La fortaleza de España en la crisis de Volkswagen
El grupo automovilístico haría bien en realizar un ejercicio de autocrítica y aceptar que el problema lo tiene en Alemania


El vendaval que se avecina en el grupo Volkswagen coge a las filiales del consorcio en España con los deberes hechos. La reestructuración que la compañía quiere acometer, las plantas de Navarra y Martorell, en realidad, ya la hicieron en los últimos años con un adelgazamiento evidente de su plantilla y unos costes laborales contenidos. El problema de verdad para el grupo está en Alemania, pero eso cuesta decirlo en una empresa que ha sido y es el símbolo industrial del país y de Europa.
Su modelo de negocio, como aceptó la propia empresa, ya no funciona y ahora se abre en canal toda la estrategia, que pasará, principalmente, por reducir de forma drástica, hasta en un 50%, su gama de modelos; centrarse en los segmentos más suculentos del mercado y ajustar la capacidad máxima de producción a nueve millones de coches al año. Como no se ha especificado dónde se producirán los recortes, las dudas se han extendido por todas las marcas y sectores de una compañía que se irá de vacaciones sabiendo que en septiembre se iniciarán unas negociaciones que se antojan complejas.
La incertidumbre nunca es buen compañero de viaje en el entorno corporativo. El consejo de supervisión, en el que están representados los trabajadores y los accionistas, tendrá que dar el visto bueno al recorte y, sobre todo, al cierre de fábricas alemanas como las de Emden o Hannover, ambas en el Estado de Baja Sajonia, que cuenta con dos asientos en dicho consejo. Todo un mal trago.
La proporción del ajuste en la sede hace pensar que sería difícil que la compañía asigne en poco tiempo nuevas inversiones a otros países como España, que necesitará en el medio plazo una nueva plataforma de vehículos eléctricos para Martorell, con el fin de sustituir a los actuales modelos de combustión que fabrica la factoría cuando estos lleguen al final de su vida. Otro interrogante es qué modelos hechos en España, tanto en Barcelona como en Navarra, tendrán continuidad en los próximos años cuando necesiten renovarse. El grupo automovilístico haría bien en realizar un ejercicio de autocrítica y aceptar que el problema lo tiene en Alemania y no en un país como España, al que el propio CEO de Volkswagen ha señalado públicamente “como un ejemplo para Europa” por sus incentivos a la industria, su talento local y sus costes de producción, más competitivos que en el resto del continente. Una realidad que, en todo caso, no bastará para frenar del todo el golpe de Berlín.