inteligencia artificial exige un replanteamiento radical de la actual política energética en dos aspectos esenciales: nucleares y redes eléctricas.
Por último, la exigencia de agua para refrigeración del hardware de un centro de datos promedio se estima, hoy, en unos 68.000 litros diarios, siendo frecuentes los que necesitan más de cuatro millones que, en gran parte, se evaporan en el proceso, llegando algunos a consumir el agua equivalente al consumo de una ciudad media. A pesar de que se está avanzando mucho en sistemas que mejoran la eficiencia de este proceso, nuestra estructura hídrica actual no está preparada para hacer frente a este reto.
La IA y su inclusión masiva en la sociedad es una bendición que no podemos rechazar. Como tampoco podemos cerrar los ojos a tres de las grandes revoluciones que está provocando ya sobre el mercado laboral, la energía y el agua, donde se imponen profundas reformas para adecuarlos a un nuevo marco disruptivo respecto al pasado. Sin olvidar el refuerzo necesario a la ciberseguridad como verdadera prioridad nacional. Y podemos hacerlo bajo dos principios excluyentes: la maximización del beneficio privado de los tecnooligarcas o la protección de los derechos humanos y del Planeta. Esa es la actual gran elección política. ¿Se dan por enterados nuestros políticos?