El Ibex registra su peor semana en dos meses mientras la IA mantiene el impulso de Wall Street
El repunte de las tensiones en Oriente Próximo y la subida del petróleo aceleran las correcciones en la Bolsa europeas, pero el tirón de los semiconductores mantiene vivo el optimismo de los inversores


La reanudación de las hostilidades en Oriente Próximo ha devuelto el riesgo geopolítico al centro de las preocupaciones de los inversores. Desde mediados de junio, cuando Estados Unidos e Irán sellaron en la Galería de los Espejos de Versalles un memorando de entendimiento —en el mismo escenario donde en 1919 se firmó la paz que puso fin a la Primera Guerra Mundial—, los mercados habían descontado una progresiva normalización de los flujos energéticos y del tránsito marítimo por el estrecho de Ormuz. Aunque la reacción de los activos financieros al aparente final de la tregua (ni siquiera está claro si está en vigor o no) ha sido contenida, el repunte de las tensiones vuelve a poner de relieve la dependencia de la economía mundial de una de las rutas estratégicas más sensibles para el suministro de crudo. El petróleo, que ya había borrado las ganancias acumuladas durante los momentos más críticos del conflicto, retoma las subidas y devuelve al primer plano el riesgo de nuevas presiones sobre la inflación y el crecimiento.

El encarecimiento de la energía llega, además, en un momento especialmente delicado para los mercados. Tras meses de avances que han llevado a numerosos índices a máximos históricos, las elevadas valoraciones dejaban escaso margen para absorber nuevas fuentes de incertidumbre. En este contexto, cualquier deterioro del escenario geopolítico actúa como catalizador de la recogida de beneficios. El Ibex 35, que la semana pasada llegó a rozar los 20.000 puntos, acumula una caída cercana al 2,36% en los últimos cinco días, su peor balance desde finales de abril, cuando el bloqueo del estrecho de Ormuz se aplicaba con rigor y se multiplicaban las intervenciones sobre buques comerciales que trataban de atravesar una de las arterias energéticas más importantes del mundo. Entonces, el brent cotizaba por encima de los 100 dólares por barril, a gran distancia de los 76 actuales.
Pese al repunte reciente, el consenso del mercado sigue alejándose de los escenarios más extremos. Los analistas consideran que un petróleo por debajo de los 80 dólares por barril es compatible con una desaceleración gradual de la inflación y refleja que los inversores no contemplan, por ahora, una interrupción prolongada del suministro ni una escalada militar de gran alcance. En esta línea, los expertos de UBS reconocen que el recrudecimiento de las tensiones evidencia la dificultad de alcanzar una paz duradera entre Washington y Teherán, pero subrayan que ambas partes mantienen fuertes incentivos para evitar una guerra abierta que pondría en riesgo la recuperación de los flujos energéticos. Una muestra de ello es que, apenas dos días después de dar por rota la tregua, Donald Trump confirmó que Washington y Teherán siguen manteniendo conversaciones técnicas. Los inversores ven, por ahora, el intercambio de ataques como una fuente de incertidumbre a corto plazo, no como el inicio de una escalada capaz de alterar de forma sostenida los flujos energéticos globales.
Mientras las Bolsas europeas se apoyan en la moderación registrada por los precios del crudo en las últimas horas para contener las caídas, la renta variable estadounidense vuelve a encontrar respaldo en la tecnología. La excelente acogida en Wall Street de la surcoreana SK Hynix —protagonista de la mayor salida a Bolsa en Estados Unidos realizada por una empresa extranjera— y la posibilidad de que China permita un acceso limitado a determinados chips de Nvidia han reforzado la idea de que el auge de la inteligencia artificial seguirá alimentando la demanda de semiconductores. Aunque la proximidad del fin de semana lleva a los inversores a reducir posiciones de riesgo ante la incertidumbre sobre las negociaciones entre EE UU e Irán, el empuje de las tecnológicas permite al Nasdaq encarar el cierre semanal con avances cercanos al 1,5%.
La confianza de los inversores en la historia de crecimiento de la IA parece, de momento, mantenerse intacta. El próximo reto será comprobar si los resultados empresariales están a la altura de ese optimismo. Hace apenas tres meses, cuando los mercados trataban de calibrar las consecuencias de la guerra en Oriente Próximo, las cuentas de los fabricantes de chips y, sobre todo, sus previsiones contribuyeron a disipar las inquietudes de los inversores y ayudaron a las Bolsas a sobreponerse al ruido geopolítico.
Esta vez, sin embargo, el examen será más exigente. Después de un semestre histórico, en el que el índice de semiconductores acumuló ganancias cercanas al 38%, el margen para decepcionar se ha estrechado considerablemente. Los inversores exigirán ahora que los resultados y las previsiones confirmen el optimismo ya descontado por el mercado. En caso contrario, el ajuste podría ser severo y devolver al primer plano los temores de que las valoraciones hayan corrido por delante de los fundamentales.
La experiencia reciente del mercado surcoreano sirve de advertencia. La fuerte corrección sufrida por el Kospi mostró hasta qué punto unas expectativas excesivamente elevadas pueden traducirse en ventas rápidas cuando aparecen las primeras dudas. En un mercado dominado por un puñado de valores tecnológicos y con un peso creciente de la inversión indexada y los productos apalancados, las correcciones pueden propagarse con una velocidad e intensidad muy superiores a las de ciclos anteriores.
A corto plazo, todas las miradas seguirán puestas en Ormuz. Los inversores intentan calibrar si el tránsito de crudo recuperará la normalidad o si la renovada tensión geopolítica acabará trasladándose a mayores presiones inflacionistas. Tras el acuerdo alcanzado en junio, la reactivación parcial de los flujos procedentes del Golfo Pérsico favoreció la caída de los precios del petróleo y alivió los temores sobre el suministro. Ahora, el recrudecimiento de las relaciones amenaza con revertir parte de esos avances.
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha advertido de que el aumento de la tensión amenaza con frustrar la normalización del mercado petrolero prevista para la segunda mitad del año. En su último informe mensual, el organismo recuerda que, tras el acuerdo de paz, los flujos procedentes del Golfo Pérsico habían recuperado cerca de dos tercios de sus niveles habituales, con Emiratos Árabes Unidos —ya fuera de la OPEP— elevando su producción de crudo hasta máximos históricos en junio. A medida que la oferta se ha ido recuperando, también lo ha hecho la demanda. Durante los momentos más críticos del conflicto, la liberación de reservas estratégicas, las limitaciones al transporte y a la actividad industrial, así como la debilidad del consumo chino, contribuyeron a contener el alza de los precios energéticos.
Sin embargo, el deterioro de la situación amenaza con alterar ese equilibrio. La AIE considera que la escalada del conflicto ensombrece las perspectivas de que el mercado energético recupere el superávit en 2027. En la práctica, esto reaviva las apuestas por un petróleo caro durante más tiempo. De confirmarse este escenario, los bancos centrales tendrían que afrontar un delicado equilibrio entre contener la inflación y evitar un enfriamiento excesivo de la actividad económica.
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